En esta sección

Suscríbase a la Revista Encuentro por 2 años

Abilio Estévez en persona

El navegante despierto

Luis Manuel García Méndez

El autor de Tuyo es el reino habla sobre sus obsesiones y sus lecturas, La Habana, Barcelona, la ciudad letrada, y anticipa sus próximas entregas.

 

La escritura imaginaria de Abilio Estévez

Armando Valdés Zamora

Minuciosa disección de la obra narrativa de Abilio Estévez: líneas temáticas, realidad e imaginación, el tiempo y el espacio, lo que Valdés Zamora llama "una fenomenología de su imaginación".

 

LLegada a Barcelona

Abilio Estévez

Capítulo de la novela inédita Defensa de los trenes.

 

Pedro Portal [ECC 51/52]

Trinidad Rolando.

Trinidad Rolando.
Fotografía, La Habana.

|

Imitación de la vida

Alejandro Ríos

Las fotos de Pedro Portalotos "son ventanas abiertas al futuro con las cuales hay que contar para el inventario de sinsabores y sueños".

 

Bitácora

Poesía

Emilio García Montiel

Icono de del.icio.us Icono de Digg Icono de Technorati Yahoo Icono de Meneame Icono de Wikio Icono de FaceBook Enviar Imprimir


Nada, o más bien, muy poco, es lo que ha acontecido. Imperceptiblemente, todo se ha comenzado a repetir y en el puerto las velas tardan mucho más en cuadrarse ante los vientos o la calma.
Nadie parece partir ni retornar porque tal vez es más sencillo desearlo; los batientes anuncios de tormenta son escuchados apenas, y quienes miran al mar siguen masticando con la misma lentitud.
De algún modo, no se ha perdido la belleza, pero llegará el tiempo en que no habrá belleza o vanidad que pueda soportar tanto deseo, y dará igual el hilo de saliva que corre en la camisa
o los restos de aceite y de comida que han reducido el mar. Entonces, nadie podría partir ni retornar aunque quisiese; los cuerpos se descubrirían demasiado sordos, demasiado fláccidos
y sólo servirían para ahogarse en silencio o increpar a la familia por tanta soledad. Si alguien tendiera una mano, tendría que ser lo suficientemente fuerte para desterrarlos de su propia miseria;
ellos lo saben, pero aun así (¡y cuántos barcos no han varado sólo por esperarlos!) temen que sus residuos filiales, esos que alimentaron por su propio miedo, no se hundan del todo,
y que si quieren regresar a tierra, los vientos los desvíen, y que la calma los detenga ante unos puertos no muy diferentes de donde partieron.

Página de inicio: 45

Número de páginas: 1 página

Descargar PDF [34,69 kB]