Actualizado: 23/08/2017 14:28
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Licencias, Scenius, Cuba

Sobre licencias y «escenarios» en Cuba

Para la conciencia colectiva cubana las malas noticias temporales tienden a convertirse en permanentes, y esa conciencia no es casual

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Mucho ruido provocó en Miami la semana pasada el anuncio del Gobierno cubano de que suspendía temporalmente la autorización de licencias para el trabajo por cuenta propia. Y no solo aquí, sino también en la Isla. Mientras por acá los de siempre —que son muchos— se alegraban “porque una vez más se demostraba que todo era mentira”, por allá se escuchaba un lamento peculiar: que no bastando con el sopapo que Trump les había metido desde Miami al compás himno americano, ahora los volvían a apretar desde La Habana entonando el himno nacional. Muchos también vieron por allá la medida del Ministerio de Finanzas y Precios, no como algo temporal para mejorar, sino como algo permanente para empeorar.

Para la conciencia colectiva cubana las malas noticias temporales tienden a convertirse en permanentes, y esa conciencia no es casual. Ha sido alimentada durante años por la poca transparencia gubernamental, el autismo de la prensa oficial y una endémica falta de confianza popular en el mañana. Y en dicha conciencia colectiva cubana al parecer la única confianza tangible en el momento para ganar un poco más de dinero es trabajar de cualquier forma en “lo particular”. La propia Asamblea del Poder Popular ha tratado alarmada el problema hace pocos días: en el “Polo Científico” nacional los cerebros, en vez de dedicarse a la investigación o al descubrimiento, lo que ansían es manejar un taxi o servir un trago en alguna paladar porque el salario que tienen “ni los motiva ni los alienta”[1].

La creación del sector empresarial privado por parte del Gobierno cubano, o como la corrección política lo denomina, “cuentapropismo”, no fue producto de un imperativo moral o altruista, sino de un urgente imperativo económico. El Estado cubano, no siendo ya capaz de brindar a cada ciudadano un puesto de trabajo, ni una básica alimentación familiar a precios subsidiados, cesó en la pretensión y promesa de ofrecer el “derecho al trabajo” como conquista social. Y qué otra cosa le quedaría por hacer a un estado responsable y amante de sus ciudadanos, si no es darle entonces la oportunidad de que se buscaran la vida “por su cuenta”. Y de ahí se originó el eufemismo.

Por eso es sereno y racional pensar que como han prometido los altos funcionarios que se han referido públicamente al tema desde dos ministerios, se volverán a otorgar licencias para que cada cual se busque la vida como pueda, tras el objetivo fundamental de “ordenar el sector”, una legítima responsabilidad gubernamental en cualquier parte del mundo, mientras no se convierta en un ordenamiento donde el Estado legisla para sacarle todo lo que pueda al ciudadano a cambio de otorgarle un permiso; un “ordenar el sector” en que también se le brinden al ciudadano facilidades y condiciones para que desarrolle exitosamente su labor y a cambio que cumpla —como en cualquier país civilizado— con la legalidad de sus impuestos, ambas cosas que hasta ahora no suceden en Cuba, ni de una parte ni de la otra.

El Ministerio de Finanzas y Precios también ha causado otro caso en estos días, aunque sin igual repercusión en la prensa ni en la sociedad. Se trata de la clausura de la cooperativa Scenius[2], dedicada a la contabilidad y asesoramiento empresarial. No fue una advertencia, ni una multa o una sanción administrativa; el ministerio fue directamente a su “extinción”. Es legítimo preguntarse cuál fueron, si algunos, los crímenes de los cooperativistas. Scenius servía al sector estatal y también al privado en la isla. El argumento oficial para el cierre es que dicha cooperativa, compuesta por unos 300 ciudadanos, se había “extralimitado en sus funciones”. Sin embargo, no todo ha terminado. En un gesto al parecer sin precedentes, la Asamblea General de socios de Scenius determinó en sesión plenaria[3] el mismo día en que conocieron de ella, contestar de forma administrativa la medida del Ministerio de Finanzas y Precios y demandarlo si es preciso ante los tribunales para retar su decisión.

Es una buena ocasión para ver cómo se comportan los tribunales de la República de Cuba cuando de una parte tienen a un organismo del estado y de la otra a un grupo de ciudadanos quienes no tienen otra defensa —Frente al poder del estado— que la esperanza de una justicia administrada por ese mismo Estado. Juez y parte; a ver si nos enteramos cuáles y de quién fueron los crímenes.


[1]http://www.cubadebate.cu/noticias/2017/07/12/a-debate-en-el-parlamento-fluctuacion-laboral-del-potencial-cientifico-en-cuba/#.WYuG6FGGO70

[2] Scenio: colectivo en el que aparece una creatividad y genialidad desusada. Definición alternativa: “forma comunitaria de genio”. Costituye un neologismo del que se derivaría la propiedad de ser un scenio: la scenialidad o escenialidad (forma comunitaria de genialidad).

[3] Blog Cuba y la Economía: http://cubayeconomia.blogspot.mx/2017/08/respuesta-de-cooperativa-no.html


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