Con lupa | Michel Suárez

La chispa de Obama

No parece muy clara la posición de La Habana sobre Obama, si sopesamos que el perro guardián de la cama de Castro, Felipe Pérez Roque, valoró sus propuestas sobre remesas y viajes de cubanoamericanos como "el sentimiento mayoritario" en Estados Unidos, pero no dedicó ni una sola línea a atacar al precandidato demócrata.

Este martes, un artículo —atribuido a Fidel Castro— carga contra el mismo precandidato por desear la democratización de Cuba, pero no menciona el paquete de medidas que el senador aprobaría, según dijo, si llega a la Casa Blanca.

Resulta lamentable que la vertiente cubana de la pre campaña norteamericana edifique su línea de actuación en torno a la suavización de las remesas y los viajes, y no en una política integral, con o sin embargo económico, de cara a los tiempos que se avecinan. Que no quiere decir relajación ni blandenguería, sino realpolitik.

Cuando yo vivía en la isla, hace poco más de cinco años, me cuestionaba la virulencia con que algunos líderes cubanoamericanos defendían la idea de que no entrara ni un grano de chícharo al país, con tal de joderle la sopa al dictador. Ahora, me ratifico: hay que ser desalmados —probablemente sin parientes ni dolientes en la isla— para continuar apoyando la severidad de Bush con los envíos de dinero. Ya sabemos que del mismo también se beneficia el régimen, pero ante esa disyuntiva, la familia es lo primero y habrá que aceptar el mal menor.

Muchas veces me pregunto si algunos políticos cubanoamericanos, con probada trayectoria en su lucha por la democratización de Cuba, conocen el capital político que están fomentando dentro, sobre todo en los que dependen de la miserable ayuda exterior hasta para el aceite y el jabón.

Se sabe que el embargo no funciona, que es una cortina de humo que el régimen agradece para justificar sus destrozos; pero quien estimula o apoya una medida de aislamiento económico probadamente inútil —sobre todo, por tanto tiempo—, es evidente que busca una sublevación por hambre o un deterioro total. Y pedir esto con balcón al mar y jarra espumosa en la mano es cuando menos inmoral. Y reitero, aunque sólo sea en teoría.

En relación con los viajes, he dejado claro en ocasiones anteriores que las políticas de Estado no deben interferir en los asuntos familiares de forma tan drástica. Ya bastante ha hecho el castrismo en su afán de dividir a los cubanos por el color de sus pensamientos. No comparto el turismo masivo de quienes un día recibieron las ventajas de la Ley de Ajuste Cubano, porque dicha ley existe porque en Cuba hay una dictadura y no por la presunta cara alegre de los isleños. Si las condiciones planteadas en su día para obtener los beneficios migratorios no han cambiado, ¿por qué exigir ahora al país protector, a mano armada, que nos permita viajar ilimitadamente al país hostigador? ¿Quién nos entiende?

En cualquier caso, viajar o no a la Isla deberá ser una decisión personal de cada cual y no un mandato de gobierno alguno. Tampoco debe olvidarse que ningún otro país ha brindado tan espléndida acogida a los cubanos que escapan. Habrá que aquilatar cuáles son las prioridades y usar los derechos en conciencia.

El tema de Cuba no ha hecho más que empezar. Obama encendió la chispa y los pirómanos de ambos lados ya se han apuntado al incendio.