Actualizado: 24/06/2017 12:00
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Cuba, Raúl Castro, Reformas

La ardua tarea de Raúl Castro

En el caso de Cuba, más temprano que tarde se llevará a cabo el giro hacia la lógica humana

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El gobernante cubano Raúl Castro se halla en una situación realmente difícil.

La frase “Un callejón sin salida” resulta muy trillada. Pero es muy justa para el caso que nos ocupa. No tiene salida el mandatario cubano. O sí tiene una, pero muy dolorosa para él: caminar de espaldas. Es decir, no continuar la huida hacia delante, hacia el muro donde todo terminará por estrellarse. Aclaro: terminará por estrellarse todo lo poco que queda de un país, junto con sus ideólogos, teóricos, ejecutivos fracasados.

Fidel Castro es el causante de un punto muerto que ya dura 26 años. Vamos..., que los niños nacidos cuando el finado gobernante declaró lo que quiso llamar, con inicuo eufemismo, “Período Especial”, hoy tienen 26 años. Veintiséis años vividos bajo la inopia, la sinrazón, el “qué será mañana”.

Cuando el mayor de los Castro, a raíz de la desaparición de la Unión Soviética y los países de Europa del este, declaró el Período Especial, estaba consciente de que no iba hacia ninguna parte; no tenía modelo político ni económico. Ni luz al final túnel. Del túnel por el cual él mismo metió a la sociedad cubana, a la Historia isleña toda.

Castro llevó a Cuba hacia la debacle definitiva solamente para mantenerse en el poder. No había de otra. Así de obstinado demostró que era durante los 49 años que tuvo en sus manos al país. Lo ejemplos sobran.

Desoyó los consejos que sus propios compañeros le hicieron llegar lo mismo cuando anunciara La Zafra de los 10 Millones que la plantación de café caturra en las montañas del Escambray o la siembra de arroz en la Ciénaga de Zapata; y tantos otros fracasos.

Ignoró a sangre fría la caída, espontáneamente, de los regímenes comunistas de Europa oriental. Así, estaba consciente Fidel Castro de que la economía estatal, con sus consiguientes cesiones entre empresas, apoyada básicamente en la “emulación socialista” y la buena fe del prójimo, ya había dado todo de sí, sin que lograse nada.

El marxismo-leninismo era inviable. El occiso gobernante cubano lo sabía. Lo sabía aún mejor que nosotros.

Mas Castro, sin pensarlo dos veces, continuó llevando a los cubanos por un camino sin fin y sin propósito. Se trataba únicamente de mantenerse en el poder —los enfermos de poder solo aman eso: su poder, más que cualquier otro bien material o espiritual—. De modo que, con constancia, en sus abundantes y extensos discursos, dejaba claro que, exclusivamente, nos esperaba “¡Socialismo o Muerte!” (valga la redundancia, aclararía Pepito en su momento), sin destacar a qué socialismo se refería.

Él actuaba como si fuese el dueño de la Isla. Lo era: hacía con ella lo que mejor estimara y, a causa del régimen existente, de su poder absoluto, no tenía contraparte ni en el Gobierno ni en la población. Vaya..., eso no fue más que un crimen cualquiera.

En uno de aquellos inacabables discursos de la década de 1990, Fidel Castro, con el rostro tomado por el rencor, espetó mientras mantenía un puño en alto: “¡Reformas de qué!”.

No hubo reformas. No las ha habido.

Ahora, Raúl Castro y su equipo han realizado algo que llaman “actualizaciones” o algo así.

Y es él, Raúl Castro quien está en un grave aprieto: si no da marcha atrás, el país, y él su grupo, se hunden (bueno, consideremos que a él y su grupo les interese que el país se hunda o no).

Vaya, no crean en ese cuento del “socialismo sustentable” para 2030 y otras quimeras matemáticamente diseñadas. Ni en esa propaganda que se traen los diversos actores del Gobierno cubano, como si no pasara nada. Como si ellos, ellos solitos, pudiesen, en unos añitos, inventar un sistema social y político y un modo de producción que resultase la salvación de la humanidad. Cuentos de camino.

Ya aquello se acabó.

Tomemos en consideración que a lo largo de la Historia queda demostrado que el ser humano, y hasta sociedades enteras, se resisten al cambio indefectible.

Veamos cuánto se resistió Occidente a tomar como normal el sexo sin matrimonio o cuánta resistencia se advierte hoy en día ante algo tan inexorable como el consumo de drogas, sea este con las limitaciones que fueren.

Inevitable será que China y Vietnam, dos ejemplos de economía cuasi capitalista regidas por un partido único, se pasen completamente al capitalismo tarde o temprano.

Asimismo, ¿alguien piensa que Corea del Norte será, para siempre, una sociedad cerrada bajo la bota de un gobierno inhumano, que se autodefine comunista?

En el caso de Cuba, más temprano que tarde se llevará a cabo el giro hacia la lógica humana. Con los matices, los asegunes que fuesen.

Esa es la tarea que tiene por delante Raúl Castro.

Y bueno, que él, llegado el momento, la delegue en otro, ya eso son otros cinco pesos.

O que posteriormente las leyes biológicas así lo definan, también son otros cinco pesos.

Veremos.


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