Actualizado: 20/10/2021 13:39
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Protestas

No sobredimensionemos las protestas

Desde hace mucho tiempo al cubano promedio no le interesa la “política”, sólo supervivir como pueda mientras deja los discursos de los Castro correr

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A raíz de ciertas protestas públicas acaecidas en diversas regiones de Cuba en días recientes, he visto al menos en par de encuestas que la mayoría de los participantes opinan que aquéllas podrían desembocar en un estallido popular. No lo creo.

Si consideramos la génesis de estas manifestaciones, veremos que todas tienen un tinte sectorizado; es decir, unos y otros grupos se han rebelado contra lo que afecta sus intereses, de modo que no hay un basamento “ideológico” en estas reacciones —por muy novedosas y bienvenidas que sean—, y que, eso sí, podrían ser tomadas en cuenta por el régimen, aplicar las “enmiendas” correspondientes, y todo en calma de nuevo.

Desde hace mucho tiempo al cubano promedio no le interesa la “política”, sólo supervivir como pueda —contrabandeando, sustrayendo de aquí y de allá y algunos esperando que le lleguen las remesas de sus familiares en el extranjero— mientras deja los discursos de los Castro correr. Quizá la batalla contra la inopia los prive de abstraerse acerca de la situación política que vive el país y del futuro de éste. Si no fuese por los valerosos grupos de disidentes que dentro de la Isla llevan a cabo su lucha, cualquiera podría pensar que en Cuba no pasa nada.

Quizá ocurra que cierto rasgo de la idiosincrasia del cubano juegue otro factor importante para tal pasividad: siempre me ha llamado la atención que, antes de 1959, abundaban en Cuba los nombres propios como Marilyn, Jacqueline, Lincoln, Eddy, Bobby (así inscritos en el Registro Civil) y en los inicios de la llamada “era soviética” proliferasen los Pavel, Yuri, Natascha, Nadiezdha, Gorki, Aliosha y aun los Stalin y Lenin; y que par de décadas después comenzasen a surgir nombres donde la Y predominaba, como Yunisley, Yaíma, Yaini, Yuniel Yuniesky y otros parecidos que, realmente, parecen nombres de medicamentos.

Por otra parte, es tan viejo casi como el mundo mismo que quien controla los medios de comunicación, lo controla todo. Así, los cubanos de “adentro” no están aptos para provocar una reacción en cadena a raíz de los últimos acontecimientos; sólo porque una parte ínfima de los ciudadanos podría tener conocimiento de lo que ocurre en el pueblo vecino. Sí, la Internet se ha convertido en el mayor enemigo de la dictadura, pero allá no la tienen. Somos los que estamos “afuera” los más informados de lo que ocurre “adentro”; si bien alguna información de lo que sucede en la Isla les llega a los que allí están de parte de los que estamos “afuera”. Si por alguna razón la mísera cuota de la moderna tecnología de comunicación que ha permitido el régimen para sus subyugados, llegara a dañar (al régimen) considerablemente, sería posible que el anciano príncipe heredero —Raúl Castro digo—, basándose en subterfugios y en su poder absoluto, eliminara los correos electrónicos autorizados para ciertas personas, los teléfonos celulares y el acceso a Internet de ciertos elegidos.

Pueblos bravos —no es necesario mencionarlos— estuvieron bajo la bota del comunismo durante décadas y décadas y nada pudieron hacer, aunque, como en el caso de los cubanos, la mayoría de aquellos ciudadanos aborrecía al régimen. O sea, ya lo sabemos, el trueno salvador para aquellos pueblos vino desde arriba. ¿Podría venir desde abajo en lo que a Cuba se refiere? Quizás sí, quizá podría ser la excepción, puesto que los tiempos han cambiado, pensarán algunos. La pregunta es la de siempre: ¿Cómo? Yo no sé.

Por lo pronto, habrá que seguir luchando desde afuera de la Isla, presionando a los organismos internacionales para que a su vez presionen a la dictadura —y lo mismo a los gobiernos decentes e indecentes—, tratar de eliminar al menos algunas cláusulas del embargo estadounidense que no permiten que los ciudadanos de este país arriben a Cuba sin sospechar, seguramente, que estarían haciendo la función del caballo de Troya. Y claro, no olvidarnos de que todos somos mortales, dictadores incluidos.

Pero no esperemos un estallido como consecuencia de una y otra protesta en territorio cubano. Serán muy pocas golondrinas para hacer verano.



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