Completo Camagüey | Yodel Pérez Pulido

Medallas al aire

Las medallas, unidas a las condecoraciones, vienen a sustituir en Cuba todo lo que falta. Como una especie de consuelo intentan disfrazar… lo imposible.

Si se contara cuántas existen y a quiénes se las han otorgado, duplicaríamos el número de habitantes de la Isla.

Las hay de todo tipo, con nombres de mártires y hasta con nombre de acciones. Pueden ser de primero, segundo y tercer grado. Nadie sabe quién estipuló esas categorías y qué condiciones dictaminan su otorgamiento.

Existen para desde quien encuentra una cartera de un turista con mil dólares y la entrega en la policia, hasta para quien "delata" una salida ilegal.

Para la oficialidad cubana son como un premio en metálico. Un galardón de naturaleza moral, sin ningún tipo de poder de cambio, y que intenta decir sin palabras: perdón o felicidades.

Son victimas de un fenómeno interesante, después de su otorgamiento, se guardan en las gavetas familiares y junto con ellas, también permanece, casi siempre, el olvido de quienes las entregaron y hasta de quienes decidieron otorgarlas.

La víspera, Granma y todos los repetidores periódicos provinciales publicaron: “El presidente de los consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz aprobó, a propuesta del Ministro del Interior cubano, otorgar la Medalla por la Valentía en el Servicio, de Primera Clase (Post Mortem) a Alejandro Clivillé Sariol, joven de 18 años de edad, fallecido este lunes mientras participaba en la extinción del incendio de grandes proporciones, ocurrido en la tienda comercial El Encanto”

Y así ha sido siempre, sobre todo estas llamadas post-mortem que cada vez que se entregan… pues queda aquello de: ¿Por qué no se la otorgaron en vida?

En Camagüey, las autoridades locales ya han comparado la valentía del muchacho con el ejemplo de Salvador Cisneros Betancourt, quien creara el primer cuerpo de bomberos de la comarca.

Una de las dirigentes provinciales leyó, en la “ceremonia de inhumación” de la víctima, las siguientes palabras: “En la profunda tristeza que nos embarga asumamos la fuerza del poema que sentencia “a los héroes se les recuerda sin llantos y eso me hace pensar que no han muerto porque viven allí, donde haya un hombre presto a luchar y a continuar

Alejandro era hijo de una familia muy humilde y cumplía obligatoriamente el servicio militar desde agosto de 2007. Murió intentando sofocar las llamas de El Encanto pero nunca fue condecorado por su valentía de sobrevivir, en vida y a los 18 años, el pesar y el desaliento en un país sin esperanzas.

Con el triste episodio de su muerte, la familia habrá asegurado algún tipo de favor estatal, un PANDA, y hasta uno de esos liberados DVD. Dentro de pocos años, la medalla, el coraje premiado, el recuerdo del más nuevo héroe… humm!… esos se extinguirán por los aires.

Permanecerá, eso sí, para siempre, el dolor de los que siempre le vieron vivo, cuando no tenía ni aspiraba a ningún premio ni medalla y era igual de valiente.


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