• Registrarse
  • Iniciar sesión

Buscar en este blog

Sobre este blog

Bestiario de la prensa oficialista cubana.

Autor: Yodel Pérez Pulido

Yodel Perez Pulido

Camagüey, 1978. Licenciado en Comunicación Social, Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.

Contacto: completocamaguey1@gmail.com

 

Calendario

lunmarmiéjueviesábdom
1234567
891011121314
15161718192021
22232425262728
293031    

Sindicación

Agregador para sindicación en XML

La sombra de la mano de Tolstoi

La sombra de la mano de Tolstoi

Germán Guerra

11

2

47gg11.pdf [45,68 kB]

—tal vez la misma sombra
que intuyó Emilio García Montiel—

Aquí y ahora,
fumando en mis fantasmas,
atado diezmo de los años y esos viajes
que hoy son polvo y unas fotos amarillas,
sentado como siempre en mi balcón de tiempo,
aferrados los ojos a un par de atardeceres
y sintiendo en todo el cuerpo
las patadas que regala la vida,
patadas que me empujan a escribir este poema,
cuando se posa en la pared —ahora
no recuerdo si a mi diestra o mi siniestra—
la sombra de una mano
y busco y espanto las hormigas del miedo
porque no hay mano ni anillos que la salven
flotando entre el sol y mi pared
y la sombra se ha ido con la tarde.
Opacos soles del invierno
carcomen los bordes de la historia,
lápida y memoria bajo la luz que pudre.
Moscú sitiada por el tiempo
y todos los ejércitos afuera,
sangre labrando caminos en la nieve
y adentro, bien adentro,
la ciudad, los zares blancos
que salen de sus tumbas
y devoran la momia del último patriarca.
Magníficas campanas
que nunca cantaron la gloria del imperio.
Las cruces y el oro de los domos
están preñando nubes
en la iglesia de Khamovniki.
Las grúas están armando el horizonte.
Amagos de esperanza y esos viejos
que mueren si paran de toser,
que ya no cumplen años
fundidos para siempre a sus abrigos
—los abrigos no guardan el color
ni el último estertor de los visones—
y yo escondido en mi sombrero
entrando en la casa de Tolstoi.
Y adentro, bien adentro,
después del gran salón
y el retumbar de voces de las nobles visitas,
después de los pasos gastando la escalera,
en el aséptico orden de manuscritos inconclusos,
simétricos ejércitos detenidos en el último ajedrez
fundidos a la nieve del tiempo
y la sombra de una mano sobre los reyes de marfil.
Ventana pariendo los soles opacos del invierno
y un par de atardeceres
que regalan la vida y el tiempo y la memoria.

Poesía

No