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¿Bloqueo o embargo?

¿Bloqueo o embargo?

¿Bloqueo o embargo?

No

Manuel Pereira

No

México DF

28/10/2005 13:26

28/10/2005 13:26

Opinión

No

Rigor lingüístico y responsabilidad política: Algunos gobernantes deberían aprender de nuevo la lengua de Cervantes.

La recién finalizada Cumbre Iberoamericana de Salamanca devino discusión bizantina a causa de dos vocablos: "bloqueo" y "embargo". Todos a coro —como en la escolástica medieval— parecían preguntarse cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler.

Después de tanta dilucidación semántica, los reunidos decidieron matizar para redefinir el supuesto bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba. De resultas, ahora el bloqueo es "económico, comercial y financiero". Lo cual es un oxímoron de antología.

La palabra bloqueo es de índole militar. Según el Diccionario Oxford significa: "surrounding or blocking of a place by an enemy to prevent entry and exit". Definición que coincide con la del Diccionario de la Real Academia Española: "Realizar una operación militar o naval consistente en cortar las comunicaciones de una plaza, de un puerto, de un territorio o de un ejército".

Sobre la palabra "embargo", el Oxford nos dice: "order forbidding foreign ships to enter, or any ships to leave, a country's ports". O sea, prohibir la entrada y salida de barcos extranjeros de los puertos de un país.

A primera vista, "bloqueo" y "embargo" parecen sinónimos, pero la primera voz tiene una denotación mucho más militar que la segunda. Embargo suena más bien comercial. No obstante, en cualquiera de los dos casos, en rigor Cuba no padece ni un bloqueo ni un embargo. Todavía no se ha leído en ningún periódico que un barco panameño, soviético, chino o español haya sido hundido por algún destroyer americano frente a las costas de la Isla.

Lo que EE UU decretó fue un embargo comercial unilateral. Una medida lógica tomando en cuenta que en 1960 el gobierno cubano nacionalizó todas las propiedades norteamericanas en la Isla. Washington contestó con el embargo. O sea, que EE UU dejó de comerciar con la Isla. En enero de 1961, ambos países rompieron sus relaciones diplomáticas. En octubre de 1962, durante la Crisis de Octubre (o "de los Misiles"), Kennedy anunció una cuarentena naval para impedir que llegaran a la Isla más barcos soviéticos transportando armas nucleares.

Y a partir de entonces mi generación creció oyendo la palabra "bloqueo". A los trece años la oí por primera vez. Luego estaba hasta en la sopa: en las tribunas, en los periódicos, en la radio, en la televisión, en los carteles, en los noticieros cinematográficos, en las concentraciones populares, en las aulas, en las fábricas… en todas partes, a todas horas, se oía cacarear la palabra "bloqueo", sin que uno supiera a ciencia cierta de dónde había salido ese término ni qué significaba a derechas, porque —al menos yo— no veía ningún barco de guerra americano en el horizonte, y eso que siempre viví frente al malecón.

'Boicot', lo más exacto

Durante un breve espacio de tiempo, siempre en el año 1962, se oyó hablar de "boicot". Incluso Raúl Roa, ministro cubano de Exteriores, usó esa palabra en la ONU. Pero muy pronto fue sustituida en el discurso oficial por el vocablo "bloqueo".

El objetivo de todo boicoteo es presionar para lograr un cambio de actitud por parte del boicoteado. En los conflictos laborales al boicot se le llama huelga. El término surgió a finales del siglo XIX, cuando los arrendatarios irlandeses se negaron a pagar los impuestos abusivos que pretendía cobrar su terrateniente, el inglés Charles Boycott. Hay loables antecedentes, como cuando grupos democráticos de diversos países se negaron a comprar bienes producidos por la Alemania nazi. Otro boicoteo famoso fue el que se llevó a cabo a finales de la década de 1980, como presión para que Sudáfrica suprimiera el sistema del apartheid.

Para definir lo que ocurre entre EE UU y Cuba, la palabra "boicot" siempre me ha parecido más exacta que bloqueo. Es más precisa, incluso, que embargo.

¿Por qué el gobierno cubano rápidamente dejó de hablar de "boicot" sustituyendo esa noción por la de "bloqueo"? Esa elección semántica no fue producto del azar. Se debió a que "boicot" suena mucho más blando que "bloqueo" y La Habana necesitaba (y sigue necesitando más de cuarenta años después) la palabra "bloqueo" para conferirle a su relación con Norteamérica un significado más beligerante.

"Bloqueo" es una voz arqueológica. Pertenece al lenguaje de la Guerra Fría y proviene concretamente de la Crisis de los Cohetes. El 22 de octubre de 1962 Kennedy denunció en un discurso televisado la existencia en Cuba de armas atómicas soviéticas capaces de llegar a Washington, Ciudad de México, Panamá…

Entre las medidas que tomaría su gobierno anunció que la primera sería: "To halt this offensive buildup, a strict quarantine on all offensive military equipment under shipment to Cuba is being initiated. All ships of any kind bound for Cuba from whatever nation or port will, if found to contain cargoes of offensive weapons, be turned back. This quarantine will be extended, if needed, to other types of cargo and carriers. We are not at this time, however, denying the necessities of life as the Soviets attempted to do in their Berlin blockade of 1948".

Por supuesto, este discurso nunca fue retransmitido en la televisión cubana, ni reproducido en la prensa de la Isla, cuyo pueblo jamás se enteró de estas palabras, y creo que sigue sin enterarse…

Sin embargo, ahí apareció por primera vez en nuestra historia la famosa palabra "bloqueo" (blockade). En una maniobra muy suya, Fidel Castro tomó la palabra del discurso de Kennedy y se la devolvió a modo de bumerán. Sin saberlo, el presidente estadounidense le había puesto en bandeja ese subterfugio al referirse al bloqueo soviético a Berlín, que sí fue un bloqueo de verdad.

En todo el discurso esa palabra (blockade) aparece una sola vez, y Kennedy la usa precisamente para poner un ejemplo de lo que no había que hacer con Cuba. En 1948, la URSS bloqueó la ciudad de Berlín Occidental para que no pudiera sobrevivir mucho tiempo sin comestibles, carbón y otros bienes de importación. Todo ello con la esperanza de obligarla a rendirse para que pasara a formar parte de la zona comunista de Alemania.

En respuesta, Estados Unidos y los Aliados establecieron el llamado Luftbrücke (puente aéreo) y al cabo de unos meses Berlín estaba recibiendo unos novecientos vuelos diarios cargados de bienes de consumo. Pronto los líderes soviéticos comprendieron que el bloqueo no surtía efecto, y lo levantaron.

La cuarentena de trece días

Basta ese ejemplo histórico para evidenciar que Cuba nunca ha estado sometida a ningún bloqueo. En cuanto a la "cuarentena" (quarantine) mencionada por Kennedy, concluyó en cuanto el último misil soviético salió de Cuba. No llegó a durar ni siquiera cuarenta días. A lo sumo, unos trece días.

Y no obstante, así principió entre nosotros ese largo vicio consistente en vaciar las palabras de su significado real, tergiversándolas, corrompiéndolas y pervirtiéndolas. Empezó a usarse la palabra bloqueo gratuita y exageradamente, con énfasis victimista. Y el vocablo —pese a su flagrante inexactitud— saltó a la esfera internacional, donde aún sigue instalado, como un cáncer.

De todos los términos empleados en el conflicto de octubre de 1962 (cuarentena naval, boicot, embargo, bloqueo), el gobierno de La Habana escogió astutamente la voz "bloqueo" para convertirla en la herramienta más eficaz de su retórica política.

La resonancia militar, guerrerista y belicosa de la palabra "bloqueo" le viene al gobierno insular como anillo al dedo para justificar la permanencia de una estructura totalitaria, ese poderío absoluto sobre los cubanos que se traduce en movilizaciones militares casi constantes de la población civil, convertida en reserva militar: reclutamiento masivo de jóvenes cada año en los llamados al Servicio Militar Obligatorio, guardias de milicia, entrenamientos de las Milicias de Tropas Territoriales, guardias nocturnas de CDR instalados en cada cuadra, simulacros, maniobras militares, excavación de trincheras y de refugios antiaéreos, etcétera.

Todo ese clima de guerra imaginaria conviene para mantener entretenida a la población, para azuzarla con el espantapájaros del enemigo imperialista, para galvanizarla alrededor de un sentimiento patriótico, para conservar la vigencia del discurso beligerante, sin darle tiempo a nadie a pensar en nada… y así ha sido durante más de cuatro décadas.

La militarización sistemática de la sociedad cubana —so pretexto de la Espada de Damocles del "bloqueo"— permite además el control total de la economía, la eternización de la libreta de racionamiento con su secuela de desdicha doméstica, la censura en los medios de comunicación —todos de propiedad estatal—, así como la vigilancia policial más minuciosa y, por ende, la paranoia, impidiendo por supuesto el pluripartidismo, la propiedad privada (incluso a niveles irrisorios), el libre flujo de ideas, la libertad de reunión e incluso —en ocasiones— la libertad de movimiento dentro de la nación; amén de que —en nombre de esa guerra imaginaria siempre anunciada— también se prohíbe a los cubanos practicar el turismo internacional a título estrictamente personal.

Objetivo: compasión

Gracias al bloqueo se ha echado en saco roto lo que Martí le escribió al general Máximo Gómez: "un pueblo no se funda como se manda un campamento".

Pero aún tiene otra ventaja para el gobierno cubano la palabra "bloqueo", y es que consigue inspirar más lástima que los vocablos "embargo" o "boicot". El régimen, que tanto se llena la boca para hablar de "dignidad" y "coraje", debería ser más decoroso y no quejarse tanto del supuesto bloqueo impuesto por su enemigo ancestral.

No se entiende que si yo odio a Juan el tendero de la esquina —y si éste en justa reciprocidad también me detesta—, luego yo ande por ahí quejándome de que Juan no me vende ni un alfiler en su establecimiento. Semejante conducta, lejos de ser digna, más bien resulta patética y deplorable.

El afán de infundir compasión en otras naciones del mundo es a todas luces una indignidad, por no decir una inmoralidad. Con la excusa del bloqueo, La Habana disimula todos los fracasos de la economía planificada echándole la culpa a los norteamericanos y, de paso, consigue excitar la solidaridad de otros gobiernos o grupos de personas. Con esos cantos de plañideras, siempre recibe ayudas, ya sean simbólicas o materiales, lo mismo directas que indirectas, que a la corta y a la larga le permiten mantenerse a flote.

¿Por qué entonces la Cumbre de Salamanca adoptó la palabra "bloqueo" en contra del sentido común y de la realidad histórica? ¿Para facilitarle al gobierno cubano su viejo vicio del victimismo y sus jeremíadas ante el mundo preñadas de mendaz mendicidad?

Lloriqueando ante el universo entero, el gobierno cubano no tiene que ocuparse de levantar su economía porque espera recibir ayudas externas y seguir viviendo del cuento. Tal es el objetivo del uso y abuso de la palabra "bloqueo" hacia el exterior, mientras que hacia el interior, el término se ha perpetuado en el discurso oficial para confundir a los cubanos, haciéndoles creer —o al menos intentándolo— que el origen de todas sus calamidades está en el vecino del Norte, contra quien —ya de paso— se fomenta el odio gracias a la fábula del asedio.

El mito de ese cerco que no existe garantiza un estado de excepción permanente, el enrarecimiento de la atmósfera nacional sin derechos humanos, ni garantías individuales.

Con Dios y con el Diablo

Pese a toda esa evidencia, los cumbreros de Salamanca decidieron poner una de cal y otra de arena, en un intento de quedar bien con Dios y con el Diablo al mismo tiempo. Bien con La Habana al estampar en el documento la palabra "bloqueo", y bien con Washington al añadir esa curiosa ristra de adjetivos. Así, sin incluir en el comunicado la voz "embargo" —que es lo que hubieran querido los americanos—, enumeraron sus atributos: comercial, financiero, económico.

Pero hay un problema. Calificar el bloqueo con estos adjetivos es como decir de una víbora que es inofensiva, apacible y mansa. O sea, un oxímoron estrepitoso.

La falta de precisión en el lenguaje de un poeta, o en el habla cotidiana de la gente de a pie, no es grave. Incluso puede resultar agradable y hasta creativa —como en el caso de Cantinflas—; pero cuando esa carencia de rigor expresivo la padecen individuos que dirigen los destinos de millones de personas en el planeta se trata de algo realmente alarmante.

A veces pienso que algunos gobernantes deberían aprender de nuevo la lengua de Cervantes. Los fantasmas de los más ilustres intelectuales españoles que pasaron por la Universidad de Salamanca deben estar aún sonrojados. Los espectros de Alfonso X el Sabio, de Juan Meléndez Valdés, de fray Luis de León y de Unamuno han de estar escandalizados.

La palabra oxímoron proviene del griego y es, ella misma, un oxímoron, ya que deriva del griego oxys, que significa 'agudo', y de moron, que significa romo. Romo=obtuso=torpe. Un oxímoron es, pues, una combinación de dos palabras de significados opuestos, por lo que resulta aguda y estúpida a la vez.

Por ahí se habla cada vez con más frecuencia de "operaciones militares de paz". Los raelianos afirman que han fundado una "religión atea"… Sin embargo, hay bellos ejemplos de contrasentidos, como la "música callada" de San Juan de la Cruz. En El aleph, de Jorge Luis Borges, leemos: "Beatriz era alta, frágil, muy ligeramente inclinada; había en su andar (si el oxímoron es tolerable) una como graciosa torpeza, un principio de éxtasis".

¿Será tolerable el oxímoron de que el bloqueo americano es "económico, comercial y financiero"? Esos adjetivos suenan aún más falsos cuando se sabe que no hace mucho más de 280 compañías norteamericanas participaron en una Feria de Alimentos y Productos Agrícolas de Estados Unidos en La Habana. Y si el gobierno de EE UU ejerce coerción sobre otros gobiernos para que no mantengan relaciones comerciales con la Isla, debe de ser una compulsión bastante débil, pues a la vista está que todo el que quiere negocia con La Habana.

Cinismo que raya en la injuria

Aparte de rizar el rizo, el oxímoron salmantino incluye tantas matizaciones que desemboca en un contrasentido total. Hablando en romance, un bloqueo es militar o no es. De ahí la profunda contradicción en los términos, un escollo que no sortea ninguna acumulación adjetival por muy edulcorante o eufemística que sea.

Desde el punto de vista ético, ese oxímoron implica un cinismo rayano en la injuria. Un insulto para el pueblo cubano que sufre y padece mil calamidades cotidianas desde hace más de cuarenta años, no por culpa del bloqueo como se pretende hacer creer, sino a causa del autobloqueo decretado por el mismo gobierno de la Isla.

¿Por qué la Cumbre de Salamanca ofende de esa manera la inteligencia de ese pueblo? ¿Cómo se puede hablar de bloqueo a secas —o incluso "comercial, financiero y económico"— cuando todos los turistas saben que en Cuba hay tiendas bien abastecidas, donde sólo pagando con dólares se puede comprar? Son tiendas repletas de artículos de consumo importados de países capitalistas, incluido Estados Unidos.

¿Qué clase de bloqueo es ése?

El verdadero bloqueo es la reglamentación gubernamental mediante la cual sólo los cubanos que tienen dólares pueden acceder a esas tiendas. El único bloqueo existente en la Isla es la regulación impuesta por el gobierno a los cubanos, según la cual los que no hacen negocios con los turistas, los que no roban o trafican, los que no jinetean, los que no tienen la suerte de trabajar en el sector turístico, los que no tienen familiares en el extranjero, no pueden entrar en esas tiendas ni en los hoteles ni en las playas ni en los restaurantes ni en los cabarets… Ese es el auténtico bloqueo que sufre el pueblo cubano, y todo lo demás es una patraña deleznable.

¿Qué es entonces lo que pasa entre EE UU y Cuba? Simplemente que Washington se niega a comerciar con La Habana. Y eso es un derecho inalienable de ese nación y de cualquier otra. Obligar a EE UU a comerciar con Cuba sería como si la policía me obligara a comprar en El Corte Inglés —o en cualquier otra tienda— bajo amenaza de multa o de vilipendiarme públicamente porque me niego a ser cliente de un establecimiento dado. Yo con mi dinero hago lo que me da la gana, compro donde quiero. Y el mismo derecho asiste a las naciones.

¿Qué pretende la Cumbre de Salamanca? ¿Imponerle a EE UU la obligación sentimental de comerciar con un gobierno que ha expresado una y mil veces su hostilidad hacia ellos? Eso ya no sería ni siquiera un oxímoron, sino una mentecatez de marca mayor. ¿Qué se intenta? ¿Que después de tantos años de rivalidad, EE UU pase página, que olvide y diga borrón y cuenta nueva sin pedir nada a cambio? Hay que estar loco de remate para esperar semejante insensatez.

Embargo ineficaz

Personalmente estoy contra el "bloqueo" (o embargo), pero no por indulgencia hacia el gobierno cubano, sino porque hasta ahora se ha revelado ineficaz y porque para lo único que ha servido es para mortificar y deprimir de mil formas indirectas al pueblo cubano. Si el "bloqueo" hubiera sido eficaz (y para serlo hubiera tenido que ser universal) habría dado sus frutos ya a mediados de la década del sesenta. Pero primero la URSS, con su sostenido y monumental apoyo, luego Europa Occidental, Canadá y otros países (con sus turistas y sus empresarios sin escrúpulos) y últimamente Venezuela, con su petróleo regalado, lo cierto es que entre todos han contribuido a que el gobierno cubano se burle siempre del "bloqueo" o embargo.

Un bloqueo de verdad, un embargo con todas las de la ley, según las definiciones antes enumeradas, no habría permitido entrar en la Isla ni una gota de combustible soviético, ni una sola ametralladora china o checoslovaca, ni un solo turista, ni un solo empresario europeo, ni tampoco una gota del petróleo del lago de Maracaibo.

En medio de tantas anfibologías, cinismos, adjetivos edulcorantes, eufemismos y despropósitos, sólo cabe esperar que algún día acabe ese oxímoron como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando.

No

Bloqueo, Cumbre Iberoamericana, Embargo