Con lupa | Michel Suárez

La liga de los peores (I)

El presidente nicaragüense Daniel Ortega dedicó el precioso tiempo de su intervención ante la Asamblea General de la ONU para defender a Castro y Ahmadineyad y a criticar a Bush, justo cuando se esperaba que solicitara ayuda urgente internacional ante la catástrofe dejada por el huracán Félix.

Media Nicaragua se le ha venido encima, lo cual no es difícil porque Ortega gobierna sólo con el 38% de los votos. Un editorial del diario La Prensa, lo ve de este modo:

"Con su grotesco discurso (…), el presidente Daniel Ortega desperdició una gran oportunidad de promover la obtención de más ayuda de la comunidad internacional para la población (…) damnificada por la devastación del huracán Félix; así como también perdió la ocasión de promocionar a Nicaragua como lugar propicio para la inversión extranjera, que es la única que puede generar riqueza y producir prosperidad".

"En realidad, ¿quién querrá invertir y arriesgar su capital en un país gobernado por alguien como Daniel Ortega, el que sube al estrado de la ONU sólo para despotricar contra el capitalismo, para expresar su odio a Estados Unidos, para apoyar y alentar conflictos en el mundo entero?...".

Desde la oposición, varias voces han pedido explicaciones. Una de ellas, la del ex presidente Arnoldo Alemán (Partido Liberal Constitucionalista), a quien Transparencia Internacional ha calificado entre los primeros diez gobernantes más corruptos a nivel mundial en los últimos 200 años.

Si alguien no tiene vela en este entierro, es el derechista Alemán, coautor del tratado de ingeniería electoral que hoy permite a Ortega gobernar con menos del 40% de los votos de los nicaragüenses.

Por si no resultara suficiente el basurero democrático en el que han convertido al ya empobrecido país, tanto sandinistas como liberales constitucionalistas se han reunido en varias ocasiones para abordar un presunto cambio en la Constitución.

Pocos detalles han trascendido, pero se habla de convertir el país en un "régimen parlamentario", donde la Asamblea Nacional sea el centro de la vida política y ostente el mayor grado de poder. En teoría suena a música de ángeles, pero no hay que olvidar que los sandinistas están proponiendo el proyecto partiendo de que tienen mayoría en la cámara. Bobos no son.

Está claro que Daniel Ortega no representa los intereses de los nicaragüenses, porque sus patrones del nuevo imperio, esa suerte de liga de los peores, que como un cinturón de fuego geológico cruza continentes y océanos y empata mundos diferentes, tienen otras expectativas globalizadoras.

Ahora está de moda presentarse ante la opinión pública local como progresista y al unísono apoyar a los países más conservadores del mundo: los que cuelgan del palo mayor a los gays, exigen velos a las mujeres y hacen de la religión una causa de Estado, para no hacer más extensa la lista.