Bestiario de la prensa oficialista cubana.

Camagüey, 1978. Licenciado en Comunicación Social, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.
Contacto: completocamaguey1@gmail.com
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«Nunca he sido un escritor de izquierdas»
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No
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Sí
25/10/2005 16:42
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No
Literatura
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Entrevista con Alberto Lauro, Premio Odisea de literatura gay por la novela 'En brazos de Caín'.
El exilio es un país agreste, inverosímil, la otra frontera después de la nostalgia. Eso creo, mientras miro a la calle una mañana de lluvia en Madrid, y pienso en los laureles de la Carretera Central, en los laureles de los parques de La Víbora, en los laureles de Río Cristal, y pienso en la Isla como un bosque de laureles.
Recién terminé la lectura de En brazos de Caín, la novela ganadora del VI Premio Odisea de literatura gay y pienso que Alberto Lauro, su autor, sabe que el exilio es un país agreste, inverosímil, repleto de dudas e incertidumbres. Sin embargo, hay una parte de su persona que aún vive en La Habana y, esa tarde, la tarde de ayer, la última tarde, él camina por las aceras del Vedado hacia la casa remota, ficcionada, de Dulce María Loynaz, donde ella le ofrece de merienda el tamaño inmenso de su soledad; por las calles angostas de La Habana, como si delante suyo otros nombres y otras épocas le trazaran la ruta misteriosa de todos los puertos; o en Trocadero lo esperase María Luisa, la esposa del Poeta, tan necesitada de consuelo en estos días.
Eso pienso, mientras miro a la calle y recuerdo los laureles de la Isla, sus boliches rojos, pulposos, y aguardo por la visita de Alberto Lauro al mediodía, puntual y obsequioso como "éramos antes los cubanos", y sobre el mapa que cuelga en la pared, se dibujan los rastros vagos de una isla que ya no está, o al menos no en la imagen que Alberto Lauro la recuerda.
Hay en sus ademanes, una actitud comedida (decente, diría mi abuela), que parece negar los gritos en las calles, las marchas triunfantes de los aniversarios, las fiestas de miseria, música y alcoholes baratos que retratan la visión de una Cuba revolucionaria y proletaria. Alberto Lauro llegó tarde al mundo. En alguna fotografía del grupo Orígenes debió llamar la atención ese muchacho de ojos verdes, infantiles, que miraba provocador a la cámara, ése, al lado de Eliseo.
Pero en verdad, Alberto Lauro Pino Escalante nació en Holguín, en 1959, y desde 1993 pervive en España, con todos los riesgos de la soledad, la literatura y los amores contrariados, efímeros, felices, como si la vida a ratos le cruzara las cartas en contra y con el poeta turco Nazim Hikmet y casi todos, tuviera que admitir frente al espejo de todas las mañanas: "duro oficio el exilio". Y en su currículo, la incertidumbre ante el después, los más diversos empleos, los grandes anhelos pospuestos van dejando huellas de agua, rastros de lágrimas, manchas de tinta.
Me mira, y no sé de dónde encuentra la fuerza para oponerse tan bien a las contingencias. Y se lo pregunto.
¿Cómo haces para vivir con los miedos?
"Yo no tengo miedos. Y es quizás esa ausencia de miedo lo que me permite enfrentarme a la vida, sobrevivir sin renuncias, sortear mis propios desafíos".
Y sonríe, toma un sorbo de una cerveza que compartimos a seis manos y tres bocas en el salón pobrísimo de mi casa de alquiler y me obliga a creerle. "Perdí el miedo de niño, una vez que mi abuelo me enseñó el lugar donde se escondía un hombre que planeaba matar a Fidel Castro". Y el verde de sus ojos desaparece en el ámbar acuoso de la bebida. "Yo soy un temerario, admite, aunque no un transgresor, por ejemplo, como Reinaldo Arenas".
Pero no puedo evitar un gesto de descreimiento, un alzar las cejas y extraviar los ojos hacia la calle. Si a alguien me recuerda la imagen literaria de Alberto Lauro, es precisamente a Reinaldo Arenas. Y se lo comento, inquiero por su amistad con Reinaldo, como él lo llama, y enciende la voz, alegre: "a Reinaldo yo lo conocí en Holguín, 'su pueblo y el mío', cuando andaba con sus textos metidos en un saco de un sitio para otro. Era terrible. Pero mi gran amistad fue con su madre, una mujer encantadora, muy fuerte: imagínate, con todo lo que pasó; yo guardo sus cartas".
Y la evocación de Reinaldo Arenas, me devuelve una asociación que no me atrevo a comentarle. Por no sé que extraño mecanismo mental, no puedo evitar disociar a Reinaldo Arenas de Virgilio Piñera, y a los dos, de Alberto Lauro, que ahora está sentado frente a mí, bebemos de la misma cerveza y una pregunta se escurre filosa entre nosotros.
¿Qué fue primero, la fabulación, el sexo o el dolor?
"¿La verdad? La fabulación. El sexo no llegó sino muchos años después, ya adulto. Mientras tanto, no lo evité, sino que simplemente no existió. Yo no soy un escritor del deseo. Prefiero los cuestionamientos, las inculpaciones, a la complacencia. El dolor también llegó después, quizás, como la consecuencia directa de la fabulación. Sin embargo, la fabulación es para mí un acto íntimo, que no involucra para nada la publicación, el lector, las editoriales. Para mí son actos distintos, disociados".
"Creo que esto lo aprendí desde niño. La creación era importante por sí misma, como acto único y personal. En mi familia existe una tradición poética, mis tíos escribían poesía, pero lo asumían como una cuestión privada, como una necesidad, no como un oficio ni un entretenimiento y nunca publicaron".
"Tal vez por eso, están esas novelas mías ahí, sin publicar, y si mandé En brazos de Caínal Premio Odisea, fue más a instancias de Zoè Valdés, por complacerla, que por un interés particular de concurso y premio".
Alberto Lauro habla serio, se lleva las manos a la cabeza y a ratos se vuelve hacia mi novia, deja las preguntas en el aire, y comenta: "estos espaguetis están riquísimos, pero no tengo hambre, estos días he comido muy poco". Y levanta despacio el tenedor, como si comiera sólo por complacer nuestras exigencias. Está triste de alma y corazón y vida, y me pidió que pusiera un disco de Frank Sinatra, pero yo fingí no escucharlo y puse a Benny Moré, sus boleros, y le pregunté por el Premio Odisea.
"Fue una sorpresa. Una grata sorpresa. Pero también me produjo una sensación amarga, ya sabes, como de indiferencia o hastío. Llevaba muchos años dubitativo frente a mi obra narrativa, decidido más bien a no publicarla, o al menos a esperar un poco más de tiempo, y con el premio, los planteamientos que hasta ese momento me habían servido como protección a esa intimidad de la creación, cambiaron. Unos para mejor, otros, con los requerimientos que implica el propio fenómeno editorial".
La mesa quedó en silencio, y Benny Moré comenzó a cantar Fiebre de ti (y esto no es un recurso literario), el bolero que más nos gusta, y pareció que La Habana entraba por el este de Madrid y dejaba sus olores en la humedad del aire.
¿De dónde nació la idea para escribir En brazos de Caín?
"La novela nace aquí en España, una vez que el exilio me obliga a recapitular mi vida. Yo tuve una formación católica, de católico practicante, y cuando comienzo a poner las cuentas en claro, a procurar entender los años que había vivido, también cuestiono los principios de mi fe. Y termino por admitir que en el origen del hombre hay un componente incestuoso, pues el desarrollo humano parte del vientre de Eva, la única mujer".
"Estamos marcados por un complemento amoral desde el primer momento, y hay en esa relación de Adán, Eva, Caín y Abel, los componentes necesarios para intentar explicarme la realidad y cuestionarla a través del mito, a la vez que también cuestionaba el mito y su valor como creencia".
Pero es un premio de literatura gay…
"Es un premio de literatura gay, pero En brazos de Caín no es un novela gay, como si dijéramos una novela erótica, una novela negra o una novela policíaca. La literatura gay como género es malísima. Está la literatura, y dentro de ella, aquella que plantea un conflicto gay en un contexto narrativo mayor, que trasciende la mera circunstancia sexual".
Alberto Lauro mueve los espaguetis en círculo, acaricia con el tenedor la crema de nata y beicon, esparce pimienta, y procura que el bocado sea pequeño, "llevo unos días que como muy poco", y se le nota una palidez reciente en el rostro. Está dolido, cuenta, por una historia de amor sin final feliz. Una historia hermosa y desgarrante, incierta, que le quita el apetito, que lo obliga a escribir, que le encima el sufrimiento aunque él lo evite.
También hay un público para esa literatura…
"Existe un público que consume literatura gay, y que En brazos de Caín venga precedida por el Premio Odisea, ayuda a su difusión. No es una novela gay, pero también se consume como tal y esto repercute a favor de su distribución y conocimiento".
Alberto Lauro vive en España desde 1993 y nunca más ha regresado a Cuba. Frente al gobierno cubano mantiene una postura extremadamente ética, donde las distancias están muy bien guardadas.
"Yo no soy un escritor de izquierdas, nunca lo he sido. Y aún hoy, que el fenómeno izquierda-derecha está tan deteriorado, y no se puede hablar de posiciones políticas en estos términos, no ser un escritor de izquierdas (aun lo disyuntivo de la expresión) es un factor en contra para la divulgación y el trabajo intelectual. Tienes el caso de Guillermo Cabrera Infante, del propio Reinaldo Arenas, a los que se les hizo difícil el camino, a pesar de su indiscutible calidad literaria".
"Simplemente, porque las relaciones en este campo se hacen de manera muy superficial y a más de un intelectual que no convive en la égida de los autoproclamados intelectuales progresistas (como si todos los demás fuéramos unos retrógrados o estuviéramos a favor de todas las injusticias de la tierra), el acceso a las universidades, a los centros culturales, a las mismas casas editoriales se le ha convertido en un faena penosa. A Guillermo Cabrera Infante le dieron el Cervantes, hubo que reconocerle su maestría, porque no tenían cómo tapar el sol".
Benny Moré está cantando Te quedarás y Alberto Lauro aparta el plato, escancia cerveza para los tres, y levanta su vaso: "los quiero" y eleva el volumen de la grabadora.
Una última pregunta: ¿Y Cuba?
"Te voy a contestar con unos versos míos: 'Como blanqueado sepulcro/ donde fuimos príncipes/ jugando a desafiar al lobo/ y terminamos/ finalmente/ devorados./ Como un sepulcro blanqueado/ es mi país'".
No
alberto lauro, en brazos de caín, literatura gay, premio odisea