Comentario de Anonymous User (Juan Antonio Blanco)
Modificado: 27/06/2008 19:32
Otro acierto de Jorge Ferrer éste de llamar nuestra atención sobre el controvertido tema de la reconciliación. Y lo hace adicionando un magnífico texto escrito con vertical honestidad por Fernando Villaverde en que refleja algunas de las dificultades existentes para el abordaje de este tópico. Las que emanan de vejámenes y ultrajes que incluso hoy están plenamente vigentes. Hay también otros aun peores: los daños irreversibles inflingidos a todas las víctimas de más de cinco décadas de conflicto violento en Cuba.
Pero, como si lo anterior no fuese suficiente, existen también dificultades adicionales que se derivan de las diversas interpretaciones que se atribuyen al concepto de “reconciliación”. Esas merecen un comentario y un diálogo más extenso entre nosotros, pero adelanto que hay una diferencia sustantiva entre la aproximación religiosa y la laica. En la segunda la reconciliación no es vista como el perdón que el buen cristiano, según algunos, estaría obligado a extender a sus victimarios, ni se conecta con ciertas dudosas presiones para clasificar como “políticamente correcto” que en efecto existen y con razón denuncia Villaverde.
No soy teólogo así que dejaré la interpretación religiosa de la reconciliación a aquellos entendidos en esa materia, pero me dedico profesionalmente a asistir a personas y grupos interesados en trascender conflictos por lo que adelanto un par de observaciones sobre la concepción alternativa del término.
La aproximación laica no supone el deber de olvidar el pasado, amar al verdugo ni extender perdón a los victimarios, sino que entiende la reconciliación como construcción de instituciones y normas que sean respetados por todos para que los enemigos transiten hacia una coexistencia no violenta y una convivencia normada de las que son en lo adelante corresponsables. La reconciliación laica no elude la necesidad de justicia, pero se vale de sus diversas formas de aplicación para responder a distintos tipos de culpabilidades. Considera que perdonar es el privilegio exclusivo de las víctimas, pero el verdugo, para aspirar a recibirlo, debe mostrar genuina constricción lo que supone algo más que la simple admisión de lo sucedido.
Suponer que los antiguos republicanos aman a los franquistas y viceversa en la España actual, que los han perdonado o que han olvidado sus crímenes recíprocos, tiene poco que ver con la realidad, aunque haya casos excepcionales que sirvan para confirmar la regla. Lo mismo sucede en otras latitudes que fueron sacudidas por violentos conflictos. Víctimas y victimarios cenan en los mismos lugares, pero no en la misma mesa. De hecho algo así se ve ya hasta en los restaurantes de Miami, donde la obligada convivencia está normada por las leyes estadounidenses aunque persistan rencores y odios entre muchos de los que hoy cohabitan esa ciudad y antes se enfrentaron en Cuba. Y entre los primeros objetivos de la reconciliación laica está el de construir la normatividad de una nueva convivencia entre personas y grupos cuyas heridas no han cicatrizado.
Pero no me voy a extender más aquí sobre el tema. Ya he abusado de este espacio. Intentaré retomarlo en mi blog más adelante.
Una vez más, mi sentido agradecimiento a Ferrer y a Villaverde por introducir un asunto, delicado pero ineludible, con la honestidad y decencia que todo intercambio sobre el mismo demanda.
NOTA: Colgué por error este comentario en un posting anterior de este mismo blog. Mis excusas.
Comentario de Anonymous User (Juan Antonio Blanco)
Modificado: 27/06/2008 19:32
Otro acierto de Jorge Ferrer éste de llamar nuestra atención sobre el controvertido tema de la reconciliación. Y lo hace adicionando un magnífico texto escrito con vertical honestidad por Fernando Villaverde en que refleja algunas de las dificultades existentes para el abordaje de este tópico. Las que emanan de vejámenes y ultrajes que incluso hoy están plenamente vigentes. Hay también otros aun peores: los daños irreversibles inflingidos a todas las víctimas de más de cinco décadas de conflicto violento en Cuba.
Pero, como si lo anterior no fuese suficiente, existen también dificultades adicionales que se derivan de las diversas interpretaciones que se atribuyen al concepto de “reconciliación”. Esas merecen un comentario y un diálogo más extenso entre nosotros, pero adelanto que hay una diferencia sustantiva entre la aproximación religiosa y la laica. En la segunda la reconciliación no es vista como el perdón que el buen cristiano, según algunos, estaría obligado a extender a sus victimarios, ni se conecta con ciertas dudosas presiones para clasificar como “políticamente correcto” que en efecto existen y con razón denuncia Villaverde.
No soy teólogo así que dejaré la interpretación religiosa de la reconciliación a aquellos entendidos en esa materia, pero me dedico profesionalmente a asistir a personas y grupos interesados en trascender conflictos por lo que adelanto un par de observaciones sobre la concepción alternativa del término.
La aproximación laica no supone el deber de olvidar el pasado, amar al verdugo ni extender perdón a los victimarios, sino que entiende la reconciliación como construcción de instituciones y normas que sean respetados por todos para que los enemigos transiten hacia una coexistencia no violenta y una convivencia normada de las que son en lo adelante corresponsables. La reconciliación laica no elude la necesidad de justicia, pero se vale de sus diversas formas de aplicación para responder a distintos tipos de culpabilidades. Considera que perdonar es el privilegio exclusivo de las víctimas, pero el verdugo, para aspirar a recibirlo, debe mostrar genuina constricción lo que supone algo más que la simple admisión de lo sucedido.
Suponer que los antiguos republicanos aman a los franquistas y viceversa en la España actual, que los han perdonado o que han olvidado sus crímenes recíprocos, tiene poco que ver con la realidad, aunque haya casos excepcionales que sirvan para confirmar la regla. Lo mismo sucede en otras latitudes que fueron sacudidas por violentos conflictos. Víctimas y victimarios cenan en los mismos lugares, pero no en la misma mesa. De hecho algo así se ve ya hasta en los restaurantes de Miami, donde la obligada convivencia está normada por las leyes estadounidenses aunque persistan rencores y odios entre muchos de los que hoy cohabitan esa ciudad y antes se enfrentaron en Cuba. Y entre los primeros objetivos de la reconciliación laica está el de construir la normatividad de una nueva convivencia entre personas y grupos cuyas heridas no han cicatrizado.
Pero no me voy a extender más aquí sobre el tema. Ya he abusado de este espacio. Intentaré retomarlo en mi blog más adelante.
Una vez más, mi sentido agradecimiento a Ferrer y a Villaverde por introducir un asunto, delicado pero ineludible, con la honestidad y decencia que todo intercambio sobre el mismo demanda.
NOTA: Colgué por error este comentario en un posting anterior de este mismo blog. Mis excusas.