Una herida abierta

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No

Armando López

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Nueva York

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25/06/2008 6:00

24/06/2008 13:48

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Artes Escénicas

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Despedida al bailarín y coreógrafo Jorge Riverón, quien falleció el pasado 16 de junio en Nueva York.

Jorge Riverón, quien fuera uno de los fundadores del Ballet Nacional de Cuba, bailarín de extraordinaria técnica, coreógrafo, maestro de ballet, se fue sin avisar. No con los enormes saltos con que salía de escena en su personaje del "Bobo", de La Fille Mal Gardée, que tantas veces electrizó al público del Gran Teatro de La Habana o la Ópera de París. Esta, su última salida a escena, quizá su última broma, puso a correr a sus amigos. Lo encontraron en su apartamento, quieto, como dormido. Hubo que llamar a sus hermanas Claudia y Mary, que se encontraban en Miami, buscar papeles, coreografiar su despedida. ¿No es acaso la muerte el penúltimo capítulo de la coreografía de la vida?

Pero, ¿cómo organizar la despedida del gran organizador, del bailarín pequeño, lengua dura, contradictorio, alegre, sonriente, que en medio del ritmo vertiginoso de Nueva York y de tener que ganarse los frijoles, siempre encontró tiempo y espacio para organizar (desinteresadamente) exposiciones de pintura y escultura, y hacer que poetas, músicos y amantes de la danza se agruparan en las varias escuelas de ballet que fundó en el área de Nueva York-Nueva Jersey?

Conversador incansable, amante de la bohemia, su mesa en el café de la 10ma Avenida de Manhattan, donde cada noche se reunía con Charles Dunn, Adolfo Vázquez, Brenda Feliciano, Marcial Fernández, Meme Solís, Alberto Morgan, Rosa La Negra, Tania León, Pucha y tantos otros, no está hoy vacía. Ahí están todos, rompiéndose la cabeza, tratando de encontrar maneras de cómo homenajear a Jorgito. Ya le organizaron un concierto, una misa, el funeral en la Capilla de los Actores en la Iglesia de San Malaquías. En fin, esos recordatorios con que los vivos queremos anclar a los que nos dejan.

Conocí a Jorgito en La Habana, cuando era primer solista del Ballet Nacional, y toda una generación de enamorados de la danza nos desvivíamos por ovacionar sus saltos, que ponían verdes de envidia a los primeros bailarines. Seguimos de cerca su carrera junto a Alicia Alonso, sus esperadísimas funciones de La Bella Durmiente en el Gran Teatro de La Habana, aquella inolvidable Coppelia con Alonso, en el Bolshoi de Moscú, sus presentaciones en la Ópera de París, en el Palacio de Bellas Artes de México, en el Colón de Buenos Aires.

Luego de su éxodo del Mariel, ya en Nueva York, reinició su carrera de bailarín por la puerta grande. Recuerdo su Wilfred, de Giselle, con Rudolf Nureyev y Eva Ekdokimova, en el Metropolitan Opera House, y su Bella Durmiente con Fernando Bujones y Diedra Camberry, en el SUNY Theater.

Con los años surgiría el educador, el promotor cultural, el activista por la libertad de Cuba. Porque para el artista, Cuba era una herida abierta. La libertad de su patria fue su gran ballet por bailar. La obra de Jorge Riverón, nacido el 24 de marzo de 1939, la recoge la New Enciclopedia de Oxford 2000, de State University of New York.

Jorge Riverón