'Que Cuba se abra a Cuba'
Michel Suárez | 29/01/2008 17:09
Insólito. Diez años después de la visita de Juan Pablo II a Cuba, la Iglesia Católica pretende aleccionarnos sobre lo que quiso decir el Papa con lo de "Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba". Una relectura acorde con los tiempos.
La puja por la reescritura conveniente de la historia la inició el cardenal Jaime Ortega, en una entrevista con la holandesa Radio Nederland: "Creo que Juan Pablo II se refería mucho a la apertura cultural que debe haber. Cuba está en el mundo Occidental Cristiano, ese mundo quizás Cuba puede tener unas características especiales, no de aislamiento diplomático (…) Con el tiempo que ha pasado, con la terminación de estas realidades del socialismo real en Europa Oriental, con los viajes turísticos, con la cantidad de visitantes que llegan a Cuba, con los cambios normales que la historia produce, hay una mayor apertura de Cuba hacia el mundo. La apertura del mundo a Cuba depende de factores políticos, como son las relaciones difíciles con Estados Unidos, y ciertas relaciones difíciles con la Unión Europea (…) Él formuló un deseo. Eso se ha ido produciendo, en la línea de apertura que le he expuesto. Es un camino todavía a recorrer, sobre todo a la apertura recíproca de unos países hacia Cuba y de Cuba a otros países. Depende muchas veces de condiciones políticas, económicas".
Ortega no pierde tiempo y pone el mayor acento en el aspecto exterior: Según Su Eminencia, Estados Unidos y la Unión Europea articulan como piedras angulares en el problema cubano y, en cuanto a la apertura interna, lo que concierne a la Cuba de Castro se ha ido resolviendo con el aumento del turismo y la caída del Muro de Berlín.
En la misma cuerda se ha expresado ayer la revista Espacio Laical. Su editorial "Rompamos el aislamiento" es un cruel ejercicio de cinismo, vestido de moderación.
"…no es posible asegurar que dicho proceso de encuentro y solidaridad entre Cuba y el mundo se haya efectuado en la medida necesaria. Algunos sectores importantes y decisivos en el orbe, desde posiciones muy ideológicas y cerradas, sobre todo de la Unión Europea, y especialmente del Gobierno de Estados Unidos, han condicionado tal apertura a un conjunto de transformaciones ideológicas que Cuba debe concretar previamente. Esto, por supuesto, provoca susceptibilidad y parálisis, y por tanto debe cambiar", dice la revista.
Otra vez Estados Unidos y la Unión Europea en el centro de la polémica. Pero, ¿es posible homologar las posiciones de ambas potencias sobre Cuba? ¿Hasta qué punto esta insistencia descarrila el verdadero debate?
Espacio Laical califica de "posiciones muy ideológicas y cerradas" las políticas de ambas potencias, y de paso ideologiza el tema de los derechos humanos, sobre el cual se fundamenta la Posición Común de la UE. Los 27 no son un ente ideológico uniforme, salvo que se pretenda equiparar vocación democrática con ideología, en el sentido más estrecho de la palabra.
¿Cree de verdad la Iglesia que son la UE y EE UU los mayores obstáculos para el cambio en Cuba?
En un nacionalismo preocupante (recordemos que ya el cardenal Ortega en los días clave de la enfermedad de Castro, sin venir a cuento, hizo una encendida defensa de la soberanía nacional frente a una supuesta intervención extranjera), el clero, de forma consciente o no, hace filas con los que invocan, más de lo normal, un inexistente peligro exterior para marear la perdiz y quién sabe cuáles otras ocultas intenciones.
Espacio Laical va más allá y afirma que "ningún poder extranjero" debe "promover el inicio de cualquier proceso de reajuste conceptual y estructural", confundiendo otra vez el respeto a la soberanía nacional con el abandono de la presión por parte del mundo democrático. Lo que el editorial llama "ambiente de tranquilidad (…) con los sectores más fuertes".
¿En qué situación estaría hoy Cuba —Iglesia incluida— sin el apoyo de EE UU a los exiliados y sin la crítica de los europeos a la represión?
Ambas políticas han padecido errores clamorosos. Sobre todo la primera, embarcada en un embargo inútil y contraproducente. Pero situarlas en la diana del problema —o pedir cambios unilaterales, sobre todo a la UE— es mirar hacia otro lado. Y tanto, que el estrabismo es hoy por hoy la enfermedad profesional de buena parte del episcopado cubano.
Dejarán de sobrar ramas —y se entenderá mejor el legado de Juan Pablo II— cuando la Iglesia lea su mensaje centrada en lo que le corresponde, la vida y el interior de la gente. Y esto se traduce fácilmente: "Que Cuba se abra a Cuba".
Publicado en: Con lupa | Actualizado 29/01/2008 17:44
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