Actualizado: 17/09/2021 9:52
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Economía

Cálculos mal realizados

Países con territorios muy extensos y mayores obstáculos naturales que Cuba poseen tasas de electrificación superiores, como Chile, Venezuela, Costa Rica, Brasil y Trinidad y Tobago, o similares, como el caso de Argentina, Uruguay, República Dominicana y Ecuador

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La capacidad de generación eléctrica de Cuba actualmente supera 10 veces la instalada en 1959 se anuncia con intención triunfalista en la primera página del diario Granma el 17 de enero. Esto se presenta como un enorme logro, sin tener en cuenta que ha pasado más de medio siglo, y el desarrollo tecnológico para producir electricidad con eficiencia ha avanzado de forma exponencial durante ese largo periodo.

Pero incluso si se examinan detenidamente las cifras del incremento del consumo de electricidad en el país, comparándolo con lo sucedido en América Latina y el Caribe, los resultados no pueden ser más desalentadores. De acuerdo con datos brindados por la Oficina Nacional de Estadística (ONE), en 1958 el consumo de electricidad fue 2.550,4 Gigavatts/hora (GW.h) y en 2010 alcanzó 17.395,5 GW.h, para una tasa promedio de crecimiento anual del 3,7 %, lo que no es muy alto. Sin embargo, si esa comparación se realiza entre 1989 y 2010, la tasa de crecimiento anual fue de 0,6 %, una de las más bajas en la región.

Ciertamente la capacidad de generación de electricidad en Cuba se incrementó notablemente en los años 1970 y 1980, no debido a la genialidad de nadie, sino a una coyuntura histórica que propició que la Unión Soviética y Checoslovaquia entregaran numerosas plantas termoeléctricas, financiadas con créditos altamente ventajosas, que en su mayoría no se han pagado. Además, los soviéticos se convirtieron en una fuente enorme de combustible barato, que no solo satisfacía las necesidades internas —incluidas las sustanciales cantidades despilfarradas—, sino se convirtió en la primera fuente de divisas fuertes a través de la reexportación del excedente recibido al mercado internacional. Los “hermanos” soviéticos permitían esas operaciones con el fallido objetivo de construir una vitrina para América Latina y el Tercer Mundo en general y al mismo tiempo mantener un portaaviones insumergible a 90 millas de su principal rival en el mundo.

Por otra parte, datos del PNUD en su Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008 muestran que Cuba tuvo un consumo de 1.380 kilovatios/hora, per cápita, en 2004 para ocupar el puesto 18 en América Latina y el Caribe, mientras el cambio porcentual del consumo de electricidad per cápita entre 1990 y 2004 fue de 0,6 %, solo superior en la región a Antigua y Barbuda, Surinam y Haití, que tuvieron decrecimientos en ese lapso.

En cuanto a que el 96 % de las familias cubanos tienen acceso a la energía eléctrica, indudablemente es un hecho positivo. Pero se debe básicamente a lo apuntado anteriormente respecto a la colaboración que durante muchos años brindaron la Unión Soviética y Checoslovaquia, mediante el suministro de plantas termoeléctricas, subestaciones y demás componentes para desarrollar el sistema. Hay que tener en cuenta que otros países de nuestra región, con territorios muy extensos y mayores obstáculos naturales que Cuba, poseen tasas de electrificación superiores, como Chile, Venezuela, Costa Rica, Brasil y Trinidad y Tobago, o similares, en el caso de Argentina, Uruguay, República Dominicana y Ecuador. Niveles de electrificación alcanzados, sin tener que pagar el costo en carencia de libertad, violación de derechos humanos y desgarramientos, sufridos por los cubanos en tantos años de totalitarismo.

Además, el desarrollo de la energía eléctrica en Cuba es altamente dependiente del uso del petróleo, con un apreciable grado de ineficiencia. Existen elevados consumos específicos de combustible e inaceptables coeficientes de pérdidas en la transmisión y distribución de la energía (15,4 % en 2010, en comparación con 8,7 % en 1958), dada la elevada antigüedad de las plantas termoeléctricas y demás componentes del sistema, en su mayoría con muchos años de explotación y una prolongada falta del mantenimiento adecuado, a lo cual se agrega una operación con muchas dificultades. Al mismo tiempo, la generación de energía eléctrica por fuentes renovables, en particular eólica y solar, es mínima (11,7 GW/h en 2010): muy por detrás de lo logrado actualmente en pequeños países como Costa Rica que produjo 519 GW/h solo de fuente eólica, en el mismo año, según información aportada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en un estudio realizado sobre la generación de electricidad en Centroamérica.

La situación de los trabajadores eléctricos antes y después de 1959 no admite comparación. Por los motivos que sean, en la etapa prerrevolucionaria gozaban de muchas ventajas, que ni pueden soñar los trabajadores eléctricos posteriores. En primer lugar tenían salarios y condiciones laborales muy superiores a la mayoría de los trabajadores cubanos; contaban con una cooperativa que los abastecía de una amplia gama de productos de consumo a precios especiales, y recibían créditos y condiciones preferenciales para la construcción de viviendas de alta calidad y confort, los repartos eléctricos edificados en varias ciudades. Lamentablemente perdieron todas esas ventajas injustamente, en una supuesta política de igualación de todos los trabajadores cubanos, cuando lo correcto habría sido elevar gradualmente a todos a esas condiciones.

Quienes tenemos edad para recordar la situación antes de 1959, sabemos que los trabajadores eléctricos fueron muy combativos en la defensa de sus derechos y no vacilaron en realizar protestas y huelgas, lo cual no puede hacer ningún trabajador cubano actualmente, carente hasta de verdaderas organizaciones obreras para defender sus derechos. Al mismo tiempo, los sindicatos eléctricos, sobre todo en municipios y provincias, se destacaron por su patriotismo en la lucha contra la tiranía batistiana. Irónicamente, sus esfuerzos y sacrificios han sido pagados con falta de libertad y peores condiciones laborales. Realmente no existe razón alguna para celebrar.


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