CUADERNODECUBA: “La tenue línea que va del castrismo al anticastrismo”, por Alejandro Armengol
Una parte del exilio en esta ciudad se aferra a la ilusión de que el gobierno cubano puede sucumbir en un futuro cercano, está a las puertas de una crisis alimentaria catastrófica, cada día aumentan las protestas y agoniza presa de su inmovilismo. No es así. El proyecto revolucionario parece agotado, pero los mecanismos de supervivencia continúan intactos.
Refugiarse en los extremos nunca es bueno. La isla atraviesa un etapa difícil y el impulso bajo el cual el mandato de Raúl Castro inició una serie de reformas limitadas ha desaparecido. El desencanto ha sustituido a una ligera esperanza en los cambios que muchos esperaban —con mayor ilusión que fundamentos reales— introduciría el actual mandatario cubano.
Cuba sigue siendo una excepción. Se mantiene como ejemplo de lo que no se termina. Su esencia es la indefinición, que ha mantenido a lo largo de la historia: ese llegar último o primero para no estar nunca a tiempo. No es siquiera la negación de la negación. Es una afirmación a medias. No se cae, no se levanta.