Con lupa | Michel Suárez

La chispa de Obama (II)

Hace un par de años, un médico cubano de 44 años murió en México debido a la severidad migratoria del régimen de La Habana. Es la otra cara de la moneda en el tema de los viajes de cubanoamericanos a la Isla, un anhelo fuertemente acariciado por la nomenclatura cubana para satisfacer su eterno apetito financiero y retórico. Sin más.

Cuento ahora la historia porque, aunque pudiera parecer periodísticamente vieja, viene a cuento con el alboroto de quienes acompañan la comparsa castrista sobre la unidad (selectiva) de la familia; por ejemplo, Max Lesnick, para quien las trabas a los viajes de cubanoamericanos a la Isla son una "agresión lacerante contra la unidad y los derechos humanos de la familia cubana".

Una afirmación que yo también firmaría —claro, con menos adjetivación—, incluso a sabiendas de que el muy humano Lesnick sería incapaz de solidarizarse con la historia del médico cubano que comencé a contar antes.

Dicho especialista, que abandonó la isla para radicarse en México en 1992, enfermó de una grave dolencia nefrológica. Perdió uno de sus riñones y, al cabo del tiempo, le falló el otro. Las diálisis le mantenían con vida a la espera de una donación que nunca llegaría. Una hermana residente en Cuba se brindó para donarle uno de los suyos. México le concedió el visado, pero La Habana obstruyó su salida del país. Fue entonces que el médico, en una decisión in extremis, quiso viajar a la isla para recibir allí el riñón ofrecido porsu hermana. Iba a ser atendido en una clínica internacional cuyos gastos pagaría el enfermo, pero La Habana volvió a decir que no. Este hombre murió sin despertar la más mínima condescendencia de las autoridades. Por ser médico, por ser inmigrante, por ser cubano.

Para que Lesnick comience a ser coherente en sus acalorados pedidos a Washington, primero tendrían que materializarse los recientes augurios de Rafael del Pino y Rafael Alcides. Dichos columnistas se hacen eco de presuntos cambios en la política migratoria del régimen, que suenan a música celestial. Saben que Franco lo hizo en España en 1959 y esto no supuso el fin de la (I dictadura, pero no doy por hecho que Raúl Castro llegue a tanto. Seguiremos informando…