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CUADERNODECUBA: “Parra en La Habana”, por Alejandro Armengol

A finales de la década de los 60 del siglo pasado, alrededor de 1968 o 1969 más exactamente, Nicanor Parra era una especie de pequeño o gran ídolo para los escritores jóvenes cubanos y más de un estudiante universitario hablaba de antipoesía como un recurso más a la hora de conquistar a una muchacha. En cierto sentido la antipoesía tenía un encanto especial para el género femenino, una especie de sexo oral que algunas rechazaban y decían no entender, y que ni les pasaba por la mente tratar de entenderlo en el futuro, y otras más atrevidas decían gustarle. Por lo demás resultaba seguro mencionar a Parra. No era ciento por ciento seguro ideológicamente, pero políticamente sí. Había sido delegado del Congreso Cultural de La Habana en 1968 y el fantasma de Violeta Parra lo acompañaba. Para entonces el gobierno cubano aún continuaba explotando y disfrutando la atracción de los intelectuales. Poco más que eso. Parra era sobre todo un poeta para intelectuales, pero el país siempre permitió cierto elitismo. Por otra parte había demasiadas referencias comunes y vasos comunicantes entre la antipoesía y la poesía coloquial, los poetas nicaragüenses Cardenal y Coronel Urtecho, las fuentes compartidas de Pound, Eliot y William Carlos Williams, y hasta Eliseo Diego a una distancia respetable. Por lo demás, hubo algún que otro imitador nacional de Nicanor Parra, pero nada más.

Ahora Parra acaba de ganar el Cervantes y el nombre de Retamar no se oyó por parte alguna entre las proposiciones. Como una antigua ironía, fue el de Fina García Marruz…

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