Soberanía selectiva
Michel Suárez | 25/08/2007 19:17
Una de las mayores estupideces de la política latinoamericana de los últimos diez años ha sido la invocación del término "soberanía" como bandera de combate contra Estados Unidos.
No es muy pragmático en pleno siglo XXI, imbuidos en procesos globalizadores indetenibles —con sus ventajas y desventajas—, que un gobierno cometa la ligereza de cortar la colaboración antidrogas con Washington, presuntamente por ver en la DEA el fantasma de la CIA. Esto es lo que sucede en Venezuela. Pero también donde su hija putativa, Bolivia, que ahora contradice un informe de Estados Unidos y Naciones Unidas, que dice que en el país altiplánico se produjo un incremento del 8 por ciento en el cultivo de la hoja de coca. Evo Morales atiza la polémica como paso previo a la ruptura. Tiempo al tiempo.
En Ecuador, el presidente Rafael Correa ha ratificado la no renovación de la base militar norteamericana de Manta —que tiene como objetivo la lucha contra el narcotráfico—, cuando se venza el contrato en el año 2009. Parece normal que los ecuatorianos no se sientan cómodos con la presencia de una instalación que fue levantada siguiendo atajos constitucionales e incluso con muy magros beneficios económicos para el país. Sin embargo, la posibilidad de renovar en mejores condiciones económicas y cumpliendo a cabalidad la legislación, no es un tema que seduzca al señor Correa. Por lo que, al final, cuenta más en la filosofía oficialista la "afrenta a la soberanía nacional" que significa la permanencia de las tropas norteamericanas, que la vía utilizada para implementar la misión. Ergo, el problema no es la legalidad, sino la dichosa soberanía.
Pero bien. Si aceptamos que la soberanía es un asunto demasiado importante para estas naciones, ¿por qué ahora Bolivia, por ejemplo, permite la instalación en su territorio de tropas venezolanas bajo la denominación de Comando Binacional Amazónico?
Informa este sábado el diario paceño La Razón que Venezuela abonó, además, seis millones de dólares al Gobierno boliviano para mejorar las infraestructuras de sus unidades militares.
La colaboración militar y el financiamiento no son malos per se, siempre y cuando se evite el sectarismo prevaleciente para seleccionar amigos y enemigos. Sobre todo, porque La Paz sabe que, en materia antinarcóticos, la ayuda de EE UU y de la Unión Europea ha sido generosa. Y que el Washington de 2007, lejos de abroncar y crispar en una región en la que su influencia va en declive, está por la convivencia pacífica entre gobiernos de diferente corte ideológico.
Esto lo saben Lula y Tabaré (incluso a contrapecho de los simpatizantes más radicales al interior de sus partidos), y en consecuencia actúan: Sin servirle de alfombra al imperio, pero también sin generar peloteras.
Morales y Correa van juntos en la carrera de la soberanía selectiva, en la búsqueda de una nueva metrópolis. El primero lleva ventaja, por su mayor tiempo en el poder. Pero sin desespero, probablemente veremos cómo los últimos serán los primeros.
Publicado en: Con lupa
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