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ELNUEVOHERALD: “Las damas de la redención”, por Andrés Reynaldo.

El día de la Virgen de las Mercedes, patrona de los presos, las Damas de Blanco no pudieron salir a misa. Como es habitual, una turba organizada por las autoridades y agentes de seguridad les cerró el paso a golpes, empujones y escupitajos. Esta vez, el turno de porristas tocó a los estudiantes universitarios; entre ellos (¡no faltaba más!) alumnos de la Facultad de Derecho. Un amplificador de sonido impregnaba la calle con fragmentos de discursos de Fidel. Difícil encontrar otra escena que ilustre mejor el grado de encanallamiento que la dictadura de los hermanos Castro le ha impuesto a tres generaciones.
En cualquier otro país, la Iglesia Católica y el Vaticano hubieran alzado su vehemente protesta. Pero no en Cuba. El silencio de los obispos de la isla y, en particular, del cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La Habana, raya en la apostasía. Nunca en América Latina una dictadura había conseguido alejar a una Iglesia de su protectora misión de manera tan minuciosamente abyecta. En sus últimas declaraciones, Ortega ha disculpado a las autoridades centrales de cualquier papel en recientes y brutales ataques a la oposición pacífica en las provincias orientales. De paso, advirtió que la Iglesia no apoya ningún intento de cambiar el status quo. Así, nuestra jerarquía católica ha transitado del credo de Jesús al credo de Caifás.

¿La transición? Ya está hecha. La dictadura ha logrado sin tropiezos la sucesión dinástica, con una desembozada tendencia al nepotismo.

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