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DESDECUBA: “Atropellando la inocencia”, por Ángel Santiesteban Prats

En el periódico oficialista -por supuesto, no permiten que existan otros-, un “periodista” publicó un artículo titulado: “Arrollando la inocencia”, donde, exaltado, se preocupa en destacar algunos juegos de niños que fingían “matar”, donde asegura: “pueden esconderse actitudes irresponsables en el futuro; y aunque el hábito no hace al monje, al menos lo identifica”.
También resalta el articulista que otro grupo de niños echaba sobre unos soldaditos, a los que se entienden como figuras humanas, autos de juguetes guiados a control remoto, y que quien más atropellaba recibía la mayor ovación y gritos de victoria.
Luego, atinado, destaca: “la formación de la personalidad es un proceso de sedimentación de conductas, valores e influencias ¿no podría la “ingenua violencia”, demostrada en el juego, ser un patrón que prevalezca en el futuro? Vale la pena reflexionar”.
Y asegura: “no es un secreto, porque así lo establece la Ley, que es responsabilidad de los padres formar el carácter de sus hijos”.
Al terminar la lectura me pregunté cómo era posible que un periodista en edad madura, según demuestra la foto que acompaña el artículo, pueda atropellar su inocencia, o peor, la de los lectores. ¿Cuántas veces hemos llamado la atención sobre el militarismo y, por ende, sobre la violencia que el Gobierno siembra en los niños? Desde que tuvimos uso de razón nos prepararon física y sicológicamente para matar. ¿Qué intención persigue la sociedad de “Niños Exploradores” que no sea la de dirigirle los primeros pasos en el rigor militar, la vida de supervivencia en situaciones límites? Desde niños formamos parte de los Círculos Militares, nos llevaron a Unidades Militares, nos enseñaron a manejar la técnica militar.
Somos, según la educación recibida, un producto del proceso revolucionario al cual nos debemos, y tenemos que defender con nuestra propia vida.

Porque en definitiva, lo que somos, bueno o malo, se lo debemos a nuestra rebeldía o a Fidel Castro, que impuso las reglas de juego que cada generación debió acatar.

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