ELPAÍS: “Feroz hacha del destino”, por Juan Cruz
Eliseo Alberto. Fue un hombre de amistad, atrevimiento y poesía. Aunque la biología lo llevaba a saber irremediablemente que la vida caducaba, nunca se acostumbró a la muerte de sus padres, a las muertes; utilizó la poesía (la de Eliseo Diego sobre todo) para entender ese lugar con límites al que vino; se defendió también con la literatura, que fue su alimento y como su espada; y con la amistad. Su libro Esther en alguna parte es una de las cartas más hermosas de amistad que yo he leído nunca, y a muchos les dije que leyeran ese libro, uno de sus últimos, como una carta del mismo Eliseo a todos los que sintieran, como él, que esta es una vida despiadada que sólo resurge si uno cree en otro, si uno lo busca.