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    Sobre este blog

    Bestiario de la prensa oficialista cubana.

    Autor: Yodel Pérez Pulido

    Yodel Perez Pulido

    Camagüey, 1978. Licenciado en Comunicación Social, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.

    Contacto: completocamaguey1@gmail.com

     

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    Entre ARCO (S), 2008. I: Walker Evans visto por Jose. A. Toirac.

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    Las imágenes de Cuba que el fotógrafo norteamericano captó a principios de la década del 30 son (re) visitadas por la mirada reflexiva de Toirac en la última edición de ARCO.

    Obra de Jose. A. Toirac
    Fotografias: Elio Rodriguez

    En medio del maremagno de obras, galerías y gente (más de 190 000 visitantes según las últimas estadísticas) que este año abarrotó la feria de ARCO, 2008 hubo algunos trabajos que me llamaron la atención. Entre ellos, la excelente instalación de José Ángel Toirac presentada por la galería La Casona dentro de la nueva sección ARCO 40. Esta nueva sección, según los organizadores, está “destinada a complementar y enriquecer la Feria con la presencia de galerías que aporten una nueva visión de la práctica contemporánea, mostrando obra de máximo tres artistas, realizada en los últimos tres años”.
    La obra de Toirac se inspira en una serie de fotografías que realizará el fotógrafo Walker Evans para el libro de Carleton Beals titulado The crime of Cuba. Las fotografías de Evans abordan la convulsa realidad sociocultural y política que atravesaba Cuba a principio de la década del 30, durante el segundo gobierno de Gerardo Machado.

    La instalación de Toirac esta formada por pequeños “cuadros” realizados sobre madera vieja en los que, a través de técnicas pictóricas, el autor recreó escenas aparecidas en las fotografías de Evans. Hay un efecto que salta a la vista en la textura material de la obra de Toirac; y es el contraste, la colisión que se da entre la madera vieja, depauperada como sacada de algún desvencijado mueble o recogida de una ruina innombrable y el empleo del polvo de oro, que hacen refulgir el plano de estas figuraciones. Así la el contenido manifestado por algunas fotografías de Evans y el correlato implícito en ellas (pobreza, idiosincrasia, ect.) adquieren una factura formal que desvirtúa la connotación discursiva de la imagen del fotógrafo norteamericano porque, en cierto modo, esta podredumbre es traslada perceptiblemente del soporte fotográfico (inocuo en este sentido) al de la madera que busca, sin embargo, atenuarse en el “oro”.

    ¿Pero más allá de una reinterpretación o de una apropiación de las obra de Evans, hacía dónde nos lleva la obra de Toirac?.

    La verdadera intención de Toirac parece cuestionar el concepto de representación misma manejado por la modernidad artística de ese momento. Si la modernidad, como afirma Francis Jameson en Una modernidad singular “no es un concepto, sino una categoría narrativa”, la obra de Toirac estaría señalando, por un lado el carácter narrativo de estás imágenes (a partir de las cuales se ha construido un relato social cultural de aquella Cuba). Por el otro, postula que la única forma de no narrar es apelar directamente a la subjetividad porque está es irrepresentable.

    En consecuencia las fotografías de Evans, tanto aquellas que recogen la miseria o la diversión, como aquellas que apuntan a sentimientos de alegría o tristeza, al paisaje o a la ciudad pueden y deben ser tomadas como representaciones sobre las cuales se construyeron narraciones estereotipadas, que han servido durante mucho tiempo para que otros “descubrieran” rasgos y características de la sociedad y cultura cubana del siglo XX, siguiendo la mirada de alguien que sin obviar su méritos artísticos, estaba de pasada y por encargo dentro de Cuba.


    ARCO Madrid, 2008. Demasiado Arte.

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    Brasil, país invitado, acude con 36 galerías entre las más de 250 asistentes, distribuidas en tres pabellones.

    El arte agota, sobre todo cuando se exhibe aglomerado en ferias que ocupan miles de metros cuadrados. Para los “amantes del arte” o, mejor dicho, para los que viven de él, puede ser una experiencia frustrante puesto que la idea de espectar todo el perímetro artístico provoca cierta ansiedad. ¿Cómo puede verse tranquilamente semejante cantidad de obras?. ¿ Se podrá visitar todas las galerías, se podrá ver y disfrutar todas las obras?.

    Entrada Pabellón 12 y Vestíbulo, Pabellón 14

    Librería y Salida, Pabellón 14

    Hace unos años me hacía esas preguntas intentando resolver los retos que comportaban. Después de un tiempo, evidentemente, comprendí que a las ferias de arte (o de cualquier otro tipo) debemos tomarla como mismo hacemos con el periódico. Buscar y leer, solo lo que nos interesa. ¡ A ver quién se lee un periódico entero!. Quien lo haga, es muy probable que después le dé un hachazo a su prójimo. Eso mismo me pasa con las ferias de arte, me gusta pasar de largo entre tanto barullo de arte hacia el lugar de las obras que a mi me gustan. Eso contaré en estos días…..


    Baselitz Remix: Marcas y Marketing en el Arte Contemporáneo.

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    Baselitz Remix en la Nueva Pinacoteca de Munich.

    Fotografía exposición: Lorena Pérez Rumpler

    Obras: Die große Nacht (Remix) y Adler (Remix). Foto. J. Littkemann

    (Cortesía: Nueva Pinacoteca de Munich)

    Entre Salzburgo y Munich hay unos 150 kilómetros de distancia que, en tren o
    por autopista, no pasan de las dos horas. Estaba en Salzburgo cuando Munich inauguró en la Nueva Pinacoteca una exposición personal, por mucho tiempo esperada, de Georg Baselitz. Bella y ranciamente pomposa, Salzburgo, discurre por un verde y angosto valle divido por el río Salzach, rodeado de suaves
    elevaciones cubiertas de bosques. Desde aquí, atravesando la frontera austro
    alemana, el viaje en tren hasta Munich es un verdadero divertimento. Entre llanuras y apacibles montes surcados por ríos estrechos y amplios lagos, el verde del paisaje invade toda la mirada hasta crear en el espíritu un sentimiento bucólico. Viendo las montañas salpicadas por pequeños poblados de casas de madera, avistando los prados y bosques de un verdor intenso y plomizo, comprende uno por qué el romanticismo tuvo en estas tierras su cuna.

    En Munich, a poca distancia del centro de la ciudad, marcado por la solemnidad de las edificaciones nazis, se distingue la arquitectura postmoderna de la Nueva Pinacoteca. Imponente templo del arte contemporáneo con líneas y visualidad más divertida que la soberbia fascista. En las calles un aire húmedo batía los carteles de la exposición Baselitz Remix y los BMW con sus distinguidos acelerones, hacían honor a la capital de Baviera que, inmensamente rica, posee algunas de las mayores colecciones de arte contemporáneo del mundo.

    "Baselitz Remix " asocia un nombre consagrado de la historia del arte del siglo XX, con un vocablo “banal” que suena a música de discoteca. La sorpresa fue comprobar, que toda la exposición no era más que antiguos cuadros de Baselitz, solo que en formatos mayores. Nada más. Las mismas obras, con los mismos títulos y en la misma técnica: acrílico sobre lienzos de 300 X 250 cm. y de 300 X 400 cm. Todas del 2005. Nada habían cambiado, excepto las dimensiones.

    A finales de los 90 una corte de críticos certificó el fin de la pintura como medio expresivo innovador.

    La pintura, esa vieja madre de matriz esterilizada, no podía tener ya ningún retoño renovador y había sido arrollada por el aterrizaje de la fotografía y el New Media Art. Como por la boca muere el pez, resulta que el fin de la pintura tan cacareado por la crítica terminó por convertirse en un verdadero boom de la nueva pintura figurativa impulsada desde Alemania. Por una extraña paradoja, la historia ha querido que el cenit de ese boom se localice en la Escuela de Leipzig y Dresde, es decir, la antigua República Democrática Alemana, cuyo fin político e ideológico, había certificado la Reunificación tras la caída del Muro de Berlín.

    Quizás ningún pintor como Baselitz ha sabido entronizar eficazmente la fusión del lenguaje abstracto con el figurativo, destilando ese particular expresionismo tan dado a la sensibilidad germana. Nadie como él evoca la transparencia de planos para sumergirnos en un torrente de sensaciones, donde se mezcla la racionalidad matemática con una subjetividad de tinte poético.

    Por estos lienzos desfila la historia reciente de Alemania, vista desde un ser que se percibe a si mismo contradictorio, presa de sus propios fantasmas que atisban una sensibilidad descentrada. ¿acaso indican estas reproducciones “otro fin” de la pintura?. Agotada las formas estéticas y agotado el contenido, solo queda repetirse, mimetizar sobre las mismas cosas dándole una apariencia diferente, pretendiendo que el mensaje tenga otro sentido. ¿Y en pintura, tiene otro sentido la misma obra, con los mismos iconos, solo que a un tamaño mayor?.

    Veo la obra El águila, Remix (Der Adler) en su versión actual enorme y pienso que la imagen no funciona con estas dimensiones. En realidad pierde, se deshace la atención y el mensaje concentrado que trasmitía la “obra original”, con menos tamaño, se vuelve espectacular pero desprovisto de su carismático contenido. Sin embargo, veo otras como Tres tiras-Pintor con abrigo, Remix (Drei Streifein-Maler im mantel), El de los cabellos rizados, Remix (Lockinger) o Los grandes amigos, Remix (Die groben freuden) y su potencia expresiva se percibe avasalladora. Con Baselitz estamos dentro del torbellino expresivo, imposible escapar a una apoteosis sensible de las imágenes en la retina que fluye, curiosamente, a una percepción nítida de los conceptos.

    No sé que pensar, pero me da la impresión que este Baselitz nacido en 1938 en Sachsen territorio de la que fuera la ex Republica Democrática Alemana y cuyo verdadero nombre es Hans-Georg Kern, se ríe de todo y todos dando un espectáculo sobre su obra y con sus obras al gran mercado del arte. Percibo un cinismo muy fino, una vuelta de tuerca al conceptualismo –sin ser un artista conceptual- en su "Baselitz Remix"; tal vez sea que, aprovechando la anunciada muerte de la pintura, él sea el “enterrador” que más caro la venda.