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«El hecho de ser silenciado»

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No

Suset Sánchez

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Madrid

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09/06/2008 6:00

06/06/2008 16:33

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Artes Plásticas

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Sandra Ceballos, directora de Aglutinador-Laboratorio, habla de los circuitos alternativos del arte en la Isla.

El nombre de Aglutinador-Laboratorio constituye un hito en la Isla desde mediados de la pasada década, asociado especialmente al imaginario de un circuito artístico alternativo apenas existente, o circunscrito a talleres y encuentros informales de artistas.

Un catálogo publicado recientemente compila la labor y experiencia que durante más de un lustro ha realizado y acumulado este emblema de la gestión y promoción de formas comprometidas y sentidas de asumir la creación y la vida misma. Justo cuando un ejercicio de reflexión de esa índole permite a sus gestores proyectar el seguimiento del experimento artístico y sociológico que es Aglutinador, apostando conscientemente por su función como "laboratorio", conversar con Sandra Ceballos deviene aliento necesario para intentar encontrar entre los resquicios de la ínsula dosis inspiradoras de responsabilidad frente a un tipo de creación visceral.

¿Cómo y por qué surge Aglutinador-Laboratorio a mediados de los años noventa?

No era posible otro momento ni otro lugar. Nunca he pensado que fue solamente por la exhibición suspendida del artista Ezequiel Suárez en la citadina Galería de 23 y 12, que se realizara como respuesta a la censura en la casa de la calle 25. Demasiados factores coincidieron para que este feto, que era antes Espacio Aglutinador y que ahora es Aglutinador-Laboratorio, surgiera, creciera y se desarrollara en la matriz de La Habana: El Vedado.

Uno de los factores fue el llamado Período Especial —crisis económica aguda, miedo, decadencia de valores sociales e individuales en muchos aspectos, desajustes existenciales y emocionales, desesperanza—. Otros elementos causales fueron la censura, los errores estratégicos y conceptuales cometidos por parte de instituciones culturales gubernamentales, injusticias ejecutadas por funcionarios y especialistas de arte contra algunos ineludibles artistas cubanos.

El Espacio Aglutinador nació de la imperfección y, por supuesto, tampoco es perfecto. No obstante, puedo apuntar algo acerca de los llamados aportes o, mejor dicho, contribuciones. No excesivos cálculos, concesiones políticas ni moralistas, presupuestos afiliados —de manera parcializada— a determinadas posturas filosóficas, parlamentos teóricos desmesuradamente racionalistas (si hay algo a lo que Aglutinador le huye como a la sarna, es a la coherencia, esa aburrida y nauseabunda bondad de la conciencia), prejuicios extraartísticos, objetivos lucrativos, tendencias ególatras. Sí tolerancia, ductilidad, respeto y sacrificio por el arte y sus productores, altruismo, constante autoevaluación por parte de los organizadores, insumisión, diversión, disfrute, justicia, dudas, pasión, y auténtica y promiscua convivencia con el arte.

Convivencia, quizás esa sea una de las claves. Se trata de convivir y subsistir con el arte, se trata de personalidades, de actitudes, por eso Aglutinador puede mantenerse. El más importante de los presupuestos es que él mismo es una obra de arte, un precepto, catarsis de artistas-curadores; se renueva, emerge cuando parece que se esfuma, arremete sin delicadezas y con insolente autosuficiencia.

Gracias a la irreverencia que caracteriza a sus creadores y continuadores es que se pudieron hacer tres exhibiciones de uno de los artistas más vetados en la historia del arte cubano: Santiago Armada (Chago). Enérgicamente, se legitimó una obra que precedió e influyó a los artistas de los grupos y movimientos de la década de los ochenta en Cuba.

Después de diez años sin poder exhibir su trabajo, Aglutinador logra entre 1994 y 1995 propiciar una sólida interacción de la obra y la propia persona de Chago Armada con los artistas más jóvenes de aquel momento. Este hecho fue muy importante y definitorio para estos, se podría afirmar que, didáctico y docto, el mismo Chago lo hizo así sin proponérselo, tal y como lo hacen los verdaderos artistas.

¿Podría hablarse de diferentes etapas en Aglutinador respecto a la gestión y curaduría? ¿Cómo se manifiestan esas diferencias y cuáles son los hilos de continuidad que ha expresado la programación de este espacio?

Se puede decir que existen, hasta el momento, dos etapas de trabajo en el Espacio. En la primera se pretendía algo que era ya inaplazable: hacer justicia y legitimar a algunos artistas a los cuales se les ignoró y se vetó su trabajo por diversas razones y por mucho tiempo.

En las dos etapas se ha manejado un concepto cardinal y ya clásico: la promiscuidad, aleación, mezcla desprejuiciada (de ahí el nombre de Aglutinador), es decir, selección e interacción de artistas por la calidad de su trabajo —y no por trayectoria, estudios realizados, edades, amistad, etcétera—, por y para proyectos con pretensiones determinadas que exigen personalidades, actitudes y obras muy específicas.

Es necesario también hablar del altruismo en las dos etapas, pero con más énfasis en la segunda —Aglutinador-Laboratorio—, con los proyectos "Marginalidad y Vestigios", subvencionado por la Fundación Hivos, y "PERRO" (Propuesta Experimental de Respuesta Rápida Organizada), Experimento Nº. 1, también patrocinado por la Fundación Hivos, y Experimento N.º 2, asumido por Prince Claus Fund.

Estos son programas de emergencia que responden a la situación económica precaria en que viven actualmente muchos artistas cubanos que residen en la Isla. Mediante estos eventos se han entregado, durante los años 2003, 2007 y 2008, becas para producir obras dentro de Cuba a veinte artistas cubanos y a un proyecto de curaduría. Paralelamente, dentro de esta misma etapa se han realizado exposiciones, en su mayoría colectivas, con temas y objetivos específicos.

Normalmente, los espacios independientes se relacionan con el entorno social, siendo catalizadores en la reflexión y denuncia frente a las administraciones. ¿Tiene Aglutinador alguna experiencia de este tipo, o su cuasi clandestinidad, el miedo y las cláusulas violatorias de derechos, así como la figura del CDR, le impide potenciar ese trabajo comunitario?

En Aglutinador nunca se realizó un trabajo comunitario, como suele suceder en muchos espacios alternativos del mundo. Considero que esto es muy importante, pero por el momento este tipo de evento no está comprendido dentro de nuestra línea de trabajo. No obstante, es imposible desvincularse del medio, así que a nuestras exhibiciones y eventos acude y participa sin previa planificación todo el que así lo desea: miembros del CDR (Comité de Defensa de la Revolución) o no, vecinos que interactúan con los artistas, especuladores de arte, críticos, artistas en general, frikis, alcohólicos, niños que viven en los alrededores, etcétera.

¿Se relaciona Aglutinador con espacios independientes de otras ciudades? ¿Cuáles son los puntos en común con el trabajo de estos y las diferencias en cuanto a viabilidad de la gestión promocional? ¿Conoce alguna experiencia o proyecto similar en otro lugar de la Isla?

Sería muy provechoso si en Cuba existieran más lugares totalmente independientes o alternativos, que se dedicaran, de una manera culta y no lucrativa, al arte, pero pienso que, como dije anteriormente, esto responde directa e intangiblemente a la personalidad y actitud de las personas que asuman este hecho.

Se han realizado exhibiciones y performances en algunas casas y talleres de artistas (generalmente, durante las Bienales de La Habana), pero desgraciadamente no han dado curso a ningún tipo de seguimiento o sistematicidad. Sabemos que hacer esto significa sacrificar la privacidad, enfrentarse a situaciones ajenas lacerantes, como que la obra individual de los artistas organizadores sea vetada por las instituciones y hasta prohibida, podrían ser citados a sitios donde se les trate de persuadir o advertir, y también precariedades económicas, etcétera. Por esto hemos pasado y estamos pasando los artistas-curadores que hemos trabajado y trabajamos en el Espacio Aglutinador.

¿Separaría la Sandra Ceballos artista de la gestora y promotora? ¿Qué ha implicado un rol frente al otro en su trayectoria? ¿Cómo se complementan ambas funciones?

He reflexionado muchas veces acerca de mi trabajo individual. Hay quien dice que soy talentosa como artista y que es una pena que no se haya divulgado debidamente mi trabajo como tal; otros comentan que mi mejor obra es Espacio Aglutinador, pero es que Aglutinador no es mío. Ya sé que es la casa donde vivo, duermo, tengo sexo, cocino, juego con mi hijo, etcétera, pero lo cierto es que no es sólo mío. Aglutinador pertenece también a Ezequiel Suárez, Orlando Hernández, René Quintana, Eugenio Valdés, Magaly Espinosa, Chago Armada, Orlando Silvera y muchos artistas, críticos, periodistas, escritores y demás personas que han trabajado, colaborado y promovido dicho lugar.

Sin embargo, sé que me funciona como obra y mi actitud hacia él es la misma que asumo con mi trabajo personal, los dos al unísono, y esa fue precisamente la tesis de mi exposición en este lugar, que se llamó Aglutinador, aglutinador, aglutinador. Seleccioné piezas mías de diversas etapas que comprendían fotografías, pinturas en tela, dibujos en papel, y fui tapizándolas, tapándolas o tachándolas con una parte de las fotos de la documentación de las exposiciones realizadas durante diez años de trabajo en Aglutinador, también trozos de catálogos, invitaciones, en fin, material de archivo. Siempre hubo quien comentó: "qué pena todo este material gastado en esto…". Una decrépita e ignorante reflexión.

Los recorridos alternativos al circuito de la Bienal de La Habana, al que se suman talleres, exposiciones en casas particulares y encuentros informales, tienen un nodo crucial en Aglutinador. ¿Cómo este se apropia de un evento como la Bienal? ¿Cuáles han sido las claves de su ejercicio de resistencia?

La que he comentado anteriormente fue una muestra que se inauguró en el transcurso de la última Bienal de La Habana, pero los eventos que se realizan en nuestro Espacio durante las bienales de La Habana no suelen, lógicamente, aparecer en programaciones oficiales, ni divulgados por ningún tipo de medio de difusión masivo. Sin embargo, existe un método que es irrefutable, categórico, y es precisamente el hecho de ser silenciado, obviado. Eso despierta, sin lugar a dudas, todo el interés de los visitantes extranjeros a las bienales, es decir, artistas, críticos, coleccionistas, funcionarios de instituciones culturales extranjeras, especuladores, periodistas, etcétera. Es una estrategia aplicada contra nosotros que nos favorece y de la cual nos beneficiamos.

También debemos agradecer a ese sector de detractores —resentidos (por razones que ignoramos) sin poder ejecutivo determinante (para nuestra suerte), pero con una indudable retórica con pretensiones nocivas contra nuestro trabajo—, porque logran, sin proponérselo evidentemente, una polémica y cierto movimiento que favorecen las expectativas del público de las artes plásticas cubanas con respecto al antiguo Espacio Aglutinador y al Aglutinador-Laboratorio de la actualidad.

Como siempre expresamos en nuestros catálogos: si cada hombre es un artista, cada casa es una galería.

Aglutinador-Laboratorio, Sandra Ceballos