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ABC: “Me queda la palabra”, por Jesús Ruiz Nestosa.

“Si he sufrido la sed, el hambre,/ todo lo que era mío y resultó ser nada,/ si he segado las sombras en silencio/ me queda la palabra”. Pues esto es lo que canta Paco Ibáñez poniéndole música a un poema de Blas de Otero. Pero lo que es a los cubanos, pasan hambre, pasan sed, perdieron todo lo que era suyo, y ahora resulta que ni siquiera les queda la palabra. Por lo menos, el régimen piensa que es así.
Dentro de su proyecto represivo, en nombre de una revolución que ha fracasado, según lo reconocieron tanto Fidel Castro como su hermano Raúl en un intento de querer explicar las innovaciones introducidas en la economía de la isla, ahora le toca a la prensa. Mauricio Vicent, corresponsal del periódico “El País” y de la cadena SER, en La Habana, fue convocado al Centro Internacional de Prensa (CPI), que depende del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, donde le comunicaron que se le retiraba su credencial de trabajo. Esta es la perla más reciente de la censura que aplica el gobierno revolucionario, pero no la primera, ya que tiene varios antecedentes. Anteriormente, habían sido ya invitados a abandonar la isla Gary Marx (sin consideraciones a su apellido), corresponsal del diario norteamericano “Chicago Tribune”; Stephen Gibas, de la BBC de Londres, y César González-Calero, del periódico mexicano “El Universal”, entre otros.

Por más que digan que controlan férreamente el poder, saben, en el fondo, que la canción de Paco Ibáñez tiene razón: a los ciudadanos, desprovistos de todo, les queda la palabra.

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