Con lupa | Michel Suárez

Joyas del fin de semana

Vuelvo de mi descanso con varios titulares en el tintero. O más bien, con preguntas sobre algunos temas de la prensa y de la blogosfera.

El 'asesino' del Che

Medio mundo está publicando la nota sensacionalista de la versión cubana de la revista Hola (el diario Granma): "Cubanos operaron gratuitamente a asesino de Che Guevara".

No voy a detenerme a analizar si el entonces sargento Mario Terán hizo lo que le ordenaron sus jefes superiores o si la situación lo ameritaba. Si nos atenemos al discurso de La Habana, el Che "murió en combate", por tanto no pudo ser asesinado. El fin de semana, el diario argentino Clarín tomó la noticia como un problema de Estado y puso énfasis al asunto del "asesinato", haciendo gala de boberías y ambigüedades que le vienen de antaño.

Si Terán le mató después de capturarlo, como alegan la mayoría de las versiones al respecto, evidentemente no usó los procedimientos establecidos por la comunidad internacional para el trato a los prisioneros de guerra. La responsabilidad, en cualquier caso, es de sus superiores. No así la del "asesinado" Che Guevara, en su larga historia revolucionaria, culpable directo de cientos de fusilamientos y tiros en la nuca.

No vale aquí lo de "asesino que mata a asesino tiene cien años de perdón", parafraseando el popular refrán; pero cómo cuesta asumir, a día de hoy, que el Che era tan bandido como los que le capturaron en nombre de un gobierno militar. ¿Qué pasa mañana si el dictador paquistaní Musharraf captura al terrorista Bin Laden? ¿Se lo agradeceremos o no? Les dejo la pregunta de tarea.

La cooperación española con Cuba

El otro tema viene de la mano del cacareo español en torno a la reanudación de la cooperación al desarrollo con Cuba. No puede abordarse este asunto sin observar dos de sus consecuencias: a) Si la cooperación es para proyectos locales de desarrollo, y aunque con el roce de un hilo podría ayudar a algún ciudadano de a pie, bienvenida sea. No seré yo el que me oponga desde mi comodidad madrileña a que se construya un acueducto rural en Las Tunas o a que haya cuatro jeringuillas más en un hospital de Guantánamo.

Si bien es cierto que el destino que corren las ayudas en la isla, y muchas otras partidas, es sumamente dudoso, también lo es que si se organiza puntualmente la cooperación, ésta puede resultar útil a la gente. Incluso el mismo portavoz del PP en el Congreso ha reconocido que su partido no desea que se suspenda la colaboración. Sin embargo, se contradice al no desperdiciar la oportunidad de machacar al gobierno por un tema que ellos también apoyan. ¡Con tantas cosas que hay que machacar! Ya para no hablar de que nunca se ha interrumpido la colaboración de los ayuntamientos y gobiernos regionales con Cuba, fuesen del Partido Popular o del Socialista.

b) Si la cooperación contempla condonar la deuda externa o cambiarla por proyectos educativos, estamos en presencia de una nueva maraña habanera a la que Madrid no debería ceder, porque es justamente en este sector donde la influencia exterior menos incidencia tiene y donde menos puede controlarse el destino final de los recursos. Sin contar con que en la coyuntura actual no se justifica una condonación financiera, porque sigue en el poder el mismo gobierno incumplidor de sus obligaciones internacionales, cuyas promesas de apertura económica no pasan de ser, hasta ahora, una hoja frente al viento.

La decisión de renovar la cooperación al desarrollo no tiene nada que ver con la educación de Zapatero ni con sus filias ideológicas. Ha hecho lo mismo que el PP si estuviese hoy en el poder. Esta discusión no tiene nada que ver con la ineficiencia con que el gobierno socialista trabaja el resto de los temas cubanos. Por eso termino aquí con el tema de la cooperación, y paso a otra cosa.

A diferencia de lo que opinan algunos, creo que el problema del presidente español es de talento, y no de educación ni de ideología.

Hace poco, un analista revelaba que durante las sesiones de la Unión Europea, mientras los presidentes y primeros ministros realizaban lobbys en los pasillos de Bruselas, Zapatero estaba encerrado en su despacho. Es evidente que la política exterior española no levanta cabeza. No ahora. Incluso con Aznar, que metió al país en una guerra en la que no pintaba nada y, aunque animó el atlantismo, desatendió a América Latina y a sus vecinos europeos, por no hablar de la ausencia de influencia en las relaciones con su peligroso vecino Marruecos.

España no sabe qué lugar tiene ni cuál quiere en el contexto mundial. Y así le va con Cuba, donde la defensa de sus intereses económicos y una política de apaciguamiento equivocada dominan las relaciones de Madrid con La Habana.