ELNUEVOHERALD: “¿A Pablo? ¡Con los brazos abiertos!”, por Ariel Hidalgo.
Nadie tiene por qué arrepentirse ni tener que pedir perdón por defender o haber defendido una causa que creyó o cree justa, por muy equivocado que consideremos que esté. De lo que habría que arrepentirse y pedir perdón es por agredir física o verbalmente a un semejante –y en este caso a un compatriota– por la sola razón de pensar diferente, no importa qué causa esté defendiendo, no importa en qué posición esté del espectro político. Estas pasiones han llevado incluso al fratricidio. Fue tan repugnante el hundimiento del remolcador 13 de Marzo como la voladura del avión de Barbados, tan abominable el crimen contra Wilfredo Soto como el de Luciano Nieves.
Sé que posiciones como ésta, en un mundo polarizado por las pasiones como el cubano, no despiertan muchas simpatías en ciertos círculos, pero es hora de acabar de entender que un verdadero activista de derechos humanos no es de izquierda ni de derecha, sino de lo alto, porque está por arriba de todas las posiciones políticas, ni negro, ni blanco, ni azul, ni rojo, que un verdadero defensor de la libertad no responde a ningún partido, ni gobierno, que no tiene bandera, y si la tuviera… ¡Mi bandera no tiene color!