La «Villa Miseria» del ICAIC + Dayron Robles, feliz
Sergio Giral (La Habana, 1937), cineasta cubano residente en Miami desde 1991, ha escrito Villa Miseria, una novela en la que evoca su vida en La Habana de los sesenta, precisamente los años en que comenzó a trabajar en el ICAIC. Entre otras películas, Giral dirigió la trilogía formada por El otro Francisco (1973), El Rancheador (1975) y Maluala (1979).
Villa Miseria toma el título del paródico nombre que le dieron a la antigua casona de la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, 23 y 4, Vedado, sus primeros residentes, jóvenes cineastas que animaron a Alfredo Guevara a solicitar a la Reforma Urbana el usufructo de la casa, a apenas unas manzanas de la sede del ICAIC. Instalados en ella, la convirtieron en una suerte de comuna artística en los primeros años de revolución.
Giral, quien fuera uno de los inquilinos de «Villa Miseria», dibuja en el segundo capítulo de su novela, el paisaje de uno de tantos de los experimentos que jóvenes artistas cubanos impulsaran en aquel ambiente de entusiasmo que inauguró en tantos la todavía difusa, aunque cada vez más asfixiante, política cultural de la revolución triunfante.
Agradezco a Sergio Giral, cuya novela abre una perspectiva íntima de aquellos años del cine cubano, el ofrecimiento de un fragmento de su libro inédito para los lectores de El Tono de la Voz.
Por Sergio Giral
Capítulo 2
LA VILLA
Llegamos a la Villa, un caserón que hacía esquina en una importante calle del Vedado. Se encontraba en altos, sobre una casa de iguales dimensiones. Había sido construida a principio del siglo XX bajo la inspiración de un neoclásico trasnochado. Se trataba de una arquitectura de amplios ventanales y balcones que hacían la casa comunicativa y abierta. Elementos tamizaban la luz a través de sus rejas y vitrales de medio punto coloreados le daban un tono peculiar.
Subimos las escaleras con peldaños de mármol blanco que terminaban en un largo pasillo. Al frente de éste, una amplia galería abierta daba acceso a una espaciosa terraza que rodeaba la mansión y permitía una vista panorámica de las calles cercanas. La Villa contaba con cinco dormitorios, una cocina y una sala de baño. Todas las puertas daban al pasillo.
En el pasado y según Pepe A., la Villa había sido un destacado Centro Cultural, donde artistas e intelectuales conspiraban contra el gobierno de Batista. Se sospechaba que entre ellos había miembros del Partido Socialista Popular, hasta ese momento tolerados por la dictadura. Fuera cierto o no, generalmente a los amplios de pensamiento se les colgaba el San Benito de “comunista”.
En aquella época, la galería abierta que daba a la terraza había servido de biblioteca. Un enorme librero que dominaba toda una pared acumulaba las más preciadas obras de la literatura nacional y otros clásicos universales. La biblioteca contó con tomos de El Capital de Marx y El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, de Engels pero éstos habían sido retirados a tiempo en una ocasión en que la jauría del SIM hizo un asalto inesperado a la institución cultural.
En medio del salón se encontraba la presencia severa de un Westminster vertical en caoba, instrumento que deleitaba al público en veladas musicales a manos de prestigiosos pianistas. Del cielo raso colgaba una araña de siete brazos e incandescentes bombillos que simulaban velas y daban al salón una elegancia versallesca admirada por todos sus visitantes. En las paredes colgaban pinturas. Allí se podía disfrutar la delicada monocromía de un Fidelio Ponce, las gitanas tropicales de un Víctor Manuel y los telúricos africanismos de Wifredo Lam, entre otros abstractos y modernistas del patio.
En una de las cinco estancias restantes había estado la oficina del Director. Un amplio buró de caoba, archivos de la misma madera y estantes donde se alineaban tomos de cantos gruesos e impresiones doradas que podían ser una colección de tratados legales; una enciclopedia Espasa y otra Larousse y diccionarios de varias lenguas, en las que se incluía el ruso. En la pared detrás del buró colgaba un retrato del Apóstol de la Patria.
Otra de las estancias, amplia y con balcón a la calle, servía de salón de estar, amueblada con mullidos butacones de piel y junto a éstos, ceniceros de pie lustrosos. En la cuarta habitación se encontraba la oficina de administración con un par de buró y archivos metálicos. En una pared colgaba otro retrato del Apóstol y en otra, la insignia nacional. El quinto espacio, y más pequeño, se encontraba junto a la cocina y había servido de dormitorio al ujier, encargado y mensajero de la institución.
Al triunfo de los rebeldes, la Villa se convirtió en tribuna revolucionaria y se decía que un argentino guerrillero había dicho su primer discurso en la biblioteca de la casona. De ese discurso no quedaba nada registrado y resultaba difícil precisar, porque en los primeros días del arrebato, los nuevos señores de la ley hablaban por todas partes hasta por los codos. Me imagino una diatriba sobre el viejo orden que ahogaba a artistas e intelectuales y la alfombra roja que los conduciría a un futuro luminoso.
Al poco tiempo se llegó al consenso de que la Institución no tenía razón de existir, ya que la Revolución se encargaría de magnificar el potencial cultural del pueblo a todo lo largo de La Isla y la cultura dejaría de ser privilegio de unos cuantos elegidos. No sabiendo que hacer con la Villa, se ideó convertirla en una comuna de desalojados. Los huéspedes serían cineastas y escritores sin casa ni rumbo. Naves que atracan a un embarcadero forzados por el naufragio, previamente seleccionados por la dirección de los Estudios de Cine, bajo condición de ser fiel al sistema, poseer algún antecedente insurreccional y haber convencido a alguno de su talento creador. Uno de estos beneficiados fue Pepe A., que ingresara a los Estudios como director de documentales de tema militar.
Desde entonces, la Villa había cambiado mucho. Del mobiliario de la galería sólo quedaba el enorme librero donde se amontonaban tomos sin orden alguno. La araña del techo ahora con cuatro brazos desprovistos de bombillos. En las paredes colgaban algunas pinturas supervivientes de la rapiña estatal. E imperecedero, permanecía en medio del salón el piano Westminster.
Frente a la galería se encontraba la habitación de Pepe A. con balcón que daba a la calle. El recinto estaba ordenado y contenía un mobiliario de diferentes estilos: una mesa con dos largos bancos de grueso cedro noruego, una fiambrera Reina Ana y una cama de espaldar y pielero trabajados con ornamentos orientales, posiblemente chinos. Junto a la cama, una mesita otomana con lámpara de lectura completaba el mobiliario. El resto estaba tomado por libros.
La cama era ancha, pero no lo suficiente para que los dos durmiéramos cómodamente. Además, tenía mis reservas sobre las preferencias sexuales de Pepe A. En realidad no las conocía, por lo que rápidamente le pregunté dónde yo iba a dormir. Pepe A. se encogió de hombros y no dio una respuesta inmediata. Encontré una rápida solución: le propuse a Pepe A. dormir en el piso hasta que las aguas bajaran de Puente Seco y pudiera rescatar mi camastro.
Pepe A. se negó e insistió en que compartiera su lecho. Aseguró que mantendría intacta mi integridad sexual. Nos reímos y me relajé. Pepe A. se dirigió a la fiambrera Reina Ana, abrió una de las profundas gavetas y sacó una botella de ron y dos vasos. La botella estaba entera y en el resto de la noche la vaciamos.
Desperté a la mañana siguiente con un severo dolor de cabeza. Miré en derredor y no vi a Pepe A. Me levanté, fui al balcón y miré afuera. En la planta baja corría un jardín. Los canteros no mostraban flores ni arbustos decorativos, sino un vetusto mango y varias matas de plátano. Justamente frente a la Villa había una bodega y frente a ella una larga cola de vecinos con bolsas y cartuchos de papel.
En una esquina de la cuadra se encontraba el Comité de Defensa, encargado de vigilar y delatar a cualquier vecino sospechoso de conducta impropia e incumplimiento de las normas revolucionarias. Asomado por la calle lateral alcanzaba ver a lo lejos un barrio marginal, conocido como El Fanguito, ya que sus calles sin pavimentar se convertían en un fanguizal al más mínimo aguacero. La mayoría de sus pobladores eran negros y mulatos dispuestos a sacar camorra y ventilarlas a palo limpio o, en su defecto, a puñaladas. El Fanguito era un testigo vergonzoso de las diferencias de clase y dinero del Viejo Orden, que el Nuevo Orden heredaba.
Consulté mi reloj que marcaba las once de la mañana y realicé un pequeño “tour” por la habitación de Pepe A. Descubrí un tocadiscos de aguja y una colección de álbumes de discos. Ojeé algunas de las carátulas: Boris Godunov, Las Baquianas de Villa-Lobos; varios conciertos de Beethoven y Brahms. Y otros menos clásicos: Ella Fitzgerald, Louis Armstrong y blueseros y jazzistas. Elegí uno de los discos de pasta y lo hice andar en el fonógrafo. Era Betsie Smith: “Give a Pickle and a Bottle of Beer”. Una voz genial que venía del más allá, de los espacios reservados a los humillados y preteridos, a los que mueren en la puerta de un hospital por tener el color equivocado.
Terminó el disco y pude escuchar otra música que provenía del exterior. Alguien tocaba en el piano una sonata de Chopin. Las notas caían suaves y melancólicas en la mañana. Sentí nauseas y deseos de algún alimento. Salí de la habitación al pasillo. A aquellas horas de la mañana, las puertas de las demás habitaciones estaban cerradas.
En la galería vi a una mujer de espaldas que tocaba el piano. Su cuerpo era joven y macizo, el pelo negro le caía lacio a la altura del cuello y oscilaba suavemente al desplazar los dedos sobre el teclado. La sonata llegaba a su final. Cuando la mujer dejó de tocar se viró bruscamente para encontrarse con mi mirada. Era hermosa y segura y me recordaba a la heroína de Vivre sa Vie, un filme de Jean Luc Godard que me había gustado mucho.
-Buenos días -le dije.
Ella contestó el saludo y preguntó si yo estaba en busca de Pepe A. Hice una síntesis de lo sucedido en Puente Seco y de como Pepe A. me había recogido en aquel momento de soledad y abandono. Ella preguntó si pensaba quedarme por más tiempo y yo le respondí que no sabía, que todo dependía de Pepe A. Se levantó de la silla del piano y caminó hacia su habitación, la del centro y la mayor del caserón. Le pregunté dónde podía tomar un café. Se detuvo y se volvió señalando con el dedo.
-Abajo. En casa de Mima la Vieja. Allí venden café.
Entró en su aposento y cerró la puerta tras sí. Era Muñeca, la mujer de Villarreal. Constituían un matrimonio responsable del orden y cuidado de la Villa. Él era un apasionado del cine y ella su musa. Los Villarreal resultaban una pareja poco convencional para aquellos días de definiciones ideológicas. Los cuadros que colgaban en las paredes de la biblioteca les pertenecían. Sus padres habían abandonado La Isla en el primer año del régimen y les dejaron como herencia una valiosa colección de pinturas que lograron salvarse de la llamada Recuperación de Bienes Culturales, que no era otra cosa que rapiña estatal
Los Villarreal habían sido instruidos en el amor al arte y la literatura y por el fuego de la juventud encontraron en el nuevo sistema un orden propicio para el desarrollo de sus sensibilidades. En los primeros años se les vio fuertes defensores del proceso, discutiendo corrientes estéticas y teorías literarias de alcance universal. Pero tanto liberalismo terminó estrellándose contra el dogmatismo cotidiano
Tiempo después, cuando compartí la mesa de póquer que se abría los sábados por la noche, les oí expresar claramente sus desavenencias con la línea cultural del gobierno. Citaban casos de prohibiciones y censuras a los que eran sometidos artistas e intelectuales que no seguían fielmente las orientaciones del Partido.
Todas las mañanas, los Villarreal salían rumbo a los Estudios, separado de la Villa por cuatro escasas calles. Muñeca quedaba en la casa sentada al piano e interpretaba a Chopin. Al mediodía los esposos hacían un paseo por el barrio y almorzaban en un cafetín cercano. Regresaban al atardecer y se reunían con Pepe A., con el que mantenían una estrecha amistad. Reunidos en la biblioteca revisaban libros y tomaban té o café servido por Mima la Vieja, una negra que habitaba el caserón inferior del edificio.
Hasta entrada la noche se narraban argumentos fílmicos. Discutían el existencialismo Godard, la incomunicación de Antonioni, el teologismo de Igmar Bermang, el asombroso deshielo del realismo socialista, la implacable cotidianidad de Milos Forman, y los destinos de Polansky.
Mima, la vieja servía las infusiones y antes de marcharse hacía comentarios sobre el piano. Una premonición sobre el destino del Westmister cuando los Villarreal abandonaran La Isla. Villarreal reía de las ocurrencias de la negra y prometía que ellos nunca se irían y mucho menos abandonarían el piano de Muñeca. Una sabia sonrisa cruzaba el rostro apergaminado de Mima la Vieja y dejaba escapar una risita incrédula.
-Lo que va a suceder, déjenselo a los santos.
Y se marchaba con su minúsculo cuerpo de vieja reina yoruba. Realmente, fueron los Villarreal los que apodaron la casa con el fatídico mote de Villa Miseria.
A los demás habitantes de la Villa los fui conociendo poco a poco.
UPDATE:
A esta hora, el nombre de Dayron Robles sigue debajo de la carta que un centenar de atletas envía a Hu Jintao reclamando libertad de expresión y opinión en China y Tibet. Léasela completa aquí.
La presencia ahí de la firma de un atleta que compite en el equipo de Cuba es muy sorprendente. Y, salvo que uno sea un optimista nato, debe pensar que figura a partir de alguna chapucería de los organizadores y/o del desconocimiento, parcial o total, del atleta.
Por lo pronto, Prensa Latina acaba de circular un despacho desde Pekín a propósito de Robles. Y en relación a China, lo que el atleta dijo a la agencia nada tiene que ver con la mencionada carta. Tampoco, es cierto, PL desmiente la información que circula por las agencias de prensa.
Habrá que esperar, pues, a ver si estamos ante un gesto cívico de un atleta cubano que, no por contradictorio, abriría un boquete bien serio en la disciplina deportiva revolucionaria. Dayron, a fin de cuentas, podría regresar, a la vez, con el escudo y encima del escudo.
Pero esto es lo que hay por ahora:
Beijing, 7 ago (PL) El recordista mundial de los 110 metros con vallas, el cubano Dayron Robles, manifestó hoy sentirse feliz de estar en China, nación que en su opinión trabajó duro para merecer y organizar estos Juegos Olímpicos.
Existe gran expectación en el mundo por el duelo con el chino Liu Xiang, estoy contento por saber que mi presencia es muy esperada por millones de personas, quienes desean verme correr contra mi amigo, expresó el atleta a la prensa cubana.
Liu es un excelente atleta a quien admiro y respeto, agregó el deportista de la isla caribeña y aseguró que las relaciones existentes entre ambos son excelentes. (...)
Interrogado sobre su viaje a Cuba desde Europa antes de llegar este miércoles a Beijing, Robles expresó que le permitieron encontrarse con su familia, aunque mantuvo el entrenamiento previsto para la etapa.
Ahora -opinó- solo resta mantener la forma, seguir bien enfocado en el propósito que es luchar por el oro.
El atleta cubano deseó al pueblo chino mucha suerte, felicidad y que disfruten estos juegos.
Al Comité Organizador mi más sincero reconocimiento, por las condiciones creadas para una competencia con la calidad requerida por unos Juegos Olímpicos, realmente son admirables, concluyó.
mgt/leg
PL-104
De contra:
Desde La Habana, Lázaro Saavedra da noticia de nueva «intervención» de la Policía Nacional Revolucionaria, tan desvelada siempre por el arte cubano.
Los artistas participantes y organizadores de la exposición colectiva REFERENCIAS TERRITORIALES les ofrecemos nuestras disculpas por la forma en que se vio interrumpida la muestra. Agradecemos a todos los que asistieron así como a los que se mantuvieron en el lugar brindándonos su apoyo.
Con anterioridad se hicieron las coordinaciones , solicitaron y obtuvieron los permisos correspondientes para intervenir el muelle en:
Sede del Gobierno de la Habana Vieja
Sede del Partido de la Habana Vieja
Contrainteligencia de la Habana Vieja
No obstante minutos después de la inauguración se presentaron las autoridades de la PNR planteando que no habían sido informados y que debía suspenderse la exposición, quitando la luz, inhabilitando con ello los equipos de proyección y obligando a salir al público asistente. Posterior a ello, a pesar de haberse comunicado con las instancias que habían aprobado el proyecto alegaron problemas estructurales del muelle y que nos faltaba el permiso de la Capitanía del puerto. Por una parte trabajamos de conjunto con un arquitecto teniendo un dictamen técnico que avala la seguridad del muelle y con relación a lo segundo, la guardia costera nos bahía visto trabajar en el montaje desde hacía una semana, soldando y quitando vigas, probando luces y sonido de noche etc. Ninguno de los organismos que nos concedió el permiso informó sobre la necesidad de contactar con la Capitanía del puerto. La policía se presentó justo a la hora que les habíamos informado inauguraríamos (momento oportuno no dejándonos margen de tiempo para encontrar soluciones).
Agradeceríamos a todos los que pudieron tomar fotos o videos que se comuniquen con nosotros pues nos gustaría tener estos materiales. Nos seria de gran ayuda en la tarea de documentar todo el esfuerzo que dedicamos a este proyecto. Igualmente los periodistas y críticos que necesiten más información visual o teórica del proyecto pueden comunicarse con:
Yeny o Alejandro - 6417124
Adriana – 8737689
Sí
No
07/08/2008 16:55
Sí
por (Usuario no autenticado) 07/08/2008 19:24
Ferrer, gracias por este fragmento de la novela de Giral. Curiosamente en esa casa vivía (o vive) años después la escritora cubana Ena Lucía Portela. Me hizo recordar el Solar de los Intelectuales en la Habana Vieja donde también coincidieron en comuna algunos artistas y escritores cubanos.
por (Usuario no autenticado) 07/08/2008 19:27
Esperemos pues la publicacion de la novela de Giral.
En cuanto a lo de Dayron veremos en que termina, pero creo que sera en una rectificacion diciendo que era otra cosa lo que firmaba; como va un atleta de la cuadra del comandante -- y posible medalla olimpica -- estar pidiendo libertad de expresion y reunion? De todas formas talvez, por las dudas, lo envien "a otras tareas que posteriormente le seran asignadas"
por (Usuario no autenticado) 07/08/2008 21:56
En mismo ese solar vivian tambien mi querida Ena L y su Madre en nuestros anios de Fac en los 90's, alli en ese amplio balcon fumabamos y hablabamos de S Kirkegard, y ella dejaba sus manos en el reverso de una fotografia. Me pregunto si ya desde los 60's vivian alli sus padres, y hasta el mismo H G su benefactor.
por Roberto Fernandez Rizo (Usuario no autenticado) 07/08/2008 18:37
A los artistas plasticos de la isla que se interesen en documentar con sus obras y exposiciones la realidad de la Cuba de hoy les espera una confrontacion directa con el regimen y su perros guardianes. Y es a muerte.
No olviden la cercania que sienten ellos del minuto final. El gato acorralado, cada dia mas contra la pared,
araña y muerde.
Valor y dignidad si deciden enfrentarlos. Ni un paso atras. No hay gloria mas grande.
Tampoco piensen que la historia y los hombres los tacharan por hacer lo contrario. No todos tenemos esos condimentos heroicos y epicos.
Pero estar del lado de la bota militar de cualquier manera, son otros cinco pesos.