Actualizado: 23/06/2017 19:24
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Disidencia, Opositores, Rodiles

Rencillas y súplicas

La disidencia cubana con una mayor caja de resonancia en Miami persiste en repetir errores

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Entre rencillas internas y súplicas o reclamos al gobierno estadounidense de turno transita la oposición cubana.

De las declaraciones de Antonio Rodiles al Nuevo Herald se desprende que:

  • Los activistas de la llamada disidencia, oposición, sociedad civil u otra denominación, con posibilidades de divulgación en Miami, continúan aferrados a un discurso dependiente de Washington. Esta retórica les brinda ventajas y desventajas, que vienen desarrollando año tras año. Al intentar depender los avances o retrocesos de una supuesta lucha por la democracia en Cuba participan, sin reconocerlo, en un debate político extraterritorial que les permite justificar sus fracasos o la imposibilidad de un avance en sus reclamos a favor de los derechos humanos con argumentos ajenos. En este caso la proposición no se refiere a ayuda económica del Gobierno estadounidense a través del exilio —que puede ser cuestionable, pero al mismo tiempo se debe aclarar que admite varias respuestas— y tampoco al apoyo a la disidencia por parte de Washington que se solicita —y que por otra parte nunca ha cesado— sino a acciones directas de la Casa Blanca para resolver el problema cubano.
  • El papel a desempeñar por el Gobierno de Estados Unidos, en su relación con el cubano, se convierte en la clave sobre el destino político, social y económico de la isla. Lo que lleva a una admisión de dependencia extrema.
  • La relación entre La Habana y Washington debe definirse, según esa oposición, en términos de presión económica, aunque en ocasiones se intente manifestarse no tan claramente al respecto. Las referencias a “entrada económica”, “beneficio al régimen” y el permitir “sobrevivir” al sistema imperante en Cuba se asocian con una supresión de fuentes de ingreso, en las cuales no resulta fácil aislar la parte destinada al gobierno —ya sea directamente mediante gravámenes, impuestos u honorarios, o indirectamente por otros medios de comercialización como la empresa estatal— y lo que va a parar inmediatamente al bolsillo del ciudadano de a pie. Como en ocasiones anteriores, los postulados de Rodiles evidencian la voluntad de privar de fondos al Gobierno de La Habana por cualquier medio, incluso aunque ello signifique mayores sacrificios para la población cubana. Bajo tal enunciado se vuelven a repetir dos principios de vieja data en Miami: la teoría de la “olla de presión” y la tesis del aislamiento comercial, financiero y económico. Curiosamente estos dos principios, de los cuales Rodiles hace no solo una amplia defensa sino una petición urgente, son abrazados con fervor emocional —más que con racionalidad— por un sector del exilio que se niega a reconocer que en la práctica han fracasado una y otra vez.
  • La exigencia de protagonismo como razón de ser y no como consecuencia de una acción. Protagonismo que por otra parte no se busca en el supuesto territorio de la lucha política, sino en el mapa de configuración de las definiciones. Así surge una y otra vez el reproche de haber sido “invisibilizados” por el Gobierno de Barack Obama en una negociación entre Estados. Reproche que, por otra parte, no toma en cuenta que esa propia administración, que de forma tan vocinglera han manifestado detestar, estuvo durante ochos años contribuyendo fundamentalmente a su mantenimiento económico, de forma directa o indirecta.
  • La pésima costumbre, entre grupos opositores, de hacer públicas sus diferencias y manifestar sus críticas en el exterior. Al argumento en favor de tal actitud, de que ello implica transparencia y pluralidad democrática, debe contestarse con la aclaración de que por lo general las manifestaciones críticas hacia otros grupos pretenden disminuir otros esfuerzos con imputaciones y declaraciones de superioridad. Rodiles calificó de “fantasía” la campaña por un plebiscito en Cuba liderado por la activista Rosa María Payá, de acuerdo a lo publicado en el Nuevo Herald. También dedicó “duros términos” a la estrategia seguida por activistas del proyecto Otro 18, de acuerdo a la misma fuente.
  • Parlamentos como el de Rodiles, que siempre cuentan con la complacencia de la prensa de Miami, no se libran de caer en lo que en términos cubanos podría llamarse “Política Cómica” o en expresión más universal catalogar simplemente de farsa: “Todo lo que esté dando beneficio al régimen y no al pueblo debe ser revertido”. Los opositores tendrían entonces que “explicar” al pueblo el objetivo político de medidas que podrían afectarlos directamente, de acuerdo al Nuevo Herald.

La conclusión entonces es que el natural “campo de batalla” de la oposición cubana se traslada a las plácidas playas y las congestionadas calles de Miami, para agregar un poco más de ruido a la ciudad.


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