DILETANTESINCAUSA: “Pacto siniestro”, por Roberto Madrigal
Todavía se escuchan las resonancias de la visita de Benedicto XVI a La Habana. Mayormente son lamentos que expresan la frustración de quienes esperaban que el Papa hiciera algunas declaraciones que emplazaran públicamente a Raúl Castro con respecto a los derechos humanos en Cuba, o una reunión breve con algún grupo o personalidad disidente. Si bien esto es comprensible y moralmente uno se puede solidarizar con los opinantes, esto no es más que una visión ingenua y quimérica de la visita papal. Quienes tuvieron estas expectativas en realidad esperaban un milagro y la jerarquía ecleciástica no opera milagros.El Papa escogió México y Cuba por razones obvias. El primero es probablemente el país más importante de hispanoamérica y es además un país profundamente católico. El Vaticano está muy interesado en la estabilidad política de la nación mexicana y trata de mantener cohesión entre sus feligreses para mantener su presencia hegemónica entre las religiones cristianas en la región.