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CUADERNODECUBA: “El sitio para robar y el lugar para vender”, por Alejandro Armengol

Desde que comenzó la escasez proliferó el mercado negro, cuya fuente fundamental de suministros es el robo. A su vez, la corrupción siempre ha sido —y continúa siendo— el delito por excelencia, a la hora de condenar a un miembro del Gobierno. Aunque se han usado como causar para una destitución especialmente desde que el general Raúl Castro ocupa la presidencia del país, nunca la ineficiencia o el apartarse de la línea oficial han logrado suplantar a la corrupción como el crimen imperfecto del dirigente y funcionario cubano.
Nada de lo anterior niega o justifica la proliferación de corruptos en todas las instancias del gobierno de la isla, sino más bien destaca que éstos son el resultado y no la excepción del sistema.
Por otra parte, y salvo en los casos de delitos más notables, la maquinaria de propaganda siempre ha tratado de establecer un patrón: los robos constituyen un delito en que el pueblo, en primer lugar, es el principal afectado, por encima del Estado, con el objetivo de lograr un mayor rechazo ciudadano hacia los culpables. Esta disyuntiva resultaba secundaria, a la hora de ejemplificar en un modelo caracterizado por la mezcolanza de los conceptos de patria, nación, Estado y ciudadanía, pero primordial en la creación de un estereotipo de víctima caracterizada por el desamparado y la pobreza, como constituye el ciudadano común, y no en otro esquema ―utilizado de forma más o menos de forma consciente por los especuladores y contrabandistas― en que se le quitaba algo a la poderosa maquinaria estatal para repartirlo entre los ciudadanos de a pie, aunque a cambio de un pago excesivo.
Se desconocen —o al menos no son públicos— los datos que permiten establecer en qué medida el mercado negro se ha alimentado de lo que se le quita a la población, a la hora de la venta para el consumo, y no de lo que se sustrae en las etapas anteriores del proceso.
El ejemplo de una heladería cualquiera puede ilustrar esta situación. Se ha hecho énfasis que el robo de helado ocurre en el momento en que el vendedor le quita a cada comprador un poco del producto, para al cabo del día contar con varios galones disponibles para la venta en beneficio propio.

Aunque existen pronunciamientos en contra de la concepción malsana de convertir el Estado en proveedor absoluto, control omnipotente y fuente de beneficios y castigos, en la práctica se avanza muy lentamente en poner fin a esta situación.

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