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VI Congreso del PCC, Cambios

El congreso cubano, una crítica a los últimos 50 años

En el discurso de clausura, Raúl arrojó algo de luz sobre la toma de decisiones de la cúpula, algo que no hubiera hecho su hermano mayor

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A primera vista el congreso del partido que acaba de finalizar en La Habana ha sido más de lo mismo.

La vieja guardia permanece en el poder, aunque con un solo Castro al mando. La edad promedio de los miembros del buró político —14 hombres y una mujer con poder decisorio sobre los asuntos más urgentes de la nación— es 67, con el 50 % de 70 años o más. La reunión emanaba simbolismo, con las fechas escogidas para su celebración: del 16 al 19 de abril, el 50 aniversario de la invasión a Bahía de Cochinos.

El congreso, efectivamente, tuvo su inauguración en la Plaza de la Revolución con un desfile militar, recordatorio de que la Cuba actual está preparada para evitar la agresión. Y, por si fuera poco, Fidel Castro asistió a la sesión de clausura como un miembro más del partido.

El Buró Político incluye a seis generales y a un comandante histórico. Los militares constituyen el 19 % de un comité conformado por 115 miembros. Con algunas diferencias a lo largo de las décadas, estas cifras revelan algo más que proporciones relativas. Fidel, Raúl y los otros viejos revolucionarios poseen una comprensión militar de la política. Si bien dicen seguir el papel del patriarca José Martí, los históricos nunca han prestado atención a las palabras que dirigiera a Máximo Gómez, el generalísimo de la independencia: “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento”. Quedará para la próxima generación percibir la política como civiles, sea como sucesores de los viejos revolucionarios o como fundadores de una Cuba democrática.

Sin embargo, si miramos de nuevo, algo siempre recomendable en cualquier asunto, lo que vemos puede llevarnos en otra dirección. Por primera vez, la alta dirigencia estará restringida a dos mandatos consecutivos. Cierto, habría sido realmente trascendental si los límites al mandato hubieran quedado instituidos hace una década, cuando el histórico por antonomasia todavía llevaba las riendas, pero con una salud que se deterioraba cada vez más. Pero da igual, reconocer que al menos los altos puestos no serán vitalicios resulta saludable.

El comité central —los líderes del segundo nivel del partido— se ha reducido de 150 a 115. Las mujeres constituyen ahora casi el 42 %, con lo que se ha triplicado la cifra anterior. Negros y mulatos aumentaron moderadamente hasta algo más del 31%. Dadas las respectivas proporciones, ambos sectores —sobre todo negros y mulatos— todavía son reducidos.

Un Raúl Castro casi apologético señaló que los históricos mantenían un sitio dentro de la dirigencia como resultado de su propio fracaso en la preparación de jóvenes cubanos como sucesores. Y recuerdo a Carlos Lage, Roberto Robaina y Felipe Pérez Roque: el primero, otrora zar de la economía, y los otros dos, antiguos ministros de Exteriores. El reconocimiento de Raúl, bastante crítico, resulta inusual en líderes cubanos.

En el discurso de clausura, Raúl arrojó algo de luz sobre la toma de decisiones de la cúpula. El comité central se reúne al menos dos veces al año. Los representantes del buró político y del consejo de ministros se reúnen semanalmente y los ministros invitan a sus reuniones mensuales a observadores del partido, la Asamblea Nacional, los sindicatos, la Juventud Comunista y a los gobiernos provinciales.

Y si bien no resulta apasionante ni democrático, el proceso no hubiera sido nunca explicado con detalle por el hermano mayor, Fidel. Después de todo, bajo su mando el partido pasó 14 años sin celebrar un congreso, lo que supone un récord en los anales del comunismo.

Bajo la dirección de Raúl, la decisión de “actualizar” el modelo económico de Cuba surgió institucionalmente. Si la dirigencia decide acelerar o reducir las reformas, se seguiría el mismo procedimiento. Nunca más la nación sufrirá cambios abruptos como consecuencia de los antojos de un solo hombre.

La actualización económica propuesta apenas roza la superficie. Sin embargo, si leemos entre líneas, representa una crítica a los últimos 50 años. No hay prácticamente nada nuevo: los problemas han estado ahí durante décadas. Por qué la dirigencia los aborda ahora y no lo hizo a principios de los 90, por ejemplo, podría debatirse en otro momento.

Anteriormente el propio Raúl se refirió con dureza a la doble moral —decir algo en público, aunque se piense lo contrario— y a la práctica de hablar poco en las reuniones, y luego hacerlo profusamente en los pasillos. El congreso no se pronunció al respecto. Así que sospecho se hará en la conferencia del partido del 28 de enero de 2012, fecha en que se conmemora el nacimiento de Martí, convocada para “actualizar” la dirección del partido.

Para sentar bien la diferencia, los históricos tendrían que seguir la advertencia de Martí acerca de cómo se rige una nación. Espero sentada. Sin embargo, creí oportuno recordar que toda política significa liderazgo civil y libertades civiles, sin alguna de las cuales, la doble moral siempre estará entre nosotros.


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