Con lupa | Michel Suárez

Sexo en Caracas

A nadie le importa si el presidente venezolano, luego de lanzar una andanada contra Estados Unidos o arengar a sus compatriotas a construir el socialismo, prefiere irse a la cama acompañado de mancebos en la soledad nocturna del caraqueño Palacio de Miraflores. A nadie.

Luis María Ansón, un periodista español por el que siento un gran aprecio —a pesar del océano ideológico que nos separa—, se empleó a fondo en una columna del diario El Mundo para justificar su particular manera de sacar del armario a Hugo Chávez. Es evidente que hizo un gran esfuerzo por parecer natural y pedirle transparencia al gobernante sobre un tema que, nos recuerda Ansón, debe asumirse sin tapujos; sobre todo, agrega, si se es presidente de la República y se vive en un mundo en el que ya es "normal" la homosexualidad.

Las presuntas orientaciones sexuales de Chávez no son nuevas en el intramundo periodístico. Alguna vez se le relacionó, no sé hasta dónde, con un joven ministro que hoy cumple otra función —creativa— cerca del gobierno. Pero, en fin, si de algo es libre Hugo Chávez, es de hacer, en los aposentos presidenciales, lo que le venga en gana. Para esto no necesita reformar la Constitución ni arrodillar a los poderes del Estado. Queriéndolo la otra parte, qué importa el resto.

Este jueves, el canciller venezolano, Nicolás Maduro, ha calificado de "aberración" la teoría de Ansón. Dijo que es de las "peores barbaridades de la derecha franquista". No sabe Maduro, sin embargo, que el columnista estuvo exiliado durante la dictadura de Franco. Pero no importa. Según ellos, la mejor defensa es el ataque, aunque se yerre.

Reiterada mi posición de que no hay razones para hacer de la vida sexual de nadie un motivo de interés periodístico, pregunto: ¿qué clase de izquierda es esta que califica de "aberración" una opinión sobre la presunta homosexualidad de alguien?

Aberración es que a uno le endilguen, calumniosamente, acusaciones de pederastia, asesinato, robo o cualquier otro delito penalmente regulado; pero no ser gay. No es lo mismo criticar la intromisión en la vida privada de una personalidad, que es aquí lo que cuenta, que asegurar que ser homosexual es lo peor que puede decirse de un presidente. Esto, al menos en Europa, sería escandaloso en boca de cualquier líder político, no digo ya de la izquierda.

Y para no variar, Maduro dice que este ataque (pedirle a Chávez que salga del armario) no es sólo contra el presidente, sino "contra el pueblo de Venezuela". Otra vez el ardid mesiánico recurrente: quien ofende al cacique, ofende a la tribu. En fin, que un país maricón no mola a la clase política venezolana en el poder, aunque ésta diga ser muy revolucionaria.

Reproduzco el artículo de Luis María Ansón para que se evalúe en su justa medida. Sobre este tema no pienso escribir más. Le deseo suerte a Chávez, con las damas o con los caballeros. Y mucho sexo. A ver si mejora el carácter.

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Chávez y la homosexualidad

Por LUIS MARÍA ANSÓN

En Venezuela, la inmensa mayoría de hombres y mujeres tienen los ojos de color marrón o negro; una minoría, azules. Es cosa de la naturaleza. Sería absurdo que se discriminase en derechos políticos, sociales o fiscales a los hombres o mujeres de ojos azules. En aquel gran país iberoamericano, la inmensa mayoría de hombres y mujeres son heterosexuales; una minoría, homosexuales. Es cosa de la naturaleza. Sería absurdo discriminar política, social o fiscalmente a gays y lesbianas. Desde la tiranía comunista de Castro en Cuba a la Arabia Saudí de su dictadura sátrapa, todavía son muchos los países en que se niegan derechos elementales a los homosexuales.

Habrá que convenir que, en las democracias occidentales, se ha terminado, en mayor o menor proporción, con las incomprensiones, injusticias o persecuciones contra los sectores homosexuales. Hoy, en las naciones gobernadas por una democracia pluralista, el ciudadano medio acepta la realidad homosexual sin discriminaciones ni mofas ni vejaciones. Llamar a un hombre, homosexual, o a una mujer, lesbiana, no es ya un insulto sino, por el contrario, en muchos casos robustece el orgullo gay.

Digo todo esto para que no quede duda de que no trato de ofender a nadie al hacerme eco de lo que muchos homosexuales serios afirman a través de internet del caudillo venezolano. Aseguran que es gay aunque no haya salido del armario. Como ocurre con los masones, que no tienen ya por qué ocultarse puesto que nadie les persigue, los homosexuales saben que pueden desalojar el armario sin ningún problema. Parece lógico que si un presidente es masón, testigo de Jehová o del Opus Dei, la nación que gobierna lo sepa. Y también que si un presidente es gay, su país tenga conocimiento de esta condición.

Varios grupos de homosexuales venezolanos se congratulan de la realidad sexual que atribuyen al caudillo que les gobierna con métodos calcados, por cierto, del castrismo más ortodoxo. Ni salgo ni entro en la cuestión porque la desconozco. Eso sí, a mí me parece que la opinión pública del gran país hispanoamericano tiene derecho a saber si es cierto o no lo que esos colectivos afirman. Incluso algún embajador de renombre asegura lo mismo sin la menor intención peyorativa, puesto que hoy ser gay en las democracias occidentales es sólo un dato más del que la inmensa mayoría de los afectados se enorgullece.

El caudillo Chávez imita al tirano Castro hasta en la longitud desmesurada de sus discursos. No estaría de más que dedicara unos minutos de su verborrea incontenible a aclarar lo que tantas gentes aseguran en su país. Eso contribuiría a consolidar en Venezuela, lo conquistado ya en España, Holanda, Dinamarca y otras naciones europeas: que los heterosexuales trabajemos en las empresas, sin burlas ni rechazos hacia los homosexuales. El problema de Chávez no es, en todo caso, su condición sexual sino el sistema político que trata de implantar y que supone extirpar de raíz cualquier vestigio de libertad política. El nuevo caudillo ha decidido ya, como Castro, que su magistratura sea vitalicia y, con la ayuda de los agentes castristas y la miopía del mundo occidental, avanza cada día en el programa socialista soviético que ha decidido imponer en Venezuela.

Luis María Ansón es miembro de la Real Academia Española