Con lupa | Michel Suárez

¡Que viene Obama…!

La estrategia de sembrar obstáculos en el camino del diálogo es tan propia del castrismo como su esencia represiva. La más reciente argucia, elaborada en conjunto, intenta liquidar dos pájaros de un tiro: La Habana sabotea el proyecto "conciliador" de Obama y Moscú se desquita por el escudo antimisiles que planea Estados Unidos en Europa.

De otra forma no se entiende que un diario ruso cercano al poder revele estratagemas sobre un presunto desplazamiento de bombarderos nucleares hacia Cuba. El Kremlin lo ha desmentido, pero tímidamente, con una ambigüedad calculada. La Habana ni siquiera eso. La tantas veces zafia diplomacia cubana ha permitido que transcurran casi 72 horas (hasta la redacción de este post) sin pronunciarse sobre un tema muy sensible. ¿Por qué?

Avión bombardero Tupolev TU-160

Ahora leo más sobre el tema. El canal estatal alemán Deutsche Welle publica este miércoles que "expertos militares rusos aconsejaron la activación de una antigua estación de radar en Cuba, como reacción a los controvertidos planes estadounidenses de instalar un escudo antimisiles en Polonia y República Checa".

Hablan de la base de Lourdes, inactiva desde 2001. El experto Alexander Pikayev, del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de la Academia Rusa de Ciencias, dijo a la agencia RIA Novosti, citada por la Deutsche Welle, que Cuba era "un lugar único, del cual es posible explorar el territorio estadounidense".

Para más coincidencia, el debate se producía mientras visitaba Moscú el presidente venezolano Hugo Chávez.

Con suficiente tiempo de antelación, el castrismo se prepara para hacer frente a una eventual administración demócrata. Lo hace con la mente puesta en la Bahía de Cochinos, la Embajada del Perú, la "marcha del pueblo combatiente", el Mariel, el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate…con Kennedy, Carter y Clinton como referentes históricos recientes.

Que conste que me resisto a hacer predicciones alarmistas sobre una posible administración de Obama. Tampoco me rindo ante evidencias históricas que no necesariamente tienen que reproducirse en el futuro. Sobre cada actuación, un juicio.

Hablo sobre los de enfrente, sobre los preocupados por el arribo de una supuesta distensión que caería como termita sobre la madera de Palacio. Y en dicho proceso, todo vale para ellos, incluso, intentar reeditar una minicrisis de los misiles —venida a menos— que les salve el culo un tiempo más.

Los "enemigos" son la gasolina del castrismo. Es la regla básica de cualquier sistema totalitario que se precie. Obama quizás ni llegue a la Casa Blanca. Y, si llega, incluso puede que mantenga intacto el núcleo básico de la actual política de Washington. Pero, por si acaso, La Habana juega a la ambigüedad del uranio con la complicidad de Moscú. Suficiente como para que el presunto diálogo de distensión ni siquiera comience.

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Actualización: ¿Fidel Castro me estaba escuchando? La opinión del anciano sobre el asunto en Cubadebate.


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