Actualizado: 15/01/2018 10:30
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Natalidad, Mortalidad, Aborto, Demografía

El futuro demográfico de Cuba: ¿un caso sui generis?

Uno de los temas más preocupantes en Cuba, desde el punto de vista demográfico, es el acelerado proceso de envejecimiento de la población

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Entre el 16 y 19 de noviembre, se llevó a cabo el IV Congreso de la Asociación Latinoamericana de Población en La Habana, Cuba. Los mayores expertos en demografía de América Latina prepararon sus ponencias sobre diferentes temas del comportamiento de las poblaciones de los países latinoamericanos en el pasado, presente y futuro, para este evento. Como tema central de este congreso, que se realiza cada dos años, se eligió “Condiciones y Transformaciones Culturales, Factores Económicos y Tendencias Demográficas en Latinoamérica”, es decir, un tema lo suficientemente amplio como para abarcarlo todo o casi todo. El evento contó con más de 300 presentaciones de las cuales 40 estaban relacionadas con el caso cubano.

No hay duda que uno de los tema más recurrentes y preocupantes desde el punto de vista demográfico, en el caso cubano, es el acelerado proceso de envejecimiento y el presumible decrecimiento de la población a corto y mediano plazo, si no se da un cambio estructural en la historia del país, ya que las limitaciones son muy grandes para contrarrestar este proceso. Como caso único en América Latina, el estado de envejecimiento de la población cubana es “típico” del final de la transición demográfica, con unas tasas de mortalidad y natalidad muy bajas y consecuentemente con un crecimiento natural de la población que se hace muy bajo o prácticamente nulo.

En los países en desarrollo la transición no ha tenido los mismos impulsos que en Europa; se ha conseguido reducir la mortalidad gracias a los avances médicos y sanitarios traspasados desde Occidente, sin salir en la mayoría de los casos de las economías agrarias tradicionales, con lo que el ritmo ha sido mucho más acelerado que en el caso europeo, el cual fue muy lento y progresivo dado que su origen estuvo en el proceso de industrialización y la consiguiente mejora de las condiciones de vida. En Cuba, sin embargo, aunque el origen no ha sido el proceso de industrialización, la reducción de la mortalidad sí estuvo acompañada de una reducción vertiginosa de la natalidad (1,64 hijos por mujer en 2008), cifra sin precedentes en ningún otro país latinoamericano. Por tanto, la evolución de los indicadores demográficos en Cuba corresponden a los de las sociedades postindustriales, pero además de que Cuba no es un país postindustrial, lo especial de su situación es que de las tres variables reguladoras del crecimiento de la población, natalidad, mortalidad y migración, la única con probabilidades de ser influenciada a través de políticas públicas, en las condiciones socioeconómicas y políticas actuales del país, es la natalidad. Retroceder en los indicadores de mortalidad sería un desprestigio y recurrir a la inmigración de capital humano, como lo han hecho el resto de países que han pasado por esta situación, es una utopía, porque en primer lugar en la actualidad no hay posibilidad legal para inmigrar a Cuba y en segundo lugar no hay incentivos laborales para atraer a población extranjera.

Por tanto la única esperanza, para que la población dentro de Cuba no se vaya “extinguiendo” poco a poco, está en aumentar la fecundidad, como expusieron en el congreso los ponentes Lorenzo I. Herrera León y Sonia Catases Cervera[1], ambos del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, después de analizar detalladamente las cifras de embarazos e interrupciones del embarazo en el lapso comprendido entre 1970 y 2008. Según estos autores, si no se hubiesen llevado a cabo los abortos inducidos ni las regulaciones menstruales, las cifras de embarazos anuales habrían alcanzado para situar al país por encima del nivel de reposición generacional. Por lo que concluyen los autores que la disminución de abortos y regulaciones menstruales podría constituir la gran reserva para la recuperación del nivel de reemplazo de la fecundidad. ¿Qué podemos concluir de esta afirmación? ¿Que una política pública posible sea la prohibición del aborto o por lo menos la imposición de restricciones de acceso a este método de planificación familiar? Sería bastante paradójico que el Gobierno cubano llegara a ese extremo, después de promulgar tanta modernidad en ese sentido. Pero políticas más blandas como campañas de concientización tienen una baja probabilidad de éxito, como lo demuestra el hecho de que en Cuba, a pesar de la enorme divulgación de campañas de salud sexual y reproductiva, la frecuencia de abortos como método de planificación familiar sea tan elevada. En fin, que el país se enfrenta a una encrucijada literalmente “vital” y es difícil vislumbrar una salida basándose en las proyecciones de tendencias actuales, como igualmente afirman los ponentes Lorenzo I. Herrera León y Sonia Catases Cervera.

Un aspecto sí confirma el caso cubano, y es que hoy en día la transición demográfica no se puede considerar una auténtica teoría sino que pasa a ser una “generalización empírica”, ya que puede servir para relacionar en el tiempo los comportamientos históricos de la natalidad y la mortalidad, pero no ha conseguido postular una relación causal entre tales comportamientos.




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