¿Dinero para la guerra?
Que en Colombia uno de cada tres pesos recaudados mediante el denominado "impuesto al patrimonio" tenga que ser dedicado a Defensa e Inteligencia, no es sólo la constatación de que este es un Estado fallido (el segundo de América Latina, sólo superado por Haití, y el número 14 del mundo), sino de hasta qué punto la guerra afecta la agenda social de cualquier gobierno.
El dinero, según el gobierno de Bogotá, se utilizará, entre otras cosas, para blindar los movimientos de tropas terrestres, los más expuestos al fuego de la guerrilla.
Coincidiremos en lo terrible que representa dedicar a temas bélicos la mayor cantidad de dinero de los últimos 30 años. Suena catastrófico que un país deba desembolsar, para dichos menesteres, cifras millonarias que podrían ir a partidas socialmente más útiles; sin embargo, en cualquier caso, la responsabilidad es de los terroristas (tanto guerrilleros marxistas como paramilitares de ultraderecha) que mantienen a la nación en una situación límite.
Algunos, sin embargo, recriminan al gobierno de Uribe por destinar tales recursos a la lucha contra guerrilleros y paramilitares. Estiman que el ejército es tan culpable como los otros (los malos), y que no hay que invertir en asuntos de guerra, porque el ejército, repito, también es culpable de violaciones de derechos humanos.
No sólo me parece extravagante comparar las arbitrariedades del ejército, que existen, con la guerra criminal de más de 40 años de los guerrilleros de las FARC y el ELN contra las instituciones del Estado, para implantar un modelo totalitario en Colombia. Aquí lo que existe es un enfrentamiento entre quienes defienden la democracia, con abultados errores, incuestionablemente, y los que la pretenden derrocar.
El hecho de que el ejército colombiano esté infiltrado por mafiosos y de que más de un oficial haya sido acusado por sus vínculos con los paramilitares, no es razón suficiente para negar la modernización de las fuerzas armadas. Por una parte, el ejército colombiano probablemente sea una institución que merezca una depuración profunda; por la otra, en la lucha contra el terrorismo y la insurgencia, NO todo vale. Allí donde fuere, lo primero son los derechos humanos, y ni siquiera los terroristas merecen ser tratados como animales.
Dicho esto, ¿qué puede pedírsele a Colombia en relación con la necesidad de combatir a las guerrillas extremistas y a los ejércitos de delincuentes armados? ¿Qué se desarme? ¿Qué deje envejecer su arsenal, mientras las bandas continúan matando y secuestrando civiles?
Hay veces que lo políticamente correcto nos vence. Si dedicar a Defensa uno de cada tres pesos recaudados del impuesto al patrimonio —más los presupuestos ordinarios anuales— es una opción socialmente dramática, no atender las necesidades de un país en guerra significa terminar entregándolo a los terroristas. Salvo que se entienda que el conflicto colombiano tiene otras salidas ("políticas", me dijo en una entrevista en Madrid el ahora presidente ecuatoriano Rafael Correa).
No sé a qué se refieren exactamente los defensores de la vía política para terminar con la insurgencia en un Estado democrático, entre ellos algunos miembros del opositor Polo Democrático Alternativo (porque las FARC piden la demolición del Estado democrático y el fin del capitalismo); pero sería bueno que lo aclararan. Sobre todo para saber a qué atenernos y valorar sus propuestas. Quizás son estupendas y lo que pasa es no nos hemos enterado.
P.D: - Hay un señorito que ha pedido desde las páginas de Kaos en la red la "necesidad de unas FARC españolas". Así son las cosas de esta España en que vivimos. Todavía no veo el fiscal que pida interrogarle por exaltación del terrorismo y la violencia. No se puede utilizar un medio de comunicación para instar un levantamiento en armas, sobre todo en una España en la que caben todas las ideas, monárquicas, independentistas, anarquistas…
Sí
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19/09/2007 19:08
Sí