ELPAÍS: “El Barrio Rojo y los escaparates cubanos”, por Yoani Sánchez
Sonríe pícaramente, habla con la prensa, mira hacia los escaparates donde las mujeres ofrecen sus favores en el conocido Barrio Rojo de Ámsterdam. Mariela Castro viaja por Holanda y dedica unas frases a la prostitución en Cuba y a las drogas que se venden por todo el malecón habanero. Su ropa impecable, la boina ladeada y esa mirada amable, hacen a muchos concluir que la hija -sin dudas- suaviza la imagen adusta de un padre octogenario, general y presidente.
Mientras Raúl Castro se ausentaba de la XXI Cumbre Iberoamericana en Paraguay, la directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) recorría y admiraba la zona más alegre de la capital holandesa. Invitada a un congreso sobre salud sexual, conversó incluso con algunas mujeres que practican el más antiguo oficio del mundo. Terminó afirmando que había quedado impresionada por la manera en que estas féminas logran "dignificar el trabajo que hacen". Hasta aquí pareciera que el atrevimiento y la transparencia calan en la nomenclatura de la isla, al menos a través de sus hijos. Sin embargo, un escenario bien diferente discurre en casa, isla adentro, lejos de los micrófonos de Radio Nederland.