Actualizado: 16/10/2017 9:39
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Maestros, Educación

Educar controlando la información

Históricamente la educación en Cuba siempre tuvo un desarrollo acelerado y hemos contado con maestros y pedagogos de prestigio nacional e internacional

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Empieza un nuevo curso escolar, y por estas fechas siempre me invade cierto sentimiento de nostalgia feliz. Quizás porque nací y crecí en una familia de maestros, para mí cada inicio de clases es un evento vital trascendente. Desde muy temprano me hicieron incorporar como valores cívicos aquellos pensamientos martianos, quien siembre escuelas recogerá hombres, ser cultos para ser libres. Sin dudas, educación y libertad no pueden ser concebidas la una sin la otra, y el soporte de toda educación ha sido y es el libre acceso a la información. Mucho se ha hablado de los logros alcanzados por la educación cubana después de 1959, pero muy poco se dice del punto de partida socioeconómico que permitió al Gobierno liderado por Castro poner en marcha las acciones sociales de las que tanto se ufana la gerontocracia gobernante de la Isla. En este trabajo pongo a consideración del lector algunas reflexiones acerca de la educación en Cuba.

Según el diccionario de la Real Academia Española, logro es la acción y efecto de lograr; es decir, de conseguir o alcanzar lo que se intenta o desea. La idea de logro siempre expresa sentido positivo y se relaciona con desarrollo, evolución y perfeccionamiento. Cuando afirmamos que hemos logrado algo, debemos establecer una comparación obligada con un punto de partida determinado, el resultado de esa comparación debe ser positivo para que se pueda considerar logro. A medida que crece el consenso nacional e internacional sobre la necesidad de cambio político en Cuba, el Gobierno cubano y diferentes políticos e intelectuales no cubanos, han intentado justificar el no realizar los cambios necesarios, bajo pretexto de salvaguardar los logros de la revolución, en particular el desarrollo alcanzado en la educación.

Históricamente la educación en Cuba siempre tuvo un desarrollo acelerado y hemos contado con maestros y pedagogos de prestigio nacional e internacional. Entre mayo de 1902 y enero de 1959 se alcanzaron en este campo resultados importantes y significativos que fueron la base de los cambios posteriores. Al triunfo de la revolución, el 80 % de la población mayor de 6 años estaba escolarizada. El 20 % que no lo estaba, se concentraba en las zonas rurales. El Censo de Población y Viviendas de 1953 reportó que el 57 % de la población total era urbana y el 43 % rural. La Constitución reconocía la enseñanza laica y obligatoria hasta el sexto grado, para los niños de 6 a 14 años. La escuela pública era gratuita. En la escuela primaria, además de las asignaturas generales, se impartía educación física, música y artes manuales por maestros debidamente preparados. En las escuelas se daban clases de moral y cívica, asignatura en la que se explicaban los elementos básicos de la Constitución del 40 y la Declaración de los Derechos Humanos, de la que Cuba era signataria. Se había logrado sentar las bases para la enseñanza técnica especializada, que se encontraba en proceso de expansión y desarrollo.

Existían tres universidades oficiales: la hoy bicentenaria Universidad de La Habana y otras dos nuevas, la Universidad de Oriente y la Universidad de Las Villas, donde se estudiaban las carreras tradicionales de Ciencias, Humanidades, Derecho, Medicina, Farmacia, Odontología, Arquitectura, Ingeniería Eléctrica y Civil, Agricultura, Pedagogía, Contador Público, Agronomía, y Veterinaria, entre otras. En la Universidad de Oriente y en la Universidad de Las Villas, se cursaban otros estudios de mayor actualización, tales como, Economía, Química Industrial, Ingeniería Mecánica y Minería. En el contexto del sistema, en los diferentes niveles y tipos de educación, florecía paralelamente la escuela privada, nutriendo la inteligencia de niños y jóvenes, y estimulando la diversidad de pensamiento. Entre ellas impactaron la formación intelectual y moral de los cubanos por varias generaciones, el Instituto Edison, la Academia Baldor, la Academia Valmaña, el Colegio Estrella, fundado por Felicia Guerra, hermana de Ramiro Guerra, La Progresiva de Cárdenas, donde estudió José Antonio Echeverría, por solo citar unas pocas. Los hermanos Castro se beneficiaron del sistema de educación privada, ambos cursaron estudios en el Colegio Dolores de Santiago de Cuba, y más tarde concluyeron la enseñanza media superior en el Colegio Belén de La Habana.

El sistema de formación de maestros estaba organizado en las Escuelas Normales para Maestros, en correspondencia con la división política administrativa del país. Existía la carrera de Pedagogía a nivel universitario. La totalidad de los maestros estaban titulados y organizados en Colegios que los representaban como grupo social activo en la vida pública de la nación. Los maestros y pedagogos cubanos eran uno de los sectores sociales más activos en la política nacional. Jugaron un papel protagónico en la huelga general de 1935 y estuvieron presentes como fuerza cívica influyente en los momentos históricos en que había que defender los derechos civiles y constitucionales de los cubanos. Los maestros en Cuba enseñaban a pensar.

Si tenemos en cuenta que estamos hablando de una república que solo tenía cincuenta y nueve años de vida socio-política independiente, y algo menos de seis millones de habitantes, se puede concluir que la situación de la educación en Cuba al momento del arribo al poder de la revolución, distaba mucho de ser caótica ni siquiera similar a la que existía en la mayoría de los países de América Latina, incluso en España. De haber sido otra la situación, al Gobierno revolucionario no le hubiera sido posible realizar las primeras acciones de las que tanto se han estado ufanando durante todos estos años en el campo de la educación.

Las 10.000 nuevas aulas rurales que se crearon con la Ley 561 de septiembre de 1959, fueron ocupadas por maestros normalistas graduados y jóvenes graduados de bachillerato, o próximos a concluir esos estudios, que habían sido formados antes de enero de 1959. La creación de esas aulas fue parte del conjunto de acciones que el magisterio cubano había estado promoviendo y demandando por años, y no constituía parte esencial del programa político de Castro. Fue una acción política que utilizó el terreno que había sido abonado por los maestros y pedagogos cubanos.

La Ley de Nacionalización General de la Enseñanza de 6 de junio de 1961, solo abolió el derecho a la enseñanza privada, y en consecuencia, la posibilidad de acceso a otros enfoques del proceso educativo y de estimulación del pensamiento libre. La enseñanza pública laica, gratuita y como derecho de todos los cubanos ya estaba legislada.

La campaña de alfabetización se pudo hacer a dos años escasos del triunfo de la revolución, porque la población cubana estaba esencialmente escolarizada. Fue una campaña diseñada por los profesionales de la educación en Cuba y llevada a cabo por los maestros y los estudiantes de la enseñanza media y superior, sin ayuda internacional alguna. En las estadísticas, al finalizar la campaña, no se hizo propaganda a la distribución de los alfabetizados según edad, porque gran parte de los analfabetos censados al inicio, eran personas mayores de 50 años. Manipulando los datos, la tasa de analfabetismo inicial corresponde al total de la población cubana mayor de 10 años, pero la tasa de analfabetismo final corresponde al total de personas entre 10 y 49 años, siguiendo los criterios internacionales para determinar la tasa de analfabetismo de un país.

La Reforma Universitaria de 1963 amplió el espectro de las ingenierías, pero sentó las bases para el control del desarrollo del pensamiento filosófico, político y humanístico en las universidades. Las ciencias sociales y las humanidades, muy poco tiempo después, dejaron de jugar el papel activo que siempre habían jugado en el paisaje intelectual cubano. Además, dio al traste con la autonomía universitaria. Los estudiantes dejaron de ser agentes activos de cambio social.

Hay otras cuestiones relacionadas con la educación: los planes de becas, la reestructuración del plan de formación de maestros, las escuelas de enseñanza especial —música, artes plásticas, deportes—, la universalización de la enseñanza universitaria en 1970, el plan estudio-trabajo, que se incluyen en el acápite de los logros de la educación, que solo se mencionan y no se profundizan en el discurso oficialista del Gobierno cubano y sus simpatizantes, porque los resultados no son de exhibición y en la práctica han tenido un impacto muy fuerte en la desestabilización e involución de la psicología social cotidiana de los cubanos.

Al finalizar la campaña de alfabetización se reestructuró el plan de formación de maestros, bajo la dirección de Elena Gil surgieron las escuelas pedagógicas Antón Makarenko. El enfoque filosófico que debían aprender las nuevas generaciones de maestros cubanos era que el mejor sistema de educación es el que se basa en el quebranto de la voluntad del educando, porque el sacrificio, como estilo de vida, es el recuerdo vívido de la verdadera condición humana y el único objetivo del ser social (sic). Los adolescentes y jóvenes que deseaban estudiar magisterio, debían probar su vocación para el sacrificio y estudiar los tres primeros años de la carrera en condiciones de campamento guerrillero en Minas del Frío, zona situada en las montañas de la Sierra Maestra en la región oriental del país. Después, pasar dos en Topes de Collantes, en el edificio que en su día fue sanatorio antituberculoso, en medio de la cordillera del Escambray en la región central de la Isla. Solo a los que habían pasado satisfactoriamente esos cinco años de privaciones materiales y de lejanía de la familia, se les permitía continuar un año más en Tarará, zona residencial de playa al este de La Habana, hasta graduarse. Si por voluntad propia, los alumnos de las escuelas Makarenko interrumpían el ciclo de formación una vez admitidos y matriculados, se les consideraba desertores, se dejaba constancia de ello en el expediente escolar y se les tenía en cuenta a la hora de solicitar otros estudios. Para distinguir a los que eran o habían sido alumnos de ese plan del resto de los maestros que no se habían formado en la fragua del sacrificio, los estudiantes y graduados de las escuelas Makarenko tenían la obligación de vestir uniforme todo el tiempo. La mayoría absoluta de los estudiantes eran del sexo femenino.

Casi desde el principio la revolución abolió la enseñanza de la música, las artes manuales y la educación física en las escuelas primarias. Más tarde, se exigió a los maestros de enseñanza general que dieran clases de educación física. La enseñanza de la música y las artes manuales no se ha sistematizado aún. El sistema no prevé esos conocimientos como parte de la educación general. La enseñanza de idioma extranjero no se contempla hasta el séptimo grado y en las escuelas de idiomas no se admiten menores de 15 años. En el presente, no se considera importante ni útil aprender un segundo idioma.

En 1970 no se hicieron los tan anunciados diez millones de toneladas de azúcar. Aquel evidente fracaso económico y político, afectó de manera particular al sistema de educación cubano. La más dramática de las afectaciones fue el desmantelamiento de la enseñanza politécnica en todo el país. Después de aquel despropósito, llegó el tiempo de la institucionalización de la revolución, pero, como los dirigentes no cumplían los requisitos de instrucción que se estaban planteando para ocupar los cargos de dirección, entre otras razones, porque no consideraban importante la educación para ser buen revolucionario, la solución fue una amnistía de cinco años para que todo aquel que no fuera universitario lograra un título y así permitirles mantenerse en puestos de dirección. Bajo el amparo de la Ley de Universalización de la Enseñanza de 1970, la universidad comenzó a graduar en los cursos para trabajadores a funcionarios y dirigentes de cualquier nivel de dirección, para que las nuevas medidas de orden no los afectaran en su status social.

A principio de los años setenta, la primera ola de la explosión demográfica de los sesenta arribó a la enseñanza secundaria básica, las escuelas que existían no alcanzaban. Por otra parte, las empresas agrícolas justificaban la falta de productividad y eficiencia con la escasez de mano de obra. Coyuntura que aprovechó el Gobierno de para dar otro enfoque al sistema de becas: de la escuela al campo se pasó a las escuelas en el campo. Se construyeron escuelas en zonas rurales apartadas de los pueblos y principales centros urbanos. Los alumnos de secundaria básica y preuniversitario de todo el país comenzaron a realizar, obligatoriamente, labores agrícolas o de otra naturaleza en la sesión contraria a la de clases. Fue la época de la hemorragia de certificados por enfermedad, solicitados por los padres tratando de evadir la realidad que les tocaba vivir a sus hijos adolescentes. Los maestros fueron compulsados a dejar sus familias e ir a vivir con sus alumnos, en consecuencia y unido a otros problemas no menos enajenantes, se produjo un rechazo a la profesión de maestro. En los albores del siglo XXI, los edificios construidos bajo el principio de escuelas en el campo se han quedado vacíos y en franco deterioro. Se han creado planes para la formación de maestros emergentes porque el magisterio no le resulta atractivo a las nuevas generaciones de cubanos. ¿Qué dirían José de la Luz y Caballero y Enrique José Varona?

En Cuba el acceso a la instrucción no ha significado acceso a la información. El sistema de educación cubano no entrena ni estimula al educando y les prohíbe, de las más diversas maneras, la búsqueda libre de información; tampoco los adiestra en cómo orientarse para acceder a fuentes de información variada y compleja. Definitivamente, el método socrático no forma parte del pensamiento pedagógico cubano actual. El dogma como estilo obligatorio de enseñanza no se limita a la repetición de frases hechas, sino que añade la obstinada negación de la realidad circundante. En Cuba, la práctica no es criterio de verdad. La involución en el terreno de la educación es evidente en la relación instrucción-información que existe en la Isla. El acceso a Internet es selectivo y está bajo control de un único servidor que funciona como red interna nacional. Los que tienen computadoras, están bajo vigilancia cibernética y, aunque pueden comunicarse a través del correo electrónico, solo los más iguales dentro del grupo de otros más iguales, pueden tener acceso a Internet. El teléfono móvil se puede tener, pero solo para hacer llamadas… dentro del territorio nacional.

En el 2010, en el discurso inaugural de la escuela de trabajadores sociales de Holguín, Castro afirmó que había habido que estudiar la eliminación de conocimientos innecesarios que no preparaban a las nuevas generaciones para trabajar. Por curiosidad me informé al respecto. Entre los conocimientos innecesarios que se habían considerado superfluos y se habían suprimido, desde la enseñanza media, están la geografía y el español. Al parecer no se quiere que se sepa que existen otras regiones del planeta donde viven gentes con fracasos y éxitos; tampoco se considera necesario la correcta expresión oral y escrita en la lengua materna, o en ninguna otra, porque así se evita la comunicación entre los seres humanos y se les simplifica el trabajo a los censores de libros, artículos y blogs. En este punto recuerdo a Galileo, no importa lo que hagan los represores, la vida se mueve de todas maneras.


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Estudiantes saludan la bandera y cantan el himno nacional el lunes 5 de septiembre de 2011, durante el acto de inauguración del curso escolar 2011-2012 en un centro educativo de La Habana (Cuba)Foto

Estudiantes saludan la bandera y cantan el himno nacional el lunes 5 de septiembre de 2011, durante el acto de inauguración del curso escolar 2011-2012 en un centro educativo de La Habana (Cuba). (EFE)