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    Sobre este blog

    Bestiario de la prensa oficialista cubana.

    Autor: Yodel Pérez Pulido

    Yodel Perez Pulido

    Camagüey, 1978. Licenciado en Comunicación Social, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.

    Contacto: completocamaguey1@gmail.com

     

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    El Tono... en el poscomunismo

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    Tras dieciocho años sin pisar Moscú, una ciudad donde viví algo más de siete años, tengo la extraña sensación de visitar una ciudad que no existe en realidad y me habla de un pasado que tampoco tuvo lugar. Un viaje al pasado puede ser también un viaje a la utopía.

    «¿Se te parece al Moscú que recordabas?», me pregunta el chofer que me recogió en el aeropuerto cuando avanzábamos por la Carretera de los Entusiastas. «Me recuerda a Brighton Beach, la Little Odessa de Nueva York», le digo.

    Luego, el presente de una ciudad me recuerda al futuro que soñaban para ella quienes la abandonaron en el pasado.

    Moverse por el poscomunismo y mi memoria del socialismo real es viajar a saltos.

     

    Tomo notas que me desconciertan.

    Es mayor el desconcierto que me embarga al anotarlas en el cuaderno y releerlas después, que el que me produce asistir al paisaje de Moscú y al paisaje interior de mi reinserción en la ciudad.

    Van pasando las horas y activándose un instinto animal que me hacía moverme ayer, volviendo a medianoche de una dacha en las afueras, como si los dieciocho años que separan a aquel muchacho moscovita que vivía aquí antes del tipo que elige ahora qué línea de metro tomar, qué pasillo para cambiar de una a otra, a qué andén correr porque se le escapa un convoy, no hubieran transcurrido.

    Un automatismo que, no obstante, no produce en mí sensación alguna de rejuvenecimiento o alegría.

    Más bien me resulta tedioso.

     

    «Pero ¿no te sientes feliz de estar aquí?»

    «Enormemente feliz», respondo. «¿Quién ha dicho que constatar la universalidad del tedio no sea un extraordinario motivo de felicidad?»

     

    Además, ahí está el viejo Moscú. Las viejas calles, los recónditos patios. Me asomo a algunos, a pesar de que ahora, privatizados, resultan menos accesibles.

    Ese viejo Moscú vuelve a ser el prerrevolucionario, el Moscú precomunista. Setenta años de dictadura del proletariado no hicieron más mella en él que la piqueta poscomunista.

    Un dato que, en el imaginario libro de cuentas de la historia, uno no sabe si anotar en la columna de los haberes o en la de los deberes.

     

    De contra:

    Aviso: la conexión a Internet desde el hotel es lenta. Extraordinariamente lenta y endiabladamente cara.

    Todo es endiabladamente caro en esta ciudad, como durante tanto tiempo todo fue extraordinariamente lento.

    Intentaré, sin embargo, continuar subiendo notas para los lectores de El Tono de la Voz.

     

    De recontra:

    Un grafitti en la pared lateral del Museo Pushkin. Reza: "Socialismo o Muerte".


    Comentarios precisos

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    «No permitamos jamás que los traidores visiten después el país para exhibir los lujos obtenidos con la infamia», escribió Fidel Castro.

    Uno podría entretenerse juntando palabras sobre su carácter rencoroso, sobre la sensación de derrota que experimenta, sobre la naturaleza perversa de la revolución, etc., etc. Armar párrafos y párrafos.

    Pero no creo que haya comentario más preciso a esa frase que el que me hizo R. esta mañana al teléfono: «¡Que viejo más hijoeputa, asere!»

     

    El próximo 24 de agosto, domingo, se realizará la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing.

    Al término de la misma -será mediodía en La Habana-, todo el mundo pa’ la calle.

    Porque de ese día escribió ayer el roñoso Blogger en Jefe: «¿Por qué no esperamos el final de las Olimpiadas para discutir a fondo y de forma verdaderamente democrática la responsabilidad de todos…?»

    Ya sé que falta mes y medio, pero quienes han esperado décadas, bien pueden esperar otro poquito.

    También sé que la pregunta termina con alusión al «deporte cubano», pero da igual. Llevan años diciendo revolución, cuando había que leer castrismo.

    Avisados quedan: ¡el domingo 24 se rompe el corojo!

     

    Ramiro Valdés «precisó que los comunicadores e informáticos cubanos son un poderoso ejército en guerra contra las agresiones enemigas y no tienen derecho a equivocarse, ni a perder el tiempo.»

    ¡Qué buen nombre para un blog anticastrista! ¡Agresión enemiga!

    Y en cuanto a perder el tiempo, la mejor manera de hacerlo, y lo hacen, es dedicándose a bloquear la información que llega a los cubanos que viven en Cuba.

    A cortar, censurar, bloquear y prohibir. A eso se dedica ese ejército sometido a la disciplina paramilitar de la UCI y arengado con comentarios así de precisos.

     

    De contra:

    La World Association of Newspapers lanza una agresiva campaña para vindicar la importancia de los periódicos impresos en papel. El enemigo a batir es la Internet y, cómo no, Google, la puerta del aleph.

    «La búsqueda la hicimos nosotros. Tú sólo tienes que darle vuelta a las páginas», reza uno de los mensajes. Otro imita el diseño del motor de búsqueda: las webs de los periódicos reciben 1.600 millones de visitas al día, afirma.

    La campaña vendría a responder a los crecientes informes que constatan un fuerte desplazamiento de la inversión publicitaria hacia las webs, en detrimento de la prensa impresa. Los editores ven peligrar su negocio, como las imprentas y los fabricantes de papel.

    Y lloran, porque el que no llora no mama de la teta publicitaria.


    Rumores crecientes

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    El rumor de mañana

    Por Jorge Ferrer

    Sucedió hace unos días: dos empleadas de agencias de viajes intercambiaban comentarios por la línea de chat que utilizan habitualmente para su trabajo. Una lo hacía desde San Petersburgo; la otra, desde Barcelona. Se había producido un alza en el precio de un cupo de billetes aéreos que llevaban días negociando. ''Ya sabes: la crisis'', escribieron desde Barcelona. ''¿Crisis? ¿Qué crisis?'', hubo sorpresa en San Petersburgo. ''¿No sabes lo de la crisis?'' ''No. Pero ¡cuéntamelo, cuéntamelo!'', se animó la rusa.

    No se trata de un intercambio ficticio, y aun cuando uno ha de pensar que la empleada de la ciudad del Báltico vive de espaldas a los periódicos, lo que me sedujo del relato fue la curiosidad que mostró por enterarse de una crisis de la que no tenía noticia. Una vez informada, ya será otra más en este mundo que se desvela por una crisis que va generando noticias con rumbosa asiduidad. También se convertirá en otra propagadora de la mala nueva.

    Las noticias, en efecto, suenan preocupantes a ambos lados del Atlántico. Mucho más preocupantes suenan en Africa, amenazada con la merma de la ayuda al desarrollo por parte de las potencias económicas mundiales. Incremento del precio de los servicios financieros, retroceso del valor del dólar frente al euro, galopante desempleo, correcciones a las tasas de crecimiento previstas. El creciente costo de los alimentos, la amenaza de un colapso alimentario en China y la India dentro de pocos años y el precio del barril de petróleo encaramado a números que parecerían escalofriantes si no fuera porque el presidente de Gazprom, el gigante petrolero ruso, ha dicho que alcanzará los 250 dólares en año y medio, son pavorosas guindas al inquietante e indigesto pastel del porvenir.

    Entre quienes minimizan la gravedad de la crisis y los discursos apocalípticos --piénsese en ese Fidel Castro devenido profeta del fin-del-mundismo--, lo cierto es que la civilización humana se ve ante un reto que pone en cuestión el modelo de crecimiento que ha conocido desde hace al menos tres siglos. Un modelo que parece agotado como la paciencia de Mendel Singer, el Job de la novela de Joseph Roth.

    A veces los árboles no dejan ver el bosque, se suele decir para animar a alguien a adoptar una visión amplia y escapar de la estrecha tiranía de los particularismos. ¿Qué hacer, sin embargo, cuando es el bosque entero el que amenaza con arder? ¿Traen las Páginas Amarillas el teléfono del servicio de bomberos?

    Las discrepancias en torno a la responsabilidad de la crisis --la identidad del pirómano-- ha dividido en bandos a expertos y afectados. Los hay que señalan a los Estados Unidos. Otros apuntan hacia China e India, dos países que están sumando a millones de consumidores a la fiesta de la prosperidad, siquiera relativa. Hay también quienes discuten la existencia misma de una crisis --aquí en España, José Luis Rodríguez Zapatero huyó hasta hace unos días de la palabra ''crisis'' como quien cree que con silenciar un fenómeno se lo conjura.

    Pero más allá de responsabilidades e irresponsables, lo cierto es que el modelo económico sobre el que se ha sustentado la civilización humana durante los últimos siglos está topando con frenos de variada índole. Llamadas de alerta. Estridentes alarmas. Y todos las advertimos a diario. Las notamos aquí en Occidente: las hipotecas, el precio de la gasolina y los alimentos. También, y más dramáticamente, llega el rumor a los más desfavorecidos.

    Algunos piensan que los encargados de apagar el fuego somos todos los nombres contenidos en la imaginaria guía telefónica global a la que aludía antes. A todos corresponde abrir urgentes cortafuegos, mientras reconducimos la economía mundial y la idea de progreso por sendas menos gravosas que las que nos han traído hasta aquí, que bien, pero nos podrán llevar a un mañana insoportable para muchos. Acaso para todos.

    En torno a 800 millones de personas viven hoy en la miseria. Según los demógrafos, en el 2050 los habitantes de este planeta rondaremos el número de 9,000 millones.

    No cabe duda de que para entonces, e incluso mucho antes, el rumor de hoy se habrá convertido en rugiente clamor. Uno que llegará hasta San Petersburgo y más allá, sin necesidad de avisos a través de una línea de chat.

    «El rumor de mañana» aparece publicado en la edición del día 16/07/2008 de El Nuevo Herald, Miami.

     

    De contra:

    Ileana de la Guardia, hija de Antonio de la Guardia, coronel fusilado en 1989, reacciona hoy en El País a nota de Zoé Valdés y a referencias a su padre y a su tío, Patricio de la Guardia, en el último libro de la autora de La nada cotidiana.

    «Desde hace 18 años vivo en el exilio y mi dolor sigue intacto, pero me esfuerzo por llevarlo con nobleza y dignidad, como tantas otras víctimas. Por eso quiero que en mi país el odio y la intolerancia sean, por fin, solo parte del pasado», escribe.

    Aunque lastrado por un «pero» que chirría -más preocupantes le parecen a De la Guardia las «conclusiones» de Valdés, dice, que el suplicio de René Ariza: una muy equivocada inversión de la jerarquía del interés–, vale la pena atender a este artículo al menos por una razón. A saber, la manera en que pone sobre la mesa una posición compartida por muchos hijos de altos dirigentes del castrismo que son o fueron responsables directos de la represión. En el caso de Antonio de la Guardia fue también victima él mismo, como lo es su hija.

    El llamado de Ileana de la Guardia a «un cambio sin venganza» en oposición al supuesto revanchismo de la nota de Valdés –y digo supuesto porque no consigo localizarla a partir de la cita contenida en el artículo– se inserta en el debate en torno a la «reconciliación» del que ya me he ocupado aquí. Vale anotar que la necesaria gestión de los agravios no ha de pasar por la venganza, es cierto, pero sí por la justicia y la memoria. También eso, por suerte, es un rumor creciente.

     

    UPDATE:

    Gameloft, primer distribuidor mundial de videojuegos para teléfonos celulares, anuncia lanzamiento el próximo agosto de Chuck Norris: Bring on the Pain.

    El juego consiste en el enfrentamiento de Chuck Norris a un combinado de fuerzas comandadas por Fidel Castro y Kim Jong Il. Misión: derrotar el comunismo.

    Dado el carácter mítico del que la subcultura freak ha dotado a Norris, no cabe duda de que esta vez sí que ganamos.

     

    UPDATE:

    Vía AdGabber, anuncio publicitario del ron Matusalén, que se vende como "The Spirit of Cuba".

    La idea del anuncio: Fidel Castro expulsa de Cuba al ron. Los cubanos se lanzan al mar desesperados en busca del dichoso líquido. Los tiburones se comen a los cubanos que nadan en pos del Matusalén. Pero aun dentro del vientre del tiburón que los devoró en las aguas del Estrecho de la Florida, los cubanos bailan felices y contentos.

    Un anuncio rotundamente ofensivo con la memoria de decenas de miles de cubanos.

    Los tres anuncios de la campaña aquí.


    El fin del mundo (de Castro I)

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    «Lo mejor siempre será el optimismo. No queda otro remedio. Por eso hablé un día de una especie en peligro de extinción.»

    El bueno de Fidel Castro. Siempre dando alegrías desde su avasallador optimismo. Como si no tuvieran suficientes cosas que lamentar los cubanos -sus cincuenta años de ensañamiento contra Cuba y los cubanos, por ejemplo. Encima tienen que aguantar sus letanías sobre el fin de la humanidad. Asistir a la conversión del dictador comandante en Profeta.

    El guión de estos años de sobrevida de Castro I parece urdido por mentes muy complejas. Si no fuera porque la propia existencia de Fidel Castro es prueba de la inexistencia de Dios, podría verse algo divino en ese Profeta oculto a la vista del pueblo, a cuya vera acuden apenas unos pocos elegidos, que lo califican de "lúcido" (eso dijo Evo, El-hombre-que-pudo-haberse-llamado-Adán) o "cariñoso", que dijo García Márquez (o su mujer). Un Profeta que va desparramando sus "reflexiones" por todo el planeta en delirante sucesión.

    Barba, delirio, ocultamiento, fin-del-mundismo, un pasado discutido con fiereza entre sus adeptos y sus detractores, muchos de los últimos apóstatas del castrismo: lo tiene todo.

    Es curioso el afán por los discursos fin-del-mundistas que ha mostrado el Profeta desde que su decadencia física lo hace atisbar su propio fin. Dueño de un país por medio siglo, figurón de la política mundial durante ese mismo tiempo, verse morir le despierta un deseo febril de imaginar que con él se muere también el mundo.

    Probablemente también siga la información del Near Earth Object Program.

     

    En la edición de The New Yorker, cuya portada se encaramó ayer a todos los periódicos, Making It. How Chicago shaped Obama, de Ryan Lizza. Trae divertido diálogo entre Obama y el senador Rickey Hendon en 1989:

    HENDON: Senator, could you correctly pronounce your name for me? I’m having a little trouble with it.
    OBAMA: Obama.
    HENDON: Is that Irish?
    OBAMA: It will be when I run countywide.

    La portada juega a reinventar ese diálogo imaginando algo como esto:

    X: Is that Muslim?

    OBAMA: It will be when I run worldwide.

    Pero Barack Obama, no se lo olvide, es cualquier cosa menos un musulmán. De hecho, su conversión al cristianismo lo hace, a los ojos del Islam, un apóstata. De manera que merecería todas las muertes. Ya alertaba Edward N. Luttwak en el NYT que un Obama presidente implicará un reto inédito para los servicios de seguridad cada vez que visite un país islámico. Será un blanco doblemente codiciado.

    Por otra parte, la exagerada reacción contra esa portada pone de manifiesto una faceta de Obama intolerante y acomplejada. Por exenta de sentido del humor.

    A mí, por cierto, me sigue pareciendo que la mejor parodia de Barack Obama es la que lo retrata como al Borat de Sacha Baron Cohen.

     

    El presidente ruso se ha reunido este mediodía con los altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores y un gran número de embajadores rusos que viajaron a Moscú para la ocasión. Medvédev expuso las que serán las líneas maestras de la política exterior de su gobierno, una suerte de neoimperialismo light.

    Cuba y Venezuela, que apuestan por relaciones cada vez más estrechas con el Kremlin se quedaron sin regalito. Más bien, todo lo contrario. Entre el puñado de países con los que Moscú quiere reforzar sus relaciones y nombró el presidente hay dos de América Latina: México y Brasil. Y punto.

    Aunque hubo más, sin dar nombres, Medvédev recordó el imperialismo diplomático que pactico la URSS durante la Guerra fría en términos diáfanos:

    «Estamos hartos de hacer inversiones ideológicas. Como saben, las hicimos antes, y sabemos muy bien qué nos reportaron.» Es dinero «gastado infructuosamente para sostener a regímenes corruptos. Eso no volverá a suceder en el futuro.»


    Las elecciones como pantalla

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    La política como videoarte

    Por Jorge Ferrer

    La Virreina - Centro de la Imagen ha inaugurado en Barcelona la exposición Spots electorales: el espectáculo de la democracia, un exhaustivo repaso de la «videopolítica» a través de 2.800 spots electorales seleccionados de entre toda la maraña de palabras y signos que busca convertir la duda o la indiferencia en convicción y la convicción en voto depositado en la urna.

    Se suele atribuir a Otto Von Bismarck el célebre cliché que sostiene que la política es el arte de lo posible. ¿Qué hay, sin embargo, de la posibilidad de que la política sea mero arte visual? ¿Qué de la posibilidad de que sea la artífice de un subgénero del videoarte? Uno tasado en segundos que valen mucho dinero y donde el ideario que anima el ejercicio de la política ya no es la exposición de valores ideológicos, sino la ostentación del ingenio.

    El paseo por toda esa urdimbre de mensajes que buscan incitar al ciudadano a ejercer de tal revela cómo lenguajes y narrativas propias de espacios ajenos a la política han conformado una narrativa de la videopolítica, capciosa y seductora, ajena a la distinción entre la derecha y la izquierda, entre lo verdadero y lo falso.

    «No hay nada nuevo, pero las campañas nunca son nuevas», escribe cierto Roberto Alfa, un frankenstein construido por Jorge Luis Marzo y Arturo “Fito” Rodríguez, comisarios de la exposición, juntando testimonios de jefes de campañas electorales y creativos de agencias de publicidad. «He ahí lo que tiene el espectáculo de la democracia: no importa dónde hayas comprado la entrada, siempre verás el mismo espectáculo».

    Alfa habría dejado escrito un «Diario de Campaña» que los curadores utilizan de apoyo para el libro que sirve a modo de catálogo de la exposición. El pormenorizado recuento del desarrollo de una campaña electoral acompañado de los comentarios de Marzo y Rodríguez al texto ficticio –se sirven de Paul Virilio o George Lakoff– no hace más que aumentar la sensación de desamparo del ciudadano abocado a la realidad de una «política vacía». Una pospolítica que desde la pantalla catódica o la flat screen encapsula en treinta segundos la construcción de un discurso visual, cuyos mimbres son diversos, aunque similares sus objetivos.

    En aras de poner orden en tal número de videos, Marzo y Rodríguez los dividieron a partir de pautas que se repiten con asiduidad. Así, hay spots animados por un discurso catastrofista –los del Front National en Francia son bien ilustrativos–, los hay que buscan conmover al espectador mostrando situaciones calamitosas, los hay centrados en la idea de cambio o en la noción de patria; otros utilizan los dibujos animados, construyen historias de ficción o se centran en el encarnizado desmontaje de los spots del oponente político. Hay también spots «gemelos», en algunos casos elaborados por una misma agencia de publicidad para países distintos e, incluso, para partidos de ideología distinta. Otros, más cercanos a la estética del video clip, son extraordinarios videos musicales, como los de will.i.am para Barack Obama. Los hay, por fin, que buscan disminuir la abstención y animan a ejercer el voto. Sin proponérselo, son una suerte de videos promocionales de los otros. Porque llamar a votar es también llamar a ver.

    Lástima y sorpresa, eso sí, que la colección expuesta no incluya spots de la India, la democracia mas poblada del mundo y país con un empuje cinematográfico relevante. Faltan también, anoto como mera anécdota, spots de China y Cuba: ambos países se negaron a ofrecer los suyos por desconfianza hacia el proyecto.

    Iván de la Nuez, quien ha convertido con acierto el antiguo espacio de exposiciones de La Virreina en un Centro de la imagen con todas las de la ley, escribe en la introducción al libro que el de los spots electorales es un arte que siempre muestra el caos en otra parte. En efecto, el repaso de los spots muestra la autocomplacencia, a ratos vulgar, del género. Una suerte de arte egotista, donde la denuncia afecta siempre al otro desde el paisaje de eficacia y felicidad que dibujan para la opción propia. Una circunstancia esta que lo convierte en un género tedioso, aunque ufano y cómodo en su tediosa naturaleza. Un arte cuyo único misterio es precisamente la duda sobre su eficacia real, la insoportable indiferencia con que lo acogen sus destinatarios.

    En los últimos años, la videopolítica se ha ido convirtiendo en netpolítica, ha saltado de las pantallas de los televisores a las de gadgets que manipulamos a apenas unos centímetros de los ojos: las pantallas del ordenador portátil o el teléfono móvil, por ejemplo.

    Es difícil prever hacia dónde se desplazarán en el futuro las ansias seductoras de los partidos políticos y sus artistas –los creativos de las agencias de publicidad, los asesores de imagen, los guionistas que regalan una condición ajena y efímera a los candidatos–, ahora que esa sucursal de la «fábrica de sueños», que decía Ilya Ehrenburg, ha tomado decididamente el camino de Internet.

    Hay partidos políticos que ya experimentan con olores que identifiquen su propuesta. También se trabaja en pantallas que permitan apreciar fragancias de productos anunciados. El futuro de la relación del hombre y la pantalla que le sirve de espejo nos promete una aventura en la que la videopolítica alcanzará cotas que ahora apenas podemos entrever.

    El abundante catálogo de spots electorales expuestos en el Palau de la Virreina –una significativa parte de ellos incluidos en los cuatro deuvedés que acompañan al libro–, constituye el que probablemente sea el más exhaustivo repaso del género entre los años 1989 y 2008. Visionarlos como obras de arte, sin la pasión de quien es convocado a votar, resulta una extraordinaria experiencia visual. Hay tanto en ella de política, como de pospolítica.

    La muestra Spots electorales. El espectáculo de la democracia permanecerá abierta en el Palau de la Virreina. Centro de la Imagen (La Rambla, 99), Barcelona, hasta el 24 de septiembre de 2008.

    El libro Spots electorales. El espectáculo de la democracia en la televisión mundial desde 1989 (Ajuntament de Barcelona/ICUB/Turner) se encuentra a la venta en las principales librerías. Incluye 4 deuvedés con spots publicitarios subtitulados y en formato PAL y NTSC.

    El artículo La política como videoarte apareció publicado en la edición del 14/07/2008 del portal Cubaencuentro.com, Madrid.

    Allí se insertaron algunos videos de la exposición. Recomiendo especialmente el de Hadash para elecciones en Israel de 1992.

     

    De contra:

    Vídeo electoral cubano llamando al «voto unido» ¡POR ANTONIO MACEO!

    En el tubo por cortesía de Burrón Azul.

     

    De recontra:

    En ciertas crónicas, la realidad suena de otro modo.

    Victoria de Venezuela sobre Colombia, resbalón de Estados Unidos y Vietnam como gran ganador.