CUADERNODECUBA: “Entre la moral y la economía”, por Alejandro Armengol
A grandes rasgos, el debate sobre la oposición en Cuba se divide en dos tendencias: los que sostienen que los moderados cambios económicos que ha llevado a cabo el gobierno de Raúl Castro son el principio de una apertura mayor, cuya fecha aún es imposible determinar, por lo que todo se queda en una esperanza, y los que priorizan o exigen cambios políticos profundos ―en el sentido de un avance hacia la democracia―, que no se han producido y nada indica se llevarán a cabo de inmediato.
Hay también un importante sector, que considera que los cambios económicos y políticos deben realizarse de forma simultánea, pero que en definitiva termina situándose del lado de los exigen mayor libertad, o al menos cierta libertad.
Hoy en día, lo que se escucha y lee pueden reducirse a la fórmula del vaso medio lleno de agua: los que ven en cualquier iniciativa hacia la economía de mercado un avance libertario y los que encuentran en una supuesta protesta en un pueblo de la isla el comienzo de una oleada de manifestaciones y actos ―al estilo de lo ocurrido en la llamada ´´Primavera Árabe´´ y antes, durante la caída del Muro de Berlín― que podrán fin al gobierno de los hermanos Castro.
En ambos casos, estoy viendo el vaso más vacio que lleno. Las reformas económicas que ha puesto en marcha el gobierno cubano ―o comienza a poner en marcha― son más importantes de lo que se quiere reconocer en Miami, al tiempo que tanto se ha intensificado la represión como producido un aumento de los actos de oposición, de forma pública y en cualquier rincón del país.