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ARTEXPERIENCE: “Vinci y la chapucería”, por Ernesto Menéndez-Conde

¿Cómo recrear la Florencia del siglo XV en la Habana del siglo XXI? Esta es una limitación de no poca importancia a la hora de concebir un filme basado en un episodio juvenil de la vida de Leonardo da Vinci. No hay en la capital cubana muchas locaciones que hagan pensar en los palazzos y plazas renacentistas. Habría posiblemente que resignarse a ver una Florencia sin el Batisterio Octogonal de San Juan, sin el Ponto Vecchio, sin la emblemática cúpula de Bruneleschi y sin la Plaza de la Señoría. ¿Se podría esbozar a la figura del joven Leonardo y a la vez prescindir de dichos escenarios? Tal vez. Queda al menos la posibilidad de evocar el horizonte estético del renacimiento italiano y las creaciones leonardescas. Pero, salvo el vestuario, la película Vinci, del realizador Eduardo del Llano, no ofrece nada más. Los dibujos de Fabelo, realizados con su proverbial destreza técnica, son remedos deficientes de la obra de Leonardo. Es posible que el artista cubano no se propusiera imitar el estilo tan distintivo del célebre artista. Optó, tal vez, por dejar que su propia personalidad saliera a flote sin dejar de aludir al creador italiano. El resultado es un híbrido de pésimo gusto, anacrónico y sin mucho que ver con las concepciones estéticas de Leonardo, incluso cuando éste, al igual que Fabelo, también estuviese interesado en los rasgos grotescos de las figuras. En los créditos finales se muestran los dibujos del artista contemporáneo, con lo cuales no sólo se atenta contra la veracidad de la reconstrucción histórica o cultural del filme; sino que también se banaliza al arte renacentista y a las obras de Leonardo en particular. 

ARTEXPERIENCE: “Vinci y la chapucería”, por Ernesto Menéndez-Conde

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