Un sándwich constitucional
Michel Suárez | 17/08/2007 16:19
No se le puede negar astucia a Hugo Chávez, que no inteligencia.
El presidente venezolano se va de pesca con una larga vara a la que ha colgado un anzuelo de cuatro filos y un apetecible señuelo. Así se resume la propuesta de reforma constitucional presentada al parlamento con vistas a un referendo a finales de 2007.
Empecemos por el garfio de cuatro puntas, que compromete cuatro aspectos fundamentales para el futuro democrático de Venezuela:
a) Reelección indefinida y período de siete años
b) Militarización del país y politización de las fuerzas armadas
c) Preponderancia de lo colectivo sobre lo individual en la propiedad
d) Anulación de la autonomía del banco central
El paquete de reformas va acompañado por un cebo: la decisión de reducir la jornada laboral de 8 a 6 horas diarias. Tras desarrollar la idea del asistencialismo como baza estratégica de su caladero de votos, Chávez profundiza su habilidad de seducción de las clases más pobres.
Venezuela ha promovido en los últimos años la vagancia como política de Estado, subvencionando automáticamente, mediante planes estatales de alimentación, a decenas de miles de personas que no tienen trabajo ni perspectivas de querer trabajar. Algún pescado en la mesa, de momento, pero ningún modelo serio para enseñar a capturarlo.
En las sociedades desarrolladas, la asistencia social es espléndida, pero se reserva para quienes realmente la necesitan. Por ejemplo, en España, por poner un caso que conozco, los planes de albergue y comida para desamparados de Cruz Roja tienen un plazo límite de tiempo, aparte de que se les hace salir de cama a las siete de la mañana, para que busquen trabajo, y no se les permite volver a la habitación hasta la tarde-noche. Esto no quiere decir que no existan también acomodamientos o fraudes.
Pero lo que sucede en Venezuela es diferente. El espíritu de las misiones y planes chavistas son parches en el entramado económico y social, que no plantean soluciones duraderas a mediano y largo plazo. Sin embargo, en el corto, dan votos desde aquellos sectores a los que supuestamente beneficia.
De aquí se traduce que las intenciones de reducir la jornada laboral no tienen el objetivo que oficialmente ha planteado Chávez ("dedicar tiempo libre a la educación"), sino contentar a las masas que le apoyan, y a cualquier otra persona a la que le fascine la idea de que trabajando menos es como se saca adelante un país subdesarrollado.
La reducción de la jornada viene en el centro del sándwich chavista, rodeada de reelección eterna, militarización de la sociedad y de prerrogativas peligrosas políticas y económicas en manos de un solo individuo.
Incluso, el hecho en sí de trabajar menos tiempo no es un asunto que haya demostrado efectividad en otros confines, pese al desarrollado alcanzado, que no es el caso de Venezuela.
Cuando el debate sobre la reforma en Francia, los empresarios españoles advirtieron que "una reducción de la jornada no sólo no crearía empleo, sino que llevaría aparejada una pérdida de competitividad y, con ella, de puestos de trabajo".
El concepto de que la reducción del número de total de horas trabajadas se compensaría con la creación de nuevos empleos en una proporción parecida, incluso pareció "una idea tonta" a los editorialistas del influyente diario británico Financial Times.
Por este camino ha transitado del debate en Europa, donde una serie de contrariedades sociales y económicas están resueltas para la mayoría de los ciudadanos. Pero, ¿puede Venezuela darse este lujo?
Hace poco, la BBC se hizo eco de los cálculos del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Andrés Bello, que indicaban que la pobreza extrema ha disminuido en los últimos dos años, "pero hoy en Venezuela en términos relativos y absolutos hay más pobres que en 1998 (año en que arribó Chávez al poder)".
Lo más terrible de esta historia sería que los artículos de la reforma constitucional se votaran en bloque, y que entraran, por igual, la jornada de seis horas —que supuestamente beneficia a los trabajadores— y las normas que ayudarán a Chávez a esclavizarles.
Quizás se avecine la última gran oportunidad para los electores venezolanos.
Publicado en: Con lupa | Actualizado 17/08/2007 16:21
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