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El problema equivocado

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No

Eugenio Yáñez

No

Miami

25/10/2005 18:05

25/10/2005 18:05

Opinión

No

Ni izquierda ni derecha: Mejor democracia, Estado de derecho, economía de mercado y libertades individuales.

Arturo López-Levy vuelve a la carga, buscando soluciones correctas al problema equivocado, esta vez con el artículo Sin fuegos ni liquidaciones. Abunda en criterios antes expuestos en La propiedad olvidada.

No estoy de acuerdo con el enfoque general, ni con muchos criterios de sus dos artículos, pero respeto absolutamente su derecho a formarse las opiniones que estime pertinentes y expresarlas libremente sin temor a represalias. Discrepo profunda y respetuosamente con las ideas contenidas en los textos referidos, pero sólo respondo a las tesis: ni juzgo al autor ni mucho menos pretendo colgarle etiquetas o insultos personales.

López-Levy se sumerge inútilmente en sofismas y silogismos que no llevan a conclusiones sólidas, y termina en un análisis total (no totalitario) que, al generalizar, peca de lo que discrepa.

Señala que la "extrema derecha" exiliada determina la política exterior norteamericana hacia Cuba: es sorprendente que un grupo con tanto poder en la nación más poderosa del planeta no haya podido, en casi medio siglo, salir de un dictador tercermundista con una economía en ruinas y que no cuenta con potencias aliadas hace quince años.

Superpone a todos los cubanos de Miami con grupos que sostienen posiciones extremas; le obsesionan Batista y los batistianos, llegando a señalar como argumento, en su primer artículo, que un nieto de Fulgencio Batista es magistrado en Florida, cuando un hijo de Ángel Castro (voluntario español antiindependentista) lleva haciendo lo que quiere en Cuba casi medio siglo, sin que eso sea control español sobre Cuba; parece ver a todos los hombres de negocio que prosperaron y crearon fortunas como cómplices de la dictadura batistiana, sin entender la diferencia existente entre emprendedores exitosos y políticos corruptos y malversadores.

Las propiedades confiscadas

El autor comenta que "si se comienza por definir el tema de la democracia cubana priorizando la reclamación de propiedades e ignorando la responsabilidad batistiana y del embargo en la actual crisis, no sorprende que se conciban respuestas intervencionistas y antipatrióticas como la Ley Helms-Burton".

Demasiados problemas para cuatro líneas. No voy a desgastarme en la primera parte del párrafo: "el tema de la democracia cubana" se define para casi todos los cubanos, ante todo, por el fin del totalitarismo, la creación de un Estado de derecho y la elección de los gobernantes en comicios limpios y abiertos. López-Levy asigna categoría de universal a criterios de una parte de los cubanos en el destierro, que parecen resonar más en Denver que en Miami.

La reclamación de propiedades confiscadas en el castrismo no es ni lo más importante ni lo más urgente en el proceso de democratización de la Isla, pero es un punto que una Cuba libre debe asumir, analizar y resolver en su momento, con procesos de derecho y no de opiniones personales. Aunque es muy diferente confiscar una pequeña vivienda que una gran fábrica, y las soluciones no pueden ser similares, pretender seguir adelante como si nada hubiera sucedido es absurdo. En su momento el tema se debatirá y se resolverá en la nueva Cuba que se nos viene encima.

Mencionar la responsabilidad batistiana y del embargo en la actual crisis cubana es una manera, aun sin pretenderlo, de condonar el discurso oficial castrista. La dictadura batistiana tiene sus propias responsabilidades, y dista mucho de ser una república modelo ni mucho menos: asesinatos extrajudiciales (aunque no los 20.000 que cita continuamente la propaganda oficial), corrupción (aunque menor que la actual), violación de libertades individuales (en mucha menor escala que la actual dictadura castrista), encarcelamientos injustos (en mejores condiciones materiales y morales que las existentes en las actuales prisiones cubanas), y muchos males más.

El batistato fue condición necesaria, no suficiente, del advenimiento del castrismo: para llegar al poder personal absoluto y vitalicio, un inescrupuloso como Fidel Castro no necesitaba la dictadura de Batista: mucho antes del 10 de marzo, desde El Bogotazo y sus tiempos de pandillero universitario (que no de estudiante), andaba tratando de crear esos males que nos endilgó desde 1959. Y ahí tenemos a Hugo Chávez por el mismo camino de su mentor, en una nación que durante cuarenta años vivió una democracia tal vez imperfecta, pero no una dictadura.

En cuanto a la responsabilidad del embargo "en la actual crisis", letanía castrista, no lloveré sobre mojado. Acepto la tesis cuando se demuestre que las limitaciones, carencias y sufrimientos de los cubanos son consecuencia del embargo y no de la ineficiencia económica, el cierre arbitrario de los mercados campesinos, la represión de los artesanos, la prohibición de la pequeña propiedad, los abusos impositivos contra los paladares o la existencia de la figura jurídica de "delitos contra la economía popular".

No es el embargo quien niega al pueblo en la Isla "un mejor nivel de vida", como señala el autor. La tristemente célebre y omnipresente Libreta de Control de Abastecimientos nació en marzo de 1962, mucho antes que el embargo: no era una necesidad real, sino un mecanismo diabólico de control y represión de la población, vigente hasta nuestros días, y que solamente desaparecerá junto con el totalitarismo; pues es tan importante para reprimir a los cubanos como la Seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas Revolucionarios y los Comités de Defensa.

Por otra parte, la Ley Helms-Burton, siendo acto soberano del poder legislativo de Estados Unidos, no puede ser "antipatriótica" si no va contra los intereses de ese propio país. Una legislación antipatriótica para los cubanos sería una ley cubana contra los intereses del pueblo cubano; por ejemplo, la imposición "legal" del carácter inamovible del régimen, decretada como respuesta al Proyecto Varela.

¿Cuál soberanía?

Arturo López-Levy considera las leyes del embargo como "afrenta a nuestra soberanía". Si con "nuestra soberanía" se refiere a la del gobierno cubano, no es "nuestra", y es ese mismo gobierno quien pisotea su propia soberanía, como hizo al declarar en la Constitución de 1976 la "eterna amistad" con la Unión Soviética. O cuando permitió a los soviéticos instalar cohetes nucleares en Cuba en 1962, poniendo en peligro no sólo la existencia de los cubanos, sino de buena parte del mundo.

Pero si al referirse a soberanía el autor alude a la soberanía del pueblo cubano, no debe preocuparse demasiado, pues esa soberanía fue confiscada en 1959 y el máximo rector de la nación cubana es el Comandante en Jefe, con el apoyo del Partido Comunista. La soberanía de Cuba está secuestrada por una camarilla y el embargo se dirige contra esa camarilla. Si ambas cosas tienen relación es porque el embargo es una vía, funcione mejor o peor, de recuperar nuestra soberanía, la del pueblo cubano, de los que apoyan el embargo y de quienes se oponen.

Los regímenes comunistas europeos no cayeron por "exitosas políticas de intercambio cultural y religioso y por los viajes", sino por la decisión de Mijail Gorbachov de prohibir al Ejército Rojo masacrar las protestas populares, como hizo anteriormente en Hungría y Checoslovaquia. Intelectuales, escritores, cantantes y predicadores hacen mucho bien a la humanidad cuando son buenos, pero no derriban regímenes totalitarios.

Discrepar del embargo no implica ser acusado de "antinorteamericano", como se queja el autor: es su expresión libre y soberana de ser humano libre en una nación democrática. Responderle no es "imitación macartista" ni utilizar "la retórica de la derecha radical exiliada", sino expresión libre y soberana de otro ser humano en una nación democrática.

Los 'avances sociales de las últimas décadas'

Cuando dice que condenar algunos males del totalitarismo "no equivale a una aquiescencia a desmantelar los avances sociales de las últimas décadas", creo que el autor se refiere a los grandes mitos del castrismo sobre salud pública, educación y deportes gratuitos para (casi) todos los cubanos, excluyendo, naturalmente, a los casi dos millones de cubanos que vivimos fuera, los "reclusos contrarrevolucionarios", lo disidentes, o quienes profesan religiones consideradas "instrumento del imperialismo".

Sin pecar de densidad, se deben aclarar algunos conceptos: nada es gratuito, más allá del aire que respiramos o el mundo en que vivimos. Hasta el mismo Karl Marx comprendió que la riqueza la crea el trabajo; aunque no se dio cuenta que no sólo el de los obreros, como quedó claro tras setenta años de comunismo. Construir hospitales, escuelas y campos deportivos, formar profesionales calificados, brindar estudio y recreo a la población de un país, cuesta dinero.

Si estos "logros" existen solamente en Cuba y no en los otros 189 países que integran Naciones Unidas, no es por bondad y sabiduría del gobierno cubano o maldad de todos los demás. Ningún gobierno en el mundo crea riqueza ni recursos: los utiliza y gasta con determinado grado de eficiencia, a través de un presupuesto. Algunos gobiernos asumen mayor responsabilidad colectiva por estos servicios, mientras otros dejan en manos de los individuos parte importante de los mismos. Es un contrato social entre gobernantes y gobernados, donde una mayor o menor parte de la riqueza creada con el esfuerzo de la población va a manos del gobierno en forma de impuestos y contribuciones.

Suecos, alemanes e ingleses, pagan más impuestos a cambio de determinados beneficios sociales ofrecidos por el gobierno, mientras estadounidenses o japoneses dependen más de sus propios recursos, en forma de seguros privados o compensaciones de retiro.

Cada sistema tiene ventajas y desventajas. ¿Cuál es mejor? Depende de muchos factores. Sin embargo, lo fundamental es que los gobiernos que implementan estos programas, además de hacerlo sin violar libertades fundamentales ni derechos humanos, son electos periódicamente en comicios donde los votantes tienen la oportunidad de elegir entre varias opciones, aunque sea apostando por la menos mala.

En Cuba, el contrato social ha sido entre Fidel Castro, de una parte, y el resto de los cubanos, de la otra, por 47 años, y no hay intenciones de modificarlo mientras no exista un cambio de régimen. Castro retira lo que él desea a quienes trabajan, lo utiliza como le parezca y no necesita legitimarse en las urnas. Sus funestos resultados sobre la libertad personal y eficiencia económica son harto conocidos.

Vale para los "avances sociales" esta frase del autor: "lo mínimo que requiere una política contraproducente por décadas, se llame comunismo o embargo, es mostrar cómo funcionará en el futuro, si ninguna condicionante esencial ha cambiado en los últimos quince años".

Estos criterios muchas veces se etiquetan de neoliberales, cavernícolas, extrema derecha, pro imperialistas, insensibles, como si se pidiera desconectar equipos de terapia intensiva a quien no pueda pagar, o desalfabetizar personas. Primero fueron Lenin, Stalin, Dimitrov, Mao, Castro y el tío Ho; ahora Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega o los comunistas nostálgicos. Aunque siguen gritando lo mismo, no pueden multiplicar panes y peces sin economía de mercado ni Estado de derecho. Los dictadores totalitarios no son dioses, aunque ellos mismos se lo crean.

Ni izquierda ni derecha

Pensar diferente a López-Levy no santifica el crimen del avión de Barbados, ni lo considera una acción patriótica. De igual manera, coincidir con el autor no significa aplaudir el hundimiento del remolcador 13 de Marzo o justificarlo con cualquier pretexto.

Los cubanos tendemos a pensar en extremos de blanco y negro: nos quedamos cortos o nos pasamos. Ocurre cuando se discute de pelota y sobre los peloteros, pero es peor en el caso de la política. En la Cuba oficial, todo el que no apoye incondicionalmente al régimen es, cuando menos, pichón de traidor. Si no compartes todas las opiniones de los líderes del exilio "oficial", suenas a castrista. El Partido Comunista te pregunta cuándo te integraste a la "revolución" para clasificarte, pero algunos en la Calle Ocho te preguntan en qué año llegaste, con el mismo fin.

Estar de acuerdo en algunos temas, no obliga a estar de acuerdo en todos. Discrepar en algunos, no es estar contra todo. Comparto algunos análisis y posiciones de los congresistas cubanoamericanos por Florida y discrepo de otros; pero no olvido que cada dos años ellos deben presentarse a elecciones y ser reelectos por los votantes. Es decir, que en alguna medida representan el criterio de los votantes cubanoamericanos.

Podrán decirme que no todos votan, y que no siempre…, pero así funciona este sistema, que no será perfecto, pero ha demostrado ser insuperable. La más imperfecta democracia, con congresistas con los que no siempre coincido, es superior a la más perfecta dictadura con "legisladores" cínicos como Alarcón o facinerosos como Hassan Pérez.

López-Levy plantea como alternativa un "nuevo amanecer". Paradójicamente, ese es el nombre de una lúgubre prisión por donde han pasado miles de cubanos que enfrentaron "esa decadencia moral que apela al miedo", llamada gobierno revolucionario cubano. Es una coincidencia nada más, pero confieso que hubiera preferido otro nombre.

Para el autor, la "derecha cubana exiliada" falla en tres dimensiones: 1) definición del problema; 2) respuesta a tal reto; y 3) exiguo apoyo a la agenda que propone. De acuerdo o contra esta opinión, vale preguntarse si López-Levy falla también en la definición del problema, su respuesta a tal reto y el exiguo apoyo de la agenda que propone.

Tampoco quiero ver hecho escombros el Parque Vidal. Pero el Parque, Santa Clara y toda Cuba van camino a los escombros, no por la hipotética invasión americana en la que creen exiliados trasnochados o cederistas destacados en Cuba, sino por la permanente destrucción de país y nación que por casi medio siglo ha llevado a cabo el Comandante en Jefe. Valeriano Weyler, sin ser cubano, hizo menos daño.

Ni izquierda ni derecha. Creo en la democracia, el Estado de derecho, la economía de mercado y las libertades individuales. Regímenes brutales y criminales como el cubano, el norcoreano, el libio, y muy pronto el venezolano, no tienen justificación alguna. Los hipotéticos factores positivos que estos pudieran mostrar, no perdonan la eliminación de libertades individuales, la miseria, la represión y la destrucción de la nación.

Esa debía ser la prioridad. Después, en Cuba libre, hay tiempo de discrepar, respetuosa y seriamente, con extremas derechas, izquierdas, y todas las posiciones intermedias. Si algo ha sobrado en nuestra historia es quienes lo saben todo. No vendría mal tener un país donde todos sepan de algo y desconozcan de mucho, para crear una sabiduría colectiva mesurada, responsable y consensuada, donde tener razón sea menos importante que ser capaces de lograr lo razonable.

No

propiedades confiscadas, transición