4 de julio en Miami

4 de julio en Miami

4 de julio en Miami

No

Enrisco

No

Nueva Jersey

No

04/07/2008 6:00

03/07/2008 16:21

No

Humor

No

Texto patriótico para ser leído al calor de un no menos patriótico barbiquiú.

Nos reunimos hoy en la patria de Washington, Jefferson, Lincoln y de ecologistas que gastan más electricidad que toda Centroamérica, para celebrar este día con el mismo espíritu de libertad que en 1776, pero con mucho más colesterol (Aplausos).

En esta fecha se juntan perros calientes, costillas y churrascos con nuestros aliños más autóctonos —cortesía de Goya— para festejar la independencia norteamericana de Inglaterra, que es también nuestra independencia de las mesas redondas, los trabajos voluntarios, los días de la defensa y, sobre todo, la independencia de nuestras suegras y suegros (Gritos: "No todos, no todos").

Aunque hoy aquí, en el exilio, parezca que lo tenemos todo, sabemos que necesitamos algo más que comida y bebida en abundancia; algo que nos eleve el espíritu, como la silicona eleva ciertas partes de nuestras mujeres (Gritos: "No todas, no todas"). Necesitamos algo realmente inspirador, y no me refiero a un descenso en el precio de la gasolina. Necesitamos, en fin, un buen discurso, que nos recuerde quiénes somos, de dónde venimos y por qué pensamos quedarnos aquí todo el tiempo que sea necesario. Ante las difíciles circunstancias en que nos encontramos, lo mejor que podemos hacer es buscar inspiración en el pasado de nuestro país natal (Risas).

A diferencia de los norteamericanos, que cuando se les dice "Lincoln", sólo piensan en un carro que gasta muchísima gasolina, los cubanos rendimos culto a la historia de nuestro país. Todos los 13 de marzo se ataca el Palacio Presidencial, todos los 26 de julio se asalta el Moncada. Todos los días santiagueros, guantanameros, holguineros, tuneros y granmenses, imitando a Gómez y Maceo, emprenden la invasión de Oriente a Occidente, mientras un par de pichones de gallegos les impiden el paso.

La comida es tan abundante como cuando Weyler, y el transporte funciona igual que en tiempos de Guamá. Cada semana, algún europeo descubre Cuba y dice que es la tierra más hermosa del mundo, y sus aborígenes, más sanos que los de ningún otro lugar. Eso no quiere decir que todo esté estancado en el pasado, porque hay cosas que cambian. Gracias al constante flujo migratorio hacia el exterior, Cuba ha pasado de ser "La Llave del Golfo" a convertirse en "El Salidero del Golfo".

Antes, el árbol nacional era la palma y ahora es el marabú, que es más bajito pero más resistente, como el espíritu del pueblo cubano. Y si años atrás, el tocororo era el pájaro que representaba la fauna patria, en la actualidad el ave nacional no tiene tantos colores pero sí más plumas.

En el exilio tampoco nos quedamos atrás. Hace unas semanas se reeditó en tierras mexicanas aquella famosa hazaña conocida como "El Rescate de Sanguily": 35 balseros rescatados sanos y salvos de las garras de las autoridades de inmigración. Ese hecho quedará en las páginas de nuestra historia como "El Rescate de Sanguily Thompson", en honor a las armas usadas en el rescate, o de "Sanguily Franklin", en honor a los billetes usados en el soborno.

Y hay algo que nos enseña nuestra historia patria, que puede guiarnos en los momentos más difíciles, como estos que afrontamos en estos días: no importa lo desesperada que parezca una situación, los cubanos siempre encontraremos una manera de empeorarla y si hace falta, hasta aplaudimos (Aplausos). Por eso quiero despedirme con un grito de combate que nos ahorrará muchos sinsabores: ¡Apaguen la candela, que se queman las costillas! (Ovación y gritos: "¡Apáguenla!", "¡Apáguenla!")