ELPAÍS: “Las tres guerras de Obama”, por José Ignacio Torreblanca
Barack Obama recibió de su predecesor, George W. Bush, una herencia bélica envenenada. Aunque distinguiera entre Irak como una guerra "elegida" y Afganistán como una guerra "necesaria", en ambos casos prometió la retirada.
La primera retirada ya ha tenido lugar, y seguramente ha sido mucho más honrosa de lo que Obama jamás pudo imaginar. La retirada de Irak no salva el desastre que fue la invasión ni convalida la pérdida consiguiente de vidas, como tampoco deja detrás una democracia estable, pero permite pasar una difícil página, reducir costes presupuestarios en época de crisis y, sobre todo, permitir a la Administración de Obama centrarse en su verdadero objetivo estratégico: Asia-Pacífico.
La segunda retirada también está en marcha: tiene una fecha militar (2014) y unos plazos políticos que, bien que mal, parecen estar cumpliéndose. Negociar con los talibanes que ampararon a Bin Laden no parece la mejor manera de cerrar el 11-S, pero visto desde Washington, todas las alternativas son peores. Por tanto, aunque plantee muchas dudas, el consentimiento otorgado por Washington a la apertura de una oficina de intereses talibán en Catar significa que Obama descuenta que su salida no será victoriosa sino, en el mejor de los casos, solo honrosa, sin victoria ni derrota (aunque, eso sí, con un legado muy incierto dada la debilidad de Karzai).