Radio cubana: cumpleaños sin cake
Michel Suárez | 22/08/2007 21:20
Hace un año escribí "Cuba, medio siglo de no periodismo", un largo artículo para el Cuban Affairs Journal, cuya versión en español publicó luego la Revista Hispano Cubana.
Como hoy se celebra el aniversario 85 de la radio cubana, les propongo un fragmento relativo al apartado de la radiodifusión. Después de todo, los escribidores oficialistas me han dado la razón: todo lo grandioso que se ha mencionado durante estos días sobre la radio cubana tuvo fecha de caducidad en 1961. Los mayores aportes, las glorias, las grandes figuras, los inventos formales, todos, naufragaron cuando el país cayó en manos de la bestia. Aquí se los dejo:
Cuba, medio siglo de no periodismo
…El sistema cubano de radiodifusión, que funciona bajo la administración del Instituto Cubano de Radio (ICR) y el control político del Comité Central del PCC, fue institucionalizado el 24 de mayo de 1962. Actualmente es un organismo con equivalencia de ministerio. Fidel Castro promovió en 1959 la creación del denominado FIEL (Frente Independiente de Emisoras Libres), con varias estaciones pequeñas y medianas para aniquilar la autonomía de las emisoras y declarar la guerra a los dueños de las grandes. El 16 de noviembre de 1960, según datos del propio gobierno, el FIEL entrega sus instalaciones al régimen, así como la operación de las mismas. Una vez alcanzado su objetivo, el nuevo organismo se encargaría de verticalizar el flujo informativo, que a partir de entonces quedaría bajo la voluntad del gobierno.
En 1959, la radio cubana era de un vigor tal que sus producciones eran reproducidas en varios países y sus emisiones se captaban con facilidad y gran audiencia más allá de las fronteras nacionales. El nivel de los espectáculos musicales en vivo, las radionovelas y los informativos eran fácilmente reconocibles, en un contexto favorecido por la calidad del talento artístico local y la innovación formal y tecnológica.
El Sistema Internacional de Grabaciones de Audio (SIGA), en funcionamiento en las décadas del cuarenta y cincuenta, distribuía y vendía los programas cubanos en varios países, para perplejidad de Estados Unidos, que veía cómo su "discípula" aportaba experiencias a su "antiguo maestro" (Raúl Garcés, "Los dueños del aire", Revista de la Universidad de La Habana, No. 259, 2004). No puede soslayarse el hecho de que Cuba fue país pionero de la radiodifusión en 1922 (2LC), sólo dos años después de Estados Unidos, y dos años antes que España; así como también que parió la primera radionovela (El derecho de nacer, 1948) y el primer canal de información continua del mundo (Radio Reloj, 1947).
La propia prensa cubana actual y sus periodistas, en publicaciones nacionales y extranjeras, reconocen, de forma implícita, la terrible involución del medio en la Isla. Ángela Oramas Camero, por ejemplo, admite en "Viaje a la semilla de las comunicadoras radiales" (A Primera Plana, Santo Domingo, 2003) que en 1933 Cuba era el cuarto país del mundo en cantidad de emisoras. Estados Unidos era el primero con 625, Canadá con 77, Rusia (68) y Cuba (62), por delante de potencias como Suecia, Alemania y Francia. En 2002, todavía el sistema cubano de radio no lograba recuperarse numéricamente del impacto del castrismo. Las estaciones no pasaban de las 55.
Sin entrar todavía en consideraciones de política editorial, es evidente que concierne al proceso de nacionalización e intervención de emisoras, a la redistribución de frecuencias, al cierre de estaciones, al rebautizo de otras y, lo principal, a la clausura de cualquier resquicio para la iniciativa privada, la primera causa de la caída del imperio radiofónico cubano.
Llegado el momento de la nueva división político-administrativa de 1976, con la que la Isla quedó segmentada en 14 provincias, un municipio especial y 169 municipios, la radiodifusión sufrió una nueva transformación. Las emisoras provinciales, tal y como existen hoy, se desprendieron de la administración del ICRT (ya titulado así desde 1975, por unírsele los canales de televisión) para pasar a manos de los gobiernos locales, aunque el ICRT mantendría su capacidad "orientativa" y "metodológica".
A día de hoy (2006), existen en la Isla 88 emisoras, de ellas seis nacionales (Radio Rebelde, Radio Progreso, Radio Reloj, Radio Taíno, Radio Enciclopedia y CMBF), cuyos perfiles van desde el informativo hasta el musical, pasando por el eminentemente recreativo. El sistema nacional, con Radio Rebelde a la cabeza como voz principal del régimen, se escucha ampliamente en todo el territorio cubano, aunque cuenta con un modo de producción centralista. Su programación se produce en la capital en el 99,9% de los casos. Sólo en la década de los noventa desplegó una red de corresponsales en las cabeceras provinciales, cuya función es tributar a los servicios informativos. Pero la concepción de su programación, el personal, los estudios y la dirección nacen y mueren en La Habana.
La radio cubana actual, que se ufana de ser una de las primeras del continente (desde el punto de vista formal), es probablemente de las más atrasadas. Si bien es cierto que la imposibilidad de avanzar en los contenidos (por la propia dinámica de la censura), dio lugar a una ardua búsqueda en los aspectos formales, esto sólo ha servido para reafirmar su condición de museo internacional.
La radio que hoy se hace en la Isla parece no haberse percatado de que en 1950 irrumpió en el país la televisión. El sistema productivo y la concepción de las programaciones responden a fórmulas de los años setenta, y la fragmentación y el barroquismo sonoro forman parte de una estética radiofónica ya superada en otras regiones del mundo. En parte por el propio desarrollo del medio, en parte porque la radio ha debido adaptarse ante el impacto de las nuevas tecnologías y vehículos expresivos, dígase la televisión, el DVD, el mp3 y la Red de Redes, entre otros.
La tendencia internacional indica un claro aligeramiento, tanto de las franjas de programación como de los propios formatos, privilegiando la inmediatez informativa, la interactividad comunicador-oyente y cualquier otro aspecto ventajoso con respecto a la televisión. Embarcada en un control absoluto, e incapaz de abrir los micrófonos a la gente común y provocar el debate, la radio cubana sigue apostando por el barroquismo, producciones enlatadas, pretendidos programas de radio-arte y por una guionización extrema que extermina el espíritu espontáneo del medio.
Irónicamente, fue la radio principal del gobierno (Radio Rebelde) la que más intentó zafarse del esquema, en la década de los ochenta, poniendo de moda las revistas informativas de larga duración y los magazines variados especializados que cubrían grandes franjas. Actualmente se evidencian retrocesos. Por su parte, una emisora nacional como Radio Progreso no tienen nada que envidiarle a cualquier museo de la radio del mundo: su tipo de programación, tono, ritmo y espontaneidad viven aún enclaustrados en la década del cincuenta.
El movimiento creador organizado alrededor de Radio Ciudad de La Habana, emisora de alcance provincial y destinada a los jóvenes, tuvo cierta importancia en la reanimación de conceptos en plena década de los ochenta. Muchos de sus artífices, hoy fuera de la Isla, se enfrentaron a la censura estatal hasta que la estación (por cansancio) pasó a ser una más de la lista. Por otra parte, los Talleres Nacionales de la Radio Joven "Antonio Lloga In Memoriam" (Santiago de Cuba), de los cuales fui director en el período entre 1996 y 2000, hicieron demasiado hincapié en la experimentación formal, quizás hasta rayar lo absurdamente ilegible, en un siglo XXI con otras urgencias en la radiodifusión. No obstante, en estos se notaba un espíritu ávido de transformación, de transgresión en los contenidos, que, sin embargo, no hallaba eco en las rutinas productivas de la radio cubana. Muchos de estos jóvenes abandonaron el país; otros dejaron atrás toda etapa de riesgo al aceptar puestos de dirección en los que la innovación se multiplicó por cero.
La radio que hoy se hace en Cuba es sui géneris. Es casi imposible que se desprenda del hecho musical si pretende ser escuchada. Estamos asistiendo, quizás como en muy escasos lugares, a un fenómeno de extrañamiento como respuesta lógica a la saturación política del medio. A diferencia de la radio cubana que se produce hoy en la Florida, la de la Isla no puede dividirse fácilmente en musical (FM) y convencional-informativa (AM).
Las cadenas, desde las locales hasta las nacionales, son profundamente heterogéneas e intercalan programas musicales, informativos y educacionales, todo aderezado con propaganda ideológica. Por otra parte, tanto para realizadores radiofónicos como para oyentes, la producción extranjera que se sintoniza en el país no constituye una referencia formal exacta, debido a las diferencias notables entre las propuestas de Onda Corta (radios públicas, por lo general), orientadas hacia una programación atípica no comercial.
En este panorama no puede despreciarse el papel de las emisoras internacionales como único medio de información plural para los cubanos. Tanto las radios comerciales de la Florida (WQBA, Radio Mambí, La Poderosa, etc.), como el servicio del gobierno norteamericano (Radio Martí, VOA) y las radios extranjeras de Onda Corta (BBC, Radio Francia Internacional, Radio Exterior de España, Radio Netherland, etc.). Esto no significa que las emisoras controladas por el gobierno no sean escuchadas por la población. Todo lo contrario. Además de la 'excepción musical' ya citada, la radio es el medio cubano con más tiempo dedicado al entretenimiento en general…
Publicado en: Con lupa
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