Actualizado: 18/02/2020 21:35
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Literatura, Historia

Una mirada sobre tres siglos

Unas memorias publicadas en 1976 que conservan una vigencia absoluta

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Acabo de leer las memorias de Orestes Ferrara (1876-1972), uno de los hombres más importantes y cultos de nuestra era republicana. Nacido en Nápoles, Italia, se trasladó a Cuba cuando apenas contaba 19 años para luchar en nuestra Guerra de Independencia, donde alcanzó el grado de coronel. Después de la instauración de la República fue elegido a varios cargos públicos. Fungió además como Ministro de Relaciones Exteriores, Embajador, y Delegado a la Asamblea Constituyente de 1940. Ferrara hablaba cuatro idiomas y fue autor de innumerables libros. De gran visión y habilidad para los negocios, más de una vez tuvo que comenzar de cero para rehacer su fortuna. Fue fundador y principal accionista de Bancos y de empresas como la ITT (International Telephone and Telegraph), y contribuyó a que esa compañía telefónica internacionalizara y expandiera sus operaciones a varios países europeos y latinoamericanos.

Las memorias cubren de 1895 a 1968 y fueron escritas en su exilio final en Italia. Las páginas de este libro se leen con el mismo interés que nos provoca la más amena de las novelas. Sus amigos, sus enemigos, sus triunfos diplomáticos, políticos y financieros, y sus comentarios sobre personajes destacados del siglo XX están admirablemente narrados por este hombre de excepcional inteligencia. Ferrara contó con la estimación y el cariño, no sólo de sus compañeros mambises, como Máximo Gómez, Carlos Mendieta, José Miguel Gómez (su ídolo, quien después, cuando ocupó la presidencia del país, se ganó el mote «El Tiburón se baña pero salpica»), sino que también gozó del aprecio de figuras internacionales como Winston Churchill, Georges Clemenceau y otros.

El lector de este libro encontrará discrepancias, contradicciones, opiniones controvertidas, pero no podrá negar que Ferrara fue un hombre que defendió sin ambages y con gran firmeza y valentía sus puntos de vista.

Por ejemplo: Ferrara critica a los que lucharon contra las dictaduras de Machado y Batista. Y no sólo eso, sino que considera esas acciones contraproducentes. Sin embargo, él tomó parte en tres revoluciones y confiesa haber incendiado el ayuntamiento de Vueltas en 1906. Y cuando declara que es mejor negociar que derramar sangre, lo hace desde su condición de millonario, miembro de la clase gobernante, y mientras él era blanco (y víctima) de esos movimientos revolucionarios: primero, como Ministro de Relaciones Exteriores de Machado, y después, cuando consideraba a Batista y a su nefasto golpe de estado de 1952 como «una solución». Y justificaba así el inexcusable hecho: «Todo me indicaba que la fuerza era más útil que toda otra cosa».

Aparte de cualquier defecto de su personalidad y de su proceder político, los cubanos no debemos olvidar la gallardía de aquel joven que desde la comodidad de su hogar napolitano fue a pelear en nuestra gesta emancipadora, y que toda su vida consideró a Cuba como mi patria absoluta, a la que dedicó elocuentes párrafos de cariño y admiración: Cuba, que es tan bella por su estructura geográfica, tan agradable por sus brisas, la hermosura de sus mujeres y el temple moral de sus hombres… Y describe así aquella belle époque de comienzos del siglo XX: La Habana había precedido a Nueva York, instaurando temporadas invernales famosas. En efecto, el Metropolitan Opera House de Nueva York empezó sus actividades recibiendo, después de La Habana, la Compañía que organizaba anualmente Italia para actuar en el teatro habanero… En aquel entonces hubo como una excepcional explosión de belleza física. Ante aquel esplendor, un frío extranjero procedente de un país anglosajón, al asomarse al palco del Teatro Tacón exclamó: «Me parece estar en el paraíso». Y cita el comentario de un famoso actor italiano: «Los aplausos, en Tacón, se reciben con mayor agrado que en otros teatros del vasto mundo, porque la vista se recrea delante de este copioso mar de bellezas».

Y este hombre que (defectos a un lado) amó tanto a Cuba, describe así el despojo de que fue víctima por el gobierno de Fidel Castro: …pero un Gobierno de mi país, sin duda para premiar mi entusiasta y voluntario cambio de nacionalidad, sustituyendo a una nación secular en tradiciones por una todavía non nata, y para premiar también mi vida ofrecida al lado de los héroes de su Independencia, me confiscó todo lo que poseía… sin leyes, sin juicio, sin recibo, sin cuenta, sino simplemente entrando en nuestra casa y abriendo nuestra caja del Banco, apoderándose así de todo lo que contenían, y para mayor escarnio se quedaron hasta con nuestra morada.

Y definió de la siguiente forma al gobierno castrista y los estragos que ha ocasionado en Cuba: Quien quiera odiar al comunismo debe estudiar su tonta aplicación en nuestra tierra, que nos ha valido un terremoto moral, cívico, cultural, económico y político nunca visto a lo largo de los siglos.

«Con Ferrara se fue el último de los libertadores y el primero de los extranjeros que fue a Cuba a luchar por su independencia», escribió en el prólogo de estas fascinantes memorias el Dr. Carlos Márquez Sterling.

Tres anécdotas de Orestes Ferrara

1. Blas Roca, dirigente comunista cubano, le dice a Ferrara:

—Usted, Sr. Ferrara, ataca falsamente a la Unión Soviética. En Moscú se pueden decir las cosas más duras contra los gobernantes.

Ferrara: —Se pueden decir, no lo pongo en duda, pero una sola vez.

2. Un político oponente le alega: —Dr. Ferrara, lo sé. Yo he pasado por la Universidad.

Ferrara: —Los tranvías también pasan por la Universidad.

3. Un hacendado de apellido Cortina proponía un proyecto con el objetivo de adoptar los métodos de la agricultura suiza a la agricultura cubana.

Ferrara: —Su proyecto me parece excelente, Sr. Cortina. Pero con cuántos suizos cuenta usted para llevar a cabo el proyecto.

Extractos de este interesante libro:

La Guerra de Independencia de Cuba

…menos de treinta mil hombres, impulsados por una esperanza de vida libre que embelleciera doblemente a la Patria, luchaban contra doscientos mil adversarios venidos de la Península Ibérica… Lo cierto es que la guerra siguió sin posibilidades de victoria ni de derrota… el margen de victoria necesario lo vinieron a dar los Estados Unidos después de su intervención directa y decidida.

…No puedo explicar el júbilo intenso, enloquecedor que se apoderó de los cubanos. Corríamos por el campamento, nos abrazábamos y el grito común era: «Al fin libres».

El antiamericanismo

Para el desgraciado, el hombre próspero es siempre el culpable de todos los males… Por sus riquezas, su poderío, su superioridad, los americanos fueron tratados, y siguen siéndolo, de imperialistas, de autócratas, de dominadores. En realidad, nadie que conozca un poco de política y de historia puede atribuirles actos de dominación permanente en los últimos cien años, o sea durante el período de mayor imperialismo mundial… Al americano, a la luz de la verdad, se le puede acusar de una excesiva vanidad en materia internacional, pero no se puede afirmar que quiera abusar de nadie… Nuestra riqueza [la de la nación cubana] ha subido en potencial, principalmente por la vecindad generosa de ese pueblo.

Enrico Caruso

Como caso curioso relataré el de un jovencito que trabajaba como aprendiz en un taller de mecánica situado a unos cien metros del cuartel… El jovencito, entonces de unos catorce años, iba a recoger la ropa de Petriccione [un amigo de Ferrara que lo acompañó a Cuba] para llevarla al lavandero, y le prestaba también otros pequeños servicios. Ese jovencito fue luego nada menos que el gran tenor Enrico Caruso.

De cómo averiguaban los mambises la localización de las tropas (según le informó a Ferrara un campesino cubano)

Por el vuelo de las auras tiñosas. Estas vuelan sobre todos los campamentos, los nuestros y los del enemigo, donde acostumbran además a volar en círculo por ser esa la forma en que el español acampa. Nosotros, en cambio nos situamos a lo largo de las aguadas. El vuelo de ese infecto animal se revela como el de un centinela aéreo.

La comunicación entre las ciudades cubanas en el Siglo XIX

Para trasladarse por tierra de La Habana, que era la capital, a Santiago de Cuba, había que hacer un viaje de muchos días, fatigoso e inseguro a causa del estado de los caminos, que eran intransitables en el periodo de grandes lluvias. Esta situación había creado un fenómeno muy conocido: que muchas familias ricas de Oriente y de Camagüey frecuentaban Nueva York, París y Madrid, y no La Habana, debido a que ésta más que una capital constituía una dificultad…

Carlos Prío Socarrás (último presidente constitucional de Cuba)

Durante la Asamblea Constituyente de 1940] Desde los primeros días afirmé: «Este joven irá muy lejos». Y en efecto, llegó a la Presidencia con suma facilidad y precocidad, en una época en que aspiraban a ella hombres como Saladrigas, Alonso Pujol, Rafael Guas y otros. Prío Socarrás, desde el primer momento se hacía fácilmente amigo de los que conocía, por su sonrisa, por su lenguaje poco retórico, pero abierto y franco.

El Manifiesto de Montecristi y la primera Constitución de Cuba

El Manifiesto de Montecristi es la más bella página, la más honorable y justa que se haya escrito para hacer una declaración de guerra.

Desgraciadamente, la primera Constitución de Cuba, modelo de Constituciones, fue borrada de nuestra vida pública por repercusión lejana de un oleaje autoritario.

Cienfuegos

Cienfuegos no ha progresado mucho, como otras ciudades cubanas. Pero entonces [Principios del siglo XX], era como Santiago de Cuba, la única capital de provincia que después de La Habana merecía el nombre de ciudad.

Recuperación económica y social después de la Guerra de Independencia

La vida económica y social crecía como las hojas de los árboles en primavera, casi a la vista del hombre. A medida que se iba restableciendo el orden, normalizando las instituciones, instaurando los servicios públicos,… el ganado se iba aumentando gradualmente en los vastos potreros… Las siembras salían de sus escondrijos… Los antiguos señores, casi feudales, que habían abandonado la Cuba agrícola para refugiarse en Tampa, Nueva York o París (los emigrados buscan siempre las ciudades más bellas para pasar sus horas de dolor), volvían a sus dominios ancestrales. Así los Terry, descendientes de Don Tomás Terry, que fue considerado por algún tiempo, con razón o sin ella, «el hombre más rico del mundo» se instalaban otra vez en el Ingenio Caracas… Los Estévez y los Abreu reocuparon sus posesiones en Santa Clara… Los Oña… en la zona de Sagua. Y por dondequiera se encontraban los Berenguer, los Albarrán u otros retoños de robustos árboles de la familia cubana…

El Estado, más honorable y sano entonces que ahora, no intervino en nada… Y así de un movimiento anárquico, bajo el aguijón del interés individual, vino el bien colectivo, la famosa riqueza de Cuba… Al recordarlo, una vez más me convenzo de que el Estado debe y puede servir a los individuos exigiendo para ellos un tratamiento de justicia, pero no debe mezclarse en los asuntos económicos.

Sociedad y costumbres

Las costumbres cubanas durante el siglo que acababa de cerrarse [siglo XIX], habían sido copiadas de España y Francia… Algunos estudiantes y no pocas familias habían residido en París y Madrid. El paseo por algunas calles con el simple objeto de ver a los amigos, y de ser visto, era una costumbre traída de fuera. La pequeña calle de Obispo era el centro del visiteo matinal. En la tarde, el lugar de cita era la Avenida del Prado. Por la noche, después de las funciones teatrales, la sociedad cubana llenaba los bajos del Hotel Inglaterra y del Hotel Telégrafo. Un cierto grupo se extendía a la calle de San Rafael y a la acera del Louvre. Los teatros principales rodeaban el Parque Central. El Tacón (después Teatro Nacional) sobresalía. Luego venían el Payret… Y por último el Albisu, que se dedicaba a la zarzuela, mientras su vecino Payret abría las puertas a las grandes compañías dramáticas y a la Ópera Cómica. El Tacón, salvo excepciones, se honraba exclusivamente con la gran Ópera, en lo que La Habana había precedido a Nueva York, instaurando temporadas invernales famosas.

Fidel Castro

Comprendí desde el primer momento, que Fidel Castro con su viaje a la montaña no traería nada eficiente ni bueno. Expliqué que en lugar de buscar la solución de las desgracias por medio de reformas populares, queríamos encontrarlas en los individuos… Fidel Castro iba acompañado por muy pocos hombres y su insignificante expedición nunca hubiera sido tomada por la Historia como un factor decisivo, si Batista hubiera puesto el alto cargo presidencial a disposición de la mayoría. Los pocos compañeros de la guerra de independencia vivos aún, recordarán, como yo, que no fue ni en la Sierra Maestra ni en el Escambray donde se pretendió alcanzar un triunfo, ni siquiera parcial contra el enemigo. Recordarán algo más: la Sierra y el Escambray eran menospreciados como lugares de rebeldía, y calificados sus reductos de masajeras, los lugares escogidos para substraerse al ataque enemigo…

Él [Castro] significaría la figura del pretendiente que sabe esperar socarronamente la hora oportuna… queriendo establecerse en un lugar de reposo para gozar de oportunidades provocadas por otros.

Cuando oí la frase sacrílega: «¡Elecciones! ¿Para qué?», comprendí que había ocupado el poder un rampollo de Mussolini… el joven Castro dio prueba de que sólo aspiraba a su propia gloria por medio de exageraciones sentimentales y de ruidoso escándalo.

Las memorias de Oreste Ferrara, con el título Una mirada sobre tres siglos, fueron publicadas en 1976, por Ed. Playor, S. A. 535 págs.

Algunos otros libros escritos por Ferrara (se dice que escribió más de cuarenta; muchos de ellos traducidos a varios idiomas):

El Papa Borgia - Alejandro VI.
Lucrecia Borgia.
Maquiavelo.
L’Amérique et l’Europe.
La Última Guerra Española.
Ideas Políticas de José Antonio Saco.
Enrique IV de Castilla.
La Guerra Europea del 14.
Biografía de Felipe II.
Cicerón & Mirabeau.
Robespierre, El Extremista de la Revolución Francesa.
La Moral de los Grandes Oradores.
Martí y la Elocuencia.
Problemas de la Paz.
La Organización de los Continentes.
Trabajos en Europa.
La Correspondencia privada de Nicolás Maquiavelo.
Tentativas de Intervención Europea en América.
La Hegemonía Histórica.
Enseñanzas de una Revolución.
El Cardenal Gaspar Contarini y sus Misiones.
El siglo XVI a la luz de los Embajadores Venecianos.
Un Pleito Sucesorio: Isabel La Católica y la Beltraneja.
Mis Relaciones con Máximo Gómez.

Este texto forma parte de las crónicas que el autor escribió de 2006 a 2012, y que ahora revisa con el objetivo de incluirlas en un libro de próxima aparición.


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