HABÁNAME: “Entre la espada y la pared”, por Wendy Guerra
Yo cuento literariamente lo que aquí muy pocos quieren o se atreven a editar, para mí contarlo es respirar.
¿Conocen lo que se siente si colocas a un personaje en cierta situación… y, ese personaje comienza a pelear solo, sin ti, independiente? Ellos no tienen tu nombre, pero tu lengua y tus dolores se parecen.
No soy una autora política, pero es la política de la vida real quien me acorrala entre la espalda y la pared.
Cuando hacía televisión vi como varios colegas bajaban sus cámaras para no buscarse problemas, pero pude ser testigo de muchos compañeros que intervenían en zonas complejas y ayudaban en derrumbes, ciclones; sin dejar registro intentaban dar auxilio. Muchos de estos colegas se encuentran hoy en emisoras o televisoras de todo el mundo.
Mis libros llevan los personajes al límite, tanto los editores como los lectores -no cubanos- se preguntan cómo es posible vivir al filo de esa navaja. Salvarlos o matarlos pero sin venganza, con la naturalidad tórrida que trae el dolor. Con el pulso delicado que controla la farsa. ¿Cómo se logra esto? Yo también me lo he preguntado muchas veces. Los amigos que se van y recorren el teclado de sus días cubanos, tocan los problemas del pasado en grave letanía. A veces nos resultan exagerados. A veces nos resultan bichos raros, pero ellos recorren el teclado conocido de una música cubana y propia que no es para bailar.
No es necesario que los escritores cubanos exageremos. No hay que exagerar, la realidad ya lo hace cada día. Lo interesante es nombrar la herida e ir a curarla con esas palabras que no agravan, que no calan en la lesión. Yo suelo estacionar los personajes ante sus destinos, incómodos en sus conflictos saltan al ruego, luego, es bueno dejarlos ir a las posibles soluciones o suicidios dramáticos.