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Los peloteros cubanos y el idioma

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Peloteros cubanos deben poner out a la incomunicación

Por Fernando Vilá

ESPECIAL PARA EL NUEVO HERALD

Analizando los problemas de comunicación que ha tenido con la prensa el torpedero de Atlanta, Yunel Escobar, me vino a la mente escribir este artículo sobre dicha situación, que aunque silenciosa, puede afectar a muchos.

Y digo silenciosa pues no se refleja en estadísticas ni en numeritos, es algo que cuando sucede, poco a poco, va consumiendo la imagen de un determinado pelotero.

En resumen, se trata de la adaptación de estos peloteros cubanos a una nueva cultura, a una forma de vida totalmente diferente a la que ellos se criaron, los jugadores cubanos vienen de una sociedad que no tiene nada que ver con esta en ningún sentido y la adaptación puede ser dolorosa y difícil. El conocimiento del idioma puede ayudar mucho en este empeño.

En esta pelota de Grandes Ligas muchos factores convergen, algunas veces influyen situaciones que van más allá del terreno de juego. En esta nación estamos acostumbrados a escuchar las opiniones de los peloteros prácticamente día a día si existe algo relevante. En Cuba no es así.

Un ejemplo claro de esto es en la competencia de jonrones durante la celebración del Juego de Estrellas donde se pide la opinión del jonronero delante de todo el estadio, cuando finaliza su turno al bate. Eso es muy importante aquí. Los cubanos deben entenderlo de esa manera. Cuando no sucede de esta forma y el jugador no puede expresarse muchas veces se puede confundir y malinterpretar la actitud de ese pelotero.

En el caso de Yunel la incomunicación que ha tenido con la prensa por no sentirse confortable con el inglés le ha jugado una mala pasada. A pesar del enorme talento que tiene, si no se comunica con los que escriben, se le complica todo.

Imagínese un periodista que desea saber la opinión de un pelotero y que no puede conocerla. Puede pensar que el muchacho lleva acá poco tiempo y que todavía no habla su idioma, pero también puede pensar que el pelotero no le interesa comunicarse o no le da importancia a dar su opinión y por ahí empiezan los malentendidos.

Encima de esto, muchas veces los equipos piden a los jugadores extranjeros que mejoren el nivel de inglés. Puede ser complicado aprenderlo y eso se entiende, pero los directivos y los encargados de la prensa lo pueden ver diferente y se podría dar la sensación de desinterés de parte del jugador y eso en un profesional es muy mal visto.

Aclaro que no estoy justificando problemas de actitud, ni tampoco el bajo de rendimiento de peloteros cubanos en el pasado. No estoy diciendo que el hecho de no saber hablar el idioma de William Shakespeare sea la razón que no se juegue bien, pero si pienso que el no entender o hablar inglés conspira contra una buena adaptación a este béisbol y a la sociedad en general.

Si analizamos peloteros que son queridos por todos como Cal Ripken Jr, Derek Jeter o Albert Pujols tienen como factor común, además de la calidad, el trato amable y claro con la prensa. Por otra parte, otros como Barry Bonds o Gary Sheffield tienen calidad pero el trato con la prensa no es bueno y ahí está la diferencia.

Mi consejo para los cubanos que quieren hacer carrera en las Grandes Ligas es claro: aprendan inglés. No necesitan hablarlo o entenderlo perfecto, sólo comuníquense y mejoren sus habilidades y eso facilitará su adaptación al mejor béisbol del mundo.



Una serie memorable Cuba - Venezuela 1977

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Una serie memorable, Cuba- Venezuela 1977

Por Andrés Pascual

En 1976 se efectúo la Serie Mundial de Béisbol Amateur en Colombia, como siempre a partir de 1969, el equipo de Castro se llevó, no sin antes “cancanear” en el camino, el primer lugar; en el medio, la Nicaragua somocista volvió a convertirse en el celebre “coco” de los cubanos y Porfirio Altamirano los blanqueó 5 x 0; tanto miedo le tenían al equipo de la tierra de Stanley Cayasso los paisanos de Raúl Castro que, a pesar de que le conectaron 11 hits con cinco dobles incluidos, el nerviosismo fue tal que perdieron por un increíble mal corrido de las bases con más de cuatro outs en home tratando desesperadamente de anotar; o pretendiendo alcanzar una imposible base mas…Julito Cuaresma se banqueteó poniendo outs a aquellos profesionales de estado en segunda.

Pero el equipo cubano era superior a Nicaragua y, si no barría como un huracán categoría 5 todos aquellos torneos, era sencillamente porque jugaban con una presión extra imposible de soportar: no podían perder; porque Castro sabía, aunque dijeran lo contrario allá, que profesionales, en el sentido de dedicar su tiempo laboral plenamente al béisbol durante el año, eran ellos.

En cuanto a preparación, el único otro equipo preparado, pero no a la altura del cubano, era el de juveniles de college de Estados Unidos, que tenía como director a Ron Frazier, y mayoría de jugadores de colegios del Estado de la Florida.

En 1977 se produjo la fractura de la FIBA (Federación Internacional de Béisbol Amateur) por discrepancias con la delegación cubana; Castro adujo “circunstancias de orden político” y, encabezado por el nicaragüense Carlos García y un grupo importante de países afiliados, nació una nueva organización, la FEMBA (Federación Mundial de Béisbol Amateur) con un evento internacional para jugar ese año en Taiwán; por supuesto, Cuba ni integró el nuevo organismo; ni, por tal motivo, participó en el evento.

Entonces se acordó un enfrentamiento contra una selección de profesionales venezolanos, la mayoría jugadores de Grandes Ligas y todos de la Liga Invernal de ese país en el mes de octubre. En juegos de preparación entre escuadras A y B, o rojo y azul, de preseleccionados cubanos, el pitcher derecho matancero, Rafael Rodríguez, lanzando por el team B, dejó sin carreras a lo que era prácticamente la selección, eso sucedió en agosto y los entrenamientos habían comenzado ese propio mes.

Como que jugar contra profesionales les quitaba la presión ajena con la que siempre arrastraron en el compromiso aficionado; porque nadie de la dirigencia ni del pueblo soñaba que pudieran ganar, pues los All Stars de Venezuela verían enfrente la verdadera clase de aquellos jugadores, quienes, con la excepción de David Concepción, eran muy superiores a todo el resto del club maracucho y, posiblemente, no solo aquellos jugadores; hasta un tercer equipo cubano de esa época valía mas que aquellos con nombre en Grandes Ligas.

Por esos días, cumplimentando una invitación de Concepción, estaba en Venezuela Pete Rose, por quien pidieron permiso para que jugara la tercera base de los venezolanos y no fue aceptado por la delegación cubana. Como en México en 1982, Tony Oliva estuvo en el dugout castrista al lado de su hermano, el pitcher del equipo cubano Juan Carlos.

La novena venezolana incluyó, entre otros, a Baudilio Díaz, a Gonzalo Márquez, a Luis Salazar, a Cesar Tovar, a Ossie Olivares, a David Concepción, a Antonio Armas, a Pastor Blanco, a Luis Peñalver, a Paulino Torrealba, a Manolo Sarmiento…

El equipo de Castro tenía a Pedro Medina y a Alberto Martínez en la receptoría, a Agustín Marquetti y a Antonio Muñoz en primera, a Alfonso Urquiola y a Rey Vicente Anglada en segunda, a Rodolfo Puente (dato curioso, hijo de Puente Pi el fotógrafo de Marianao y sobrino del inmortal del boxeo profesional cubano Armandito) en el shortstop, a Osvaldo Oliva en tercera, a Wilfredo Sánchez como designado, a Bárbaro Garbey en el leftfield, a Fernando Sánchez en el centro y Muñoz también patrulló los jardines.

Armando Capiró no viajó con la justificación de una lesión, pero en realidad fue la intervención en su contra de Oscar Fernández Mell que, para 1980, declaró en el antiguo Vedado Tennis Club que Capiró podía seguir jugando si quería; pero “avión no cogía mas” y esos fueron los males del gran pelotero y no otros, como se ha comentado…la serpentina incluyó, entre otros, a Julio Romero, a Braudilio Vinent, a Rogelio García, a Juan Carlos Oliva, a Omar Carrero…

Desde que el anunciador voceó los nombres de cada pelotero para la colocación por cada banda del cuadro, se sabía, sin tirarse una bola, que el único team que había allí era el cubano, mayúscula decepción para las legiones de anticastristas que esperábamos una derrota antillana por circunstancias conocidas…

 

Dos horas antes del juego, en la prisión política, el Dr. Gabriel Soto Cuesta, ex Secretario de Prensa de la Liga de Pedro Betancourt, y ex delegado del equipo Calimete en ese circuito, me dijo ¿Que crees de esta serie a ver…? Yo, dejando, como muchísimos cubanos de entonces y no solo presos políticos, que “el corazón ocupara el lugar de la razón”, le dije que el equipo de Castro no podía estar arriba un solo inning y Soto, con paciencia y sapiencia de 77 años cumplidos, que viajó a Estados Unidos a ver Series Mundiales desde 1926, que fue amigo del Caballero Oms y de Dihigo, además de otros muchos jugadores cubanos y americanos como Oliver Marcelle, Barney Serrell, Cool Papa y Leon Day, fue a la carga con: “…recuerda que estos peloteros no están Grandes Ligas porque no los dejan y los contrarios, los mismos venezolanos de siempre…

El Dr. Soto se sentó entre el comandante Ricardo Montero Duque y yo, éramos sus acompañantes preferidos; entonces, cuando se produjo el desfile y aquellos venezolanos con figura de alfeñiques se colocaron al lado de los cubanos, sin estampa y opacados por una era de peloteros que fue un crimen que no pudieran saltar, Soto me miró con una expresión de indudable afirmación de lo que me había sugerido; pero cuando Luis Peñalver le abrió, con aquella, sin velocidad, con una slider inofensivo y Wilfredo Sánchez casi le arranca la cabeza con una línea de hit al center, el gran amigo y “maestro de muchas cosas”, hermano mayor en la prisión política, Gabriel Soto Cuesta, sin mirar a nadie, dijo como para el: “…esos venezolanos no son peloteros al lado de estos cubanos…no van a ganar uno y en este tienen que traer una carreta para echar las que le van a hacer…”

Ese primer juego terminó 9 x 1, con Pedro Medina y Fernando Sánchez adivinado dos y sacándolas a 400 pies por todo el centerfield del Estadio Universitario de Caracas.

El único juego que ganó Venezuela fue con el zurdo Ramón Lunar en el montículo y marcador 4 x 5, no sin antes pasar un susto tremendo cuando Agustín Marquetti bateó una línea soberbia al right center que Armas atrapó contra la cerca de 405 pies del home.

Con marcadores de 6 x 0, 11 x 2, 9 x 1 y 5 x 4 se produjeron las victorias cubanas, sin ningún tipo de duda, Antonio Armas no lucía lo que Fernando Sánchez en el terreno y, aunque era la época de Marcano Trillo, yo hubiera querido ver en Grandes Ligas a Urquiola y a Anglada a ver que pasaba.

 

No hubo libertades para los bateadores venezolanos; no pudieron batear el slider de Vinent ni la velocidad de aquellos pitchers que, todavía, lanzaban con inteligencia y control de profesionales, solo que obligados por circunstancias acaso ajenas a su voluntad, a pernoctar en aquel béisbol de Cuba que les asfixiaba y liquidaba sus tremendas condiciones naturales para el juego.

Ninguno de estos equipos de hoy, ni los pitchers ni los jugadores de posición pueden compararse a aquellos, que bateaban en una época en que el bate era de madera y el pitcheo milla y media mejor que el de hoy allá. Yo diría que, hasta finales de los ochentas, fue la última etapa de cantera cubana por la cantidad y por la clase de aquellos peloteros.

La serie contra Venezuela concluyó con un rotundo 4 x 1 a favor de los antillanos que, desde ese momento, por aquel papelazo venezolano, pusieron a pensar a todo el mundo en Cuba que quizás las Grandes Ligas ya no era lo que fueron. Parte del problema, la imposibilidad por decreto arbitrario del dictador de mantener al país fuera de esa competencia…

 

 



Curiosidades Cubanas

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Curiosidades Cubanas

A propósito del partido de ayer de los Yankees de Nueva York donde el dominicano Melky Cabrera bateó para el ciclo, la sección Curiosidades Cubanas de hoy es sobre este tema.

Sabemos que lograr esta hazaña no es algo muy común. Es algo bien difícil de hacer, pues además de que el bateador tiene que gozar de un excelente día con el madero en la mano, tiene que batear de hit, doble, triple y jonrón, casi siempre en poco más de 4 veces al bate. Eso no es algo sencillo de alcanzar. Aclaro que los batazos no tienen que ser en ese orden específico.

Pero, a la misma vez que es un hecho que batear para el ciclo no es algo fácil, resulta extraño saber que en la historia no hay un solo pelotero cubano que haya logrado esta escalera ofensiva. Entre todos los buenos bateadores de la Isla que han pasado por las Grandes Ligas ninguno lo ha podido hacer.

Solo dos peloteros descendientes de cubano han logrado este mérito.

El tampeño Luis González, quien lo hizo el 5 de julio del 2000 en un partido donde su equipo Cascabeles de Arizona venció 12 x 9 a los Astros de Houston. González conectó de 6 x 4 con una empujada y cuatro anotadas.

El primer cubano-americano que logró esta hazaña fue el jardinero nacido en la ciudad de Miami Lakes Alex Ochoa. El pelotero de los Mets de Nueva York bateó para el ciclo el tres de julio de 1996 en la victoria de su team 10 x 6 contra los Filis de Filadelfia. Conectó de 5 x 5 con tres empujadas y la misma cantidad de anotadas. Además de disparar los cuatro batazos necesarios para el lograr el ciclo, disparó dos dobles. Ese día el torpedero Rey Ordóñez estaba en la alineación de los Mets.

Curiosamente las hazañas de estos dos peloteros ocurrieron en días miércoles



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Sobre este blog

Béisbol cubano, cubanos en las Grandes Ligas y ligas profesionales.

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Autor: Fernando Vilá

Fernando Vilá Chao

Escritor, Director Ejecutivo de Pasión Magazine. Escribe desde Miami,FL
palmardejunco@gmail.com

 

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