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HAVANATIMES: “Cubanos y el ‘daño antropológico’”, por Alfredo Fernández

Recientemente al comentarle a una amiga acerca de la situación que atravesamos  los cubanos y el país. Ella, sin permitirme concluir, me saltó encima y casi alterada me dijo de lo poco atinado que resultaba hablar del tema, pues según ella,  “lo que uno no puede cambiar, sencillamente no se analiza.”
Esta amiga cree fervientemente que sus problemas encontraran solución toda vez que abandone el país.
Una ex amiga, también cubana, con la cual mantuve excelentes relaciones justo hasta el preciso momento en que se me ocurrió invitarle a ver en el sitio web Estado de Sats,  el video dedicado a “Los medios de información en Cuba” que, en diciembre último, gravé junto a David Canela y Eliecer Ávila.
Esta “amiga” sin pensárselo dos veces me respondió con un ríspido email en donde me aclaraba su condición de “Representante de Cuba por el mundo” (mi ex amiga ahora se encuentra en Japón haciendo un doctorado).
Estas son las horas que no entiendo el temor de esta persona a cliquear en un sitio, más todavía si se encuentra a miles de kilómetros de sus censores. Grande debe ser la patología que se padece cuando, pese a tanto mar por medio, se experimentan semejantes miedos.

 

LAPUPILAINSOMNE: “Juan de los Muertos: Los zombies en La Habana no se curan con VampiSol”, por Antonio Enrique González Rojas

Siempre se prende fósforos justo al borde de las suelas del cine cubano, que lo sobresaltan a buena hora, con llamaradas renovadoras (al menos vivificantes), de su común transcurrir por la cuerda tragicómica y minimalista. Pues cuando el intimismo autoral es norma, la grotesca espectacularidad se revalida como signo de ruptura, de arte puntero.
Entre los más recientes sacudones propinados a los meros fundamentos de la fílmica nacional, clasifica la cinta Juan de los Muertos (Alejandro Brugués, 2011), traspolación al contexto cubano de los códigos visuales y resortes dramáticos distintivos del muy prolífico cine de zombies, y de la estética gore o splatter. Es un nuevo y loable intento por indagar los potenciales estético-conceptuales que el cine de género puede ofrecer para la pantalla cubana, como ha sucedido con el western (sólo mencionar Las aventuras de Juanquinquín, de Julio García Espinosa, 1967), el policiaco noir (El extraño caso de Rachel K, de Oscar Valdés, 1983 y Kleines Tropicana, de Daniel Díaz Torres, 1997), las cuales han proporcionado buenas dosis de oxígeno a la cinematografía criolla, y con el terror propiamente dicho, con las previas incursiones lideradas por la inefable franquicia de ¡Vampiros en La Habana! (Juan Padrón, 1986 y 2003), y otras realizadas desde los márgenes indies criollos, por Jorge Molina (Molina´s Culpa, 1993, Molina´s Fantasy, 2009 y Molina´s Ferozz, 2010), y Arturo Infante (CDR 666, 2010), logradas todas con un rigor artístico, muy por encima del facilismo mimético.

 

DILETANTESINCAUSA: “El debate intelectual”, por Roberto Madrigal

El reciente monólogo a tres voces perpetrado durante la reciente Feria Internacional del Libro, por los corifeos Leonardo Padura, Reinaldo González y Senel Paz, melodramática y escamoteadoramente titulado “Tan cerca y tan lejos. Literatura cubana de autores residentes fuera del país”, no solo ha suscitado numerosas y merecidas respuestas, sino que ha puesto en la palestra, una vez más,  el tema de la posibilidad de un debate intelectual entre las mal llamadas “dos orillas” de la cultura cubana.
Hay dos dificultades fundamentales que habría que vencer primero para que el debate tuviera sentido. La primera de ellas es que en Cuba, a no ser los disidentes, no hay intelectuales en la definición amplia del término. Stefan Collini ha hecho una de las definiciones más universalmente aceptadas del concepto de intelectual. En primer lugar está el hecho subjetivo: un intelectual es aquel que lee mucho, le interesan las ideas y se dedica a “la vida del pensamiento”. Es a lo que la mayoría de la gente se refiere cuando hablan de un tipo intelectual. El segundo aspecto es el hecho sociológico, que describe a cualquier persona con un título universitario. Es lo que define el diccionario, las personas que se dedican profesionalmente al estudio o a actividades que requieren un empleo prioritario de la inteligencia. Hasta aquí, muchos cumplen con la definición. Pero el tercer aspecto, que es el más importante para los asuntos que nos interesan, es el papel cultural. Dice Collini que un intelectual es alguien que primero obtiene un nivel de logro creativo, analítico o académico y que a partir de ahí usa los medios de difusión para comprometerse con las preocupaciones de un público más amplio, convirtiéndose en una voz reconocida. Es quien se involucra en la discusión pública de los asuntos de política pública. Este aspecto de la definición no la cumple ningún escritor o artista oficial, porque como bien señala en un artículo reciente Antonio José Ponte en Diario de Cuba, ”hablan... desde el centro de un mundo del cual uno puede alejarse, pero al que tiene que volver si de veras desea alcanzar cumplimiento”.

 

VERCUBA: “Ni dar ni oír consejos (I)”, por Zurelys López Amaya (Entrevista a Fernando Pérez)

La obra de Fernando Pérez destaca dentro de la cinematografía cubana por su singularidad. Es casi un lugar común decirlo, pero filmes como Clandestinos (1987), Hello Hemingway (1990), Madagascar (1994), o el más reciente, José Martí, el ojo del canario (2010), dan fe de un modo de ver y decir propio, reconocible en obras tan diversas como La vida es silbar (1998), donde el discurso se torna metafórico, poético en su afán de representar la compleja realidad cubana actual, o Suite Habana (2003), donde ese mismo afán se expresa a través de un estilo más próximo al documental. Una constante búsqueda, una mirada ingenua y profunda, ese empeño por descubrir los resortes ocultos del comportamiento humano en circunstancias más o menos adversas, más o menos cotidianas, pero sin renunciar a ciertos valores esenciales, a cierta “calidad del espíritu” sin la cual -parecen decirnos sus obras- nada tendría ya sentido; eso es, creo, lo que distingue al cine de Fernando Pérez.
¿Dónde comenzó el deseo de ver realizados sus sueños de hacer cine?
Recuerdo la primera vez que fui al cine. No estoy seguro de la edad, pero tendría seis, siete, quizás ocho años. Mi papá, que era cartero, era muy imaginativo, muy fantasioso. Recuerdo que estuvo como una semana en la casa donde vivíamos en Guanabacoa, poniendo papelitos por las paredes que decían “El indio Jerónimo”, cosas así, cautivantes y misteriosas. Mi hermana y yo preguntábamos, ¿y eso qué es? Y él nos decía: “Ya verán, ya verán”. Fue entonces cuando nos llevó al cine Ensueño. Allí vi la primera película que se llamó, justamente, El indio Jerónimo, un oeste norteamericano, con los indios, los vaqueros, la mujer rubia a quien amenazaban con cortarle el cuero cabelludo. Recuerdo la película en blanco y negro, y vienen a mi mente las imágenes y la emoción que aquello a mí me causó, porque hasta ese momento veía y leía mucho los muñequitos impresos, los cómics, como le llamaban, historietas como el Súper Ratón, El Llanero Solitario, mi héroe en aquella época, todo eso era en colores, pequeños libros, pero para mí eran como películas dibujadas, cuando leía y veía esas historietas las veía con el movimiento, y descubrir el cine fue para mi inolvidable. Para mi hermana no lo fue tanto, recuerdo que esa noche no durmió, y tengo la imagen de mi mamá dándole tilo porque se puso nerviosa con los indios y los cadáveres que quedaban después de cada encuentro. A partir de ahí mi papá me llevaba mucho al cine, como dos o tres veces por semana. Recuerdo que en las tardes, después de que yo hacía las tareas, él iba al cine conmigo, al cine Ensueño y al cine Carral, veíamos muchas películas, a él le encantaba el cine. Ésa fue para mí la pasión por el cine como entretenimiento, pero yo no tenía idea ni conciencia de que detrás de todo aquello había directores, para mí solo eran los actores y la acción los que me incitaban a ver películas. Hasta que un día, con doce años, por el año 1958, vimos en el cine Ensueño, El Puente sobre el río Kwai, de David Lean, una película que había ganado el Oscar, una película extraordinaria y muy seria. Recuerdo que cuando salimos del cine sentimos que a los dos nos conmovió, nos gustó muchísimo. Fue la primera vez que tuve conciencia de que detrás de ella había un director, porque mi papá me dijo al salir del cine: “Esta película está muy bien dirigida”. Le pregunté por qué. Él no me supo decir bien, pero yo tomé conciencia de que era alguien detrás de la cámara quien hacía la película. Empecé a preocuparme por cómo se podía construir una película. Ya yo empezaba también a dibujar historietas como la de los comics, como si fueran películas, con títulos de películas, con nombres de actores ficticios en inglés como si fuera una película, y eso fue creciendo en mí hasta que después, ya con catorce o quince años, empecé a leer críticas de cine, ya lo veía con otro interés. Cuando en 1959 se funda el ICAIC ya ese sueño, esa ilusión de estar cerca del cine se hizo una realidad. Ése fue el germen, el punto de partida, de inspiración para seguir por ese camino. De hecho ya dibujaba películas.

 

ELPAÍS: “Con o sin Oscar, ‘Chico y Rita’ ha cambiado mi vida”, por Mauricio Vicent

“Los cubanos tenemos un trauma con la carne, así que déjame pensar…", dice Limara Meneses con una jugosa carta en las manos. "Cuando llegué a España era todo carne, carne, carne; la gente me decía, pero niña, que te vas a enfermar". La cartilla de racionamiento, la crisis, ya se sabe… "Es que en Cuba la vaca es un animal sagrado", bromea. Limara es guajira, que quiere decir de campo. Hasta los 15 años no salió de Ranchuelo, un pueblito de la provincia de Villa Clara, pero tras aterrizar en La Habana estudió actuación en el Instituto Superior de Arte. Uno de sus primeros papeles fue de piña, o mejor dicho, de bailarina de cabaré que actuaba vestida de piña y perdía el paso. "Lo perdía porque tenía miles de problemas materiales en su vida, como todos los cubanos".Limara tiene 24 años y lleva dos viviendo en Madrid. Afirma que tiene "un pacto" con la música, pues todos sus personajes están vinculados a los escenarios y a los ritmos de Cuba. En 2006 hizo de Aída, la esposa de Benny Moré, el cantante popular cubano más grande de todos los tiempos. Él le era infiel, le hacía barbaridades y ella lo perdonaba, nada que ver con Limara que, dice, no es "aguantona". Después de El Benny vino el papel de Rita en la película de animación de Fernando Trueba y Javier Mariscal, candidata al Oscar, una experiencia que la ha marcado y que aún colea. "Tengo la corazonada de que vamos a ganar", cruza los dedos.

 

GENERACIÓNY: “Footing de clase”, por Yoani Sánchez

Amanece en la 5ta Avenida. Los autos circulan veloces y en las matrículas diplomáticas resaltan letras blancas sobre fondo negro. Los árboles del paseo central muestran sus hojas podadas y la antigua embajada soviética parece una Excalibur clavada -sin piedad arquitectónica- en el pecho de La Habana. Todavía no hay calor, pero algunos ya sudan mientras corren por el paseo central. Llevan tenis Adidas, botellas de agua y audífonos blancos. A cielo abierto -pero con su toque de exclusividad- discurre la mayor área deportiva de la ciudad, que comienza justo a la salida del túnel del río Almendares. Pista de carrera para una clase social que ya acumula libras, pero aún prefiere trotar a la intemperie y no sobre la estera rodante de un gimnasio.

 

CUADERNODECUBA: “Una ilusión sin porvenir”, por Alejandro Armengol

Sorprende el afán de los marxistas cubanos por encontrar asideros en un mundo que sobrevive en medio de las ruinas. Habitan un país con un sistema que no llegó a derrumbarse —como ocurrió con el socialismo en Europa Oriental—, pero que lo único que ha logrado es una salvación fragmentada. Alguien con un convencimiento verdadero en la existencia de un porvenir para el socialismo —no viene al caso referirse a los montones de oportunistas— se enfrenta a la paradoja de vivir en una nación cada vez más alejada de este sistema político. Al tiempo que su vida es regida por un gobierno alabado como símbolo de la resistencia anticapitalista, encuentra que mencionar esa resistencia es uno de los pretextos más socorridos para no emprender las transformaciones imprescindibles para salir de la crisis económica y social en que está inmersa la Isla.

 

DATOSCONMOJO: “¿Qué pareja escogen los cubanos que viven en España?”, por Helena Sanabria Mora

Aunque hablar de mercado matrimonial puede generar aversión, en toda sociedad hay una serie de “normas tácitas” que determinan la escogencia de pareja entre hombres y mujeres. Estas normas son a veces más rígidas o más laxas y naturalmente cambian en el tiempo. Una situación particular es la que se presenta cuando una persona migra de una sociedad a otra. Cuando un cubano o cubana llega a un nuevo país de destino como España, ve ampliado el mercado matrimonial al que tiene acceso. Una situación particular es la que se presenta cuando una persona migra de una sociedad a otra. Cuando un cubano o cubana llega a un nuevo país de destino como España, ve ampliado el mercado matrimonial al que tiene acceso. Principalmente, tiene la opción de escoger entre un sin fin de nacionalidades a la persona para formar una pareja y/o una familia. La probabilidad de que escoja a otro cubano(a), a un español(a), a un argentino(a) o a un alemán(a), está determinada por varios factores y es interesante y quizás un tanto morboso investigar a quienes escogen los cubanos(as) para compartir su vida.

 

GENERACIÓNY: “El buen intelectual”, por Yoanis Sánchez

Perdido en la metáfora, el buen intelectual evita acercarse a la realidad por aquello de que lo universal hará más trascendente su obra que lo local. Esconde en algún pasaje simbólico de su guión teatral, en la parábola de un verso o en la figurita apenas visible de la esquina del lienzo, esa dosis de crítica que le permitirá después pavonearse de que él “nunca se calló”. Sabe muy bien de la censura, la simulación y el miedo que corroen su trabajo, pero responde airado a quién se lo recuerda. ¿Y qué quieres, que me vaya a trabajar a la construcción? le espetará a quien critique sus demasiadas concesiones.

 

POLIS: “El cochino”, por Fernando Mires (Sobre Chávez y la “deshumanización verbal del adversario”)

Escuchar y ver al Presidente Chávez insultando del modo más procaz al candidato opositor, y a su séquito aplaudiendo con homicida entusiasmo, son hechos que podrían dar cabida a la idea de que estamos frente a un fenómeno particular, entendible sólo a partir de coordenadas venezolanas. Pero no: el problema es más grave y no tiene que ver sólo con Venezuela

 

HABÁNAME: “Educación Formell”, por Wendy Guerra

Ha pasado por La Habana mi amigo de infancia, hermano de mis padres, el pintor cubano Leandro Soto.
Leandro vive entre Barbados, Miami y la India.
Hemos paseado por la ciudad, me cuenta que sus performance han sido muy bien recibidos por el público cienfueguero y en el Centro Wifredo Lam le han acogido como en casa. Regresará en primavera para presentar su obra más reciente con claros referentes hindúes en una exposición colateral a la próxima Bienal de La Habana. Caminamos por las plazas, almorzamos, cenamos con su esposa Grisel.
Leandro es ahora vegetariano, pero nada más parece haber cambiado, nuestra amistad sigue intacta. En el aire sí que late la ausencia de mi madre, el vacío de Elso, la partida de Irena, su nexo con Ana Mendieta; esa cruda distancia de muchos amigos que no se encuentran ya entre nosotros, por suerte apareció José Manuel Fors y remontamos la tarde con la certeza de que estamos vivos y siempre habrá una segunda oportunidad. Leandro me enseñó a reprogramar el futuro para que lo bueno fluya, concurra positivamente.

 

ELPAÍS: “La tiranía de la memoria”, por Rafael Rojas

¿Por qué un político como Fidel Castro, que gobernó durante medio siglo Cuba y que no siguió gobernándola sólo porque su salud se lo impidió, que tiene a su hermano menor al mando del país y que jamás es cuestionado en la opinión pública de la isla, dedica su retiro a justificar insistentemente su lugar en la historia? En los últimos seis años, Castro ha publicado cuatro libros de memorias y ha agenciado la publicación de alguna biografía favorable. ¿Cuál es la raíz de esa obsesiva administración de un legado político?
Hay algo significativo, por no decir sintomático, en el hecho de que este dictador haya iniciado su carrera política anunciando que la historia lo "absolvería" y que la termine enfrascado en alegatos personales sobre su comportamiento en el pasado. Si no fuera forzar demasiado el paralelo, podría observarse en Fidel Castro el gesto de Luis XVI en la Torre del Temple, narrado por Lamartine en la Historia de los girondinos (1847). El historiador francés destacaba que en su alegato justificativo, antes de ser condenado a muerte por traición a la patria, Luis XVI atribuyó toda la tragedia francesa a la "situación" y al "tiempo" que le tocó vivir.Los cuatro últimos libros de Fidel Castro —Biografía a dos voces (2006), una larga entrevista autobiográfica con Ignacio Ramonet, La ofensiva estratégica (2010), La victoria estratégica (2010) y el más reciente, Guerrillero del tiempo (2012),otra larga entrevista autobiográfica, en dos tomos y más de mil páginas, con la periodista cubana Katiushka Blanco— son narraciones que reiteran pasajes conocidos de la vida del político cubano: la infancia en Birán, los estudios en el jesuita Colegio de Belén, la turbulenta juventud universitaria, el Moncada, México, el Granma, la Sierra Maestra, la entrada en La Habana en enero del 59, Playa Girón, los atentados, los sabotajes y su larga "lucha contra el imperio", frase con la que se despachan de un plumazo los últimos 50 años de la historia de Cuba.

 

PENÚLTIMOSDÍAS: “¿Músicos o zombies?, por Ernesto Hernández Busto

¿Qué pasa con estos músicos cubanos, cuyas declaraciones son cada día más vergonzosas? ¿A qué “círculo de estudio” los han llevado para lavarles el cerebro y convertirlos en zombies, que ante el primer micrófono miamense se ponen a la defensiva y sueltan una sarta de tonterías? ¿Y qué pasa con nuestra tolerancia, que ya somos hasta incapaces de polemizar en serio, política y musicalmente, sobre este asunto? ¿Por qué alguien inteligente como Alfredo Triff, por ejemplo, defiende este bodrio musical hábilmente provisto de etiquetas absurdas?
Yo entiendo que Raúl Paz esté inconforme con el capitalismo que no le dio la oportunidad de triunfar en París, pero eso, evidentemente, no es culpa del capitalismo, sino del escaso talento de Paz, cuya “obra” es una suma de tópicos. A ver, Raulito, con baladitas cheas como esta, entonadas con vocecita ronca y lastimera, no se puede triunfar ni en el peor de los mercados abiertos. Es comprensible la necesidad de volver a la isla con pasaporte francés, pero no la de guataconearle a los “inteligentes funcionarios” de la embajada cubana en Francia con tal de seguir manteniendo un status privilegiado que le permite entrar y salir. Y cantar luego en el teatro que lleva nombre de un pistolero anticastrista (todo hay que decirlo).
Hay que ser honestos y decir que algunos de estos músicos vuelven porque quieren hacer ante un público cautivo la carrera que su talento (o falta de) le negó en el mundo “normal”.

 

ELPAÍS: “Los Cadillac siguen rodando en Cuba”, por Mauricio Vicent

Hace ya 50 años que John F. Kennedy decretó el embargo sobre el comercio con Cuba. Y aunque el “bloqueo yanqui”, según la terminología oficial cubana, sigue en pie, para comprobar su fracaso basta darse una vuelta por La Habana. Si uno aguarda el tiempo suficiente en la esquina de Obispo y Monserrate, donde abre sus puertas el abrevadero de Floridita, verá pasar un completo muestrario de coches anteriores a 1959, viejos Oldsmobile, Plymouth, Mercury, Chevrolet, Ford, Dodge, Cadillac y también algunas Harley-Davidson que en cualquier país del mundo estarían en el garaje de un coleccionista o en un museo, pero que aquí funcionan normalmente y forman parte de la vida y el espíritu de la ciudad. Desde luego, después de décadas de remiendos e inventos circulan renqueantes, aunque no más que la propia revolución.
Desde 1960 no entran piezas de repuesto para ninguno de estos sufridos vehículos, pero da lo mismo. Eso no ha impedido que constituyan parte importante del parque móvil de Cuba, ya que durante casi medio siglo fueron los únicos coches con posibilidad de traspaso entre particulares; los Lada y Moskvitch de la era soviética eran asignados por méritos revolucionarios y sus dueños no podían revenderlos. Pero esa es otra historia, como la del ingenio cubano para sortear todo tipo de dificultades.

 

CAFÉFUERTE: “Retos olímpicos de Cuba: una carga muy pesada”, por Raúl Arce

El derrotero está marcado: los atletas cubanos deberán salvar difíciles obstáculos y soportar pesadas cargas antes de competir, durante el verano, en los Juegos Olímpicos Londres 2012.
Este sábado, el vallista Dayron Robles se enfrentará al chino Liu Xiang en Birmingham, Gran Bretaña, un duelo que reavivará la pugna deportiva entre ambos deportistas, marcada por la final del Campeonato Mundial del pasado año. En 2011 Robles entró primero a la meta, pero fue descalificado más tarde por agarrar una mano de su rival.
Pero el cubano, campeón olímpico y recordista mundial de los 110 metros con obstáculos, declaró recientemente a los periodistas afincados en La Habana que en su entrenamiento se enfrenta a una limitación de recursos. Hace dos semanas, y por primera vez en muchos años sin la compañía de su entrenador, Robles quedó segundo en los 60 metros con vallas en la reunión de Dusseldorf, Alemania, por diferencia de dos centésimas ante el estadounidense Kevin Craddock (7.53).