Actualizado: 30/03/2017 12:17
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Cuba, Fidel Castro, La denuncia de hoy

Pedro R. Brieger, director de «Nodal.am»

El director del diario digital latinoamericano afirma que fuera de Cuba se juzga de modo incorrecto, desventajoso para el régimen, las bondades de la revolución

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Pedro R. Brieger es el director del diario digital Nodal.am, “Noticias para América Latina y el Caribe”. Nodal.am se sume en la defensa de la izquierda de trinchera.

El pasado 5 de diciembre, Brieger publicó en el diario referido un artículo cuyos presupuestos darían risa, si no fueran tan tristes. O si no pareciesen venir de una pluma empuñada por el cinismo, o la ignorancia, o esa especie de zoncera izquierdista que ya se ha hecho endémica en cierta área del pensamiento latinoamericano.

Para apoyar su tesis de que fuera de Cuba se juzga de modo incorrecto, desventajoso para el régimen, las bondades de la revolución, afirma Brieger en el artículo citado: “En realidad, a lo largo de los casi 58 años de revolución la inmensa mayoría de los análisis sobre Cuba se realizan sin consultar a la población cubana, como si ésta no tuviera voz propia, como si su voz no importara, como si no pudieran opinar sobre sus propias vidas, porque —al fin y al cabo— fuera de la Isla ‘saben’ mucho mejor lo que es ‘mejor para los cubanos’”,

El señor Brieger se las da de que conoce muy bien la realidad de Cuba. Pero en verdad no lo parece.

¿No sabe él que “la población cubana” carece de “voz propia”?

¿No sabe que el régimen castrista se halla en el poder hace casi 58 años y nunca ha permitido elecciones libres? ¿O un simple referéndum en libertad, un plebiscito?

Por otra parte: ¿cómo sería posible que algún medio extranjero consultara a la población cubana para lo que fuere, si es el Gobierno quien determina la libertad individual?

Entonces: ¿no conoce la verdad sobre Cuba Pedro R. Brieger, o se hace el que no la conoce?

“Solamente estando en Cuba se puede percibir y tal vez comprender la relación líder-pueblo y el significado del amor y veneración que siente la inmensa mayoría de los cubanos hacia Fidel, ‘Fidel’ a secas, como dicen ellos”.

Esto es demasiado... ¿Tiene el señor Brieger el don de la ubicuidad de manera que, en su reciente visita a la Isla para asistir a los funerales del expresidente Fidel Castro, tornose Brieger en una especie de alma en pena que de un planazo visitó el más apartado rincón de Cuba, incluidos los caminos reales, las comunidades de montaña, las pequeñas y grandes ciudades?

Porque él expresa: “el significado del amor y veneración que siente la inmensa mayoría de los cubanos hacia Fidel”. El subrayado es mío.

Es demasiada chulería.

O ingenuidad tanta como la de esas despistadas y melancólicas viejecillas de lavadero que, con tal de dialogar con su interlocutora, abordan cualquier tema, aunque ni siquiera sospechen de qué se trata.

“Es difícil encontrar en la historia universal una persona que haya liderado un proceso de profunda transformación social actuando durante más de 60 años”, afirma en su texto el director de Nodal.am.

Sí, muy difícil. Difícil encontrar una persona que “haya liderado un proceso de profunda transformación social actuando durante más de 60 años”, de modo que haya logrado, a la vuelta de este largo período, hundir a su país en el pánico y la miseria, y que de contra consiguiera que 2 millones de sus hijos tomasen el camino del exilio; sin que sepamos —porque en Cuba, ya lo decíamos antes, no existe ninguna consulta ciudadana— cuántos millones más quisieran abandonar la tierra donde nacieron. Abandonar la tierra donde nacieron, como sigue ocurriendo en la actualidad, aunque para ello sea considerado morir en el empeño.

Difícil hallar un régimen cuyas autoridades golpeen a mujeres que cada domingo salen a protestar pacíficamente, llevando como única arma un gladiolo.

O cuyas autoridades en fin golpeen, aterroricen, encierren a todo aquel que se atreva a protestar, no importa que de modo pacífico.

Se place Brieger en su artículo de “Las imágenes de miles y miles de personas en el Memorial José Martí durante 48 horas para rendirle tributo a Fidel, o luego acompañando la caravana en su recorrido por el país, son incomprensibles si no se penetra en el corazón de los cubanos”.

Señor Brieger, primero: no hay timbales ni ovarios suficientes para no haber asistido a este acontecimiento, como no lo ha habido ni lo habrá para no hacer acto de presencia en cualquier otro al que convoque el régimen. Queda claro: usted no tiene ni la más remota idea de la sociedad a la cual está evaluando.

Y segundo: no aprietes, che, ¿cómo es eso de pasarte al territorio de la maestra Corín Tellado con semejante frase: “son incomprensibles si no se penetra en el corazón de los cubanos”. (El subrayado es mío.) Flojo, flojo, che, y bastante disperso: ¿Vos penetraste en algún momento el corazón de los cubanos, de todos los cubanos, desde la Punta de Maisí al Cabo de San Antonio? Vaya, pibe...

El director de Nodal.am se refiere asimismo a “Los grandes medios masivos de comunicación que siempre están atentos a lo que dicen o hacen un puñado de cubanos que viven hace décadas en Miami, pero consultan muy poco a los habitantes de la isla. (El subrayado es mío.)

Ya, aquí, se hace imposible continuar otorgándole a Pedro R. Brieger el beneficio de la duda.

Hasta un niño sabe que en Miami habita más de 1 millón de cubanos. Digamos que 1 millón 200 mil, según el estimado más reciente. Y que, de esta cifra, más de “un puñado” “dicen o hacen” y aun rezan para que se establezca la democracia en su país.

Y eso de que los medios internacionales “consultan muy poco a los habitantes de la isla”, es, por lo apuntado en líneas anteriores, de una candidez que raya en el cinismo mejor elaborado.

Brieger alaba que Cuba es el país latinoamericano con “los menores índices de violencia (...) donde hay menos posibilidades de morir en las calles y donde los muertos por hechos violentos en un año calendario son menores a los de las principales ciudades latinoamericanas”.

Una razón: el control totalitario —eso lo sabe todo el que debe saberlo— consigue que los hechos de violencia común se reduzcan considerablemente.

Otra razón, la más poderosa: en la Isla toda la prensa se encuentra cautiva, toda está en la nómina del Gobierno, el cual ha establecido qué se puede publicar y qué no. Y los hechos de sangre, la delincuencia en general, rara vez, pero muy rara vez se publican. No obstante, podría el director de Nodal.am —si el Gobierno cubano se lo permite— llevar a cabo un recorrido por Cuba... y ya verá que no es exactamente como se lo han pintado.

No podría el che Brieger dejar de lado los “dos grandes logros” de la Revolución cubana: la Educción y la Salud Pública.

Sobre la Educción, Brieger debería saber: en Cuba es gratuita —y pública, toda vez que las escuelas privadas fueron abolidas— para todos, pero con la condición de ideologizar al estudiante.

Una fuerte consigna ha sido “La Universidad es para los revolucionarios”. Así, a no pocas carreras universitarias se han visto impedidos de entrar religiosos de cualquier filiación, incluidos aquellos que solo han manifestado en un formulario su creencia en Dios.

Desde la primaria, resulta manipulada la historia patria y se instauran solamente las asignaturas que se avienen con la ideología castrista. De modo que diversas materias y autores están proscritos.

Desde el primer grado, el niño debe jurar cada mañana: “¡Pionero por el comunismo! ¡Seremos como el Che!”

Durante muchos años, quienes deseaban continuar sus estudios en el preuniversitario tuvieron como única opción asistir a la “Escuela en el campo”. Internados en donde debían trabajar en las labores agrícolas por las tardes. Internados con alimentación deficiente y en los cuales las hembras y los varones convivían en confinamiento precisamente en las edades en que su sexo aflora.

Tal vez huelgue decir que muchos adolescentes que no concebían alejarse de sus padres, decidieron no continuar sus estudios.

Quizás Pedro R. Brieger tenga noticias —de esas que llegan por trasmano, pues en la Isla no se publican informaciones de este tipo— de las más recientes expulsiones de centros universitarios por razones políticas.

Quizás tenga noticia de la notable cantidad de escritores, artistas e intelectuales en general, bien los que viven en el extranjero, bien los que viven en su tierra, que estás censurados en su país y, en muchos casos, los que viven en el extranjero no están autorizados para visitar la tierra donde nacieron.

Por otra parte: ¿se habrá dado cuenta el director de Nodal.am que en Cuba le resultaría imposible escribir periodismo libremente, como sí puede hacerlo él en su país natal o en otro donde no exista un régimen totalitario?

¿Le habrá pasado por la mente al señor Brieger que ningún periodista cubano está autorizado para ensalzar, como sí lo hace él con el castrismo, a una ideología “exótica”?

En cuanto a la asistencia médica “gratuita”, esta ha costado mucho sacrificio, muchos muertos en físico, y muchos muertos en vida, que quizá sea lo más doloroso. Y millones de horas de “trabajo voluntario” —fuerte, agotador, inclemente— así como océanos de eso que el marxismo denomina como “plustrabajo” y que, en el caso de Cuba, debería habernos llevado a esa sociedad con un nivel de vida semejante al de Suecia o al de Estados Unidos, como nos prometieron en el inicio de la década de 1960.

Pero, aun así, convoco a quien fuere a que me demuestre que, en general, la asistencia médica en Cuba es superior que la de la Ciudad de México.

Llego hasta aquí con esta réplica al artículo del señor Pedro R. Brieger, y lo convoco a que me desmienta.

Adelante.

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